El dato de pobreza difundido la semana pasada por el Indec abrió las compuertas de la polémica. Las cifras oficiales muestran una foto singular: el 21% de los hogares argentinos y el 28% de la población -un total de 8,5 millones de personas- sufren el flagelo de no satisfacer sus necesidades básicas. El 6% -casi 2 millones- está en la indigencia.
La cifra representa una sensible baja de la pobreza del 3,4% con respecto al primer semestre del 2025. La sensación en la calle, el deterioro del consumo y la realidad de la billetera abren un enorme interrogante sobre estos números.
Hay en discusión un puñado de temas, como la metodología utilizada, la antigüedad de la estructura de la encuesta -cuáles son los parámetros utilizados- y, sobre todo, el acelerado deterioro social que podría estar ocurriendo este año a partir del incremento de la desocupación.
La situación es compleja y el porvenir dista de ser auspicioso, explica Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
POLEMICA
-¿Le sorprendió el dato de pobreza difundido por el Indec?
-No, sorpresa no fue porque esperábamos un dato a la baja. Lo que sí nosotros tenemos reparos en si la baja es tan fuerte. Hay algunos detalles metodológicos de porqué es tan fuerte la baja.
-¿Cuál es el número que maneja el Observatorio de la Deuda Social de la UCA?
-Nosotros hicimos la encuesta en el tercer trimestre de 2025 y nos está dando un 36,2% de población en situación de pobreza.
-Bastante más elevado que la cifra oficial.
-Sí, bastante más con respecto al 28% que publicó el Gobierno. Si uno quiere comparar los dos números tiene que tener en cuenta algunas cosas. Siempre los valores que nosotros medimos están por arriba. A veces por 3 o 4 puntos. Pero la gráfica es la misma, el comportamiento es el mismo. Después, otro tema es que nosotros hicimos la encuesta en los dos primeros meses del segundo semestre, en julio, agosto y un pedacito de septiembre. La pobreza fue bajando a lo largo del año y los datos del Indec tienen en cuenta el tercer y cuarto trimestre. Nosotros tenemos sólo en cuenta el tercero. Hay un efecto aguinaldo que nosotros tratamos de anular. Esas son las cuestiones generales.
ENCUESTAS
-Algunos especialistas afirman que es probable que en 2026 se haya acelerado el crecimiento de la pobreza y que el último número oficial de 2025 no refleje la realidad actual. ¿Puede ocurrir esto?
-Sí, por supuesto. Yo pienso eso. El otro tema es porqué no nos parece real la baja tan fuerte. Hay que explicar cómo surge este indicador de pobreza por ingreso, que es el más utilizado en América Latina. A través de encuestas se pregunta a la gente sobre los ingresos. Se construye desde ahí el ingreso del hogar, y se compara ese ingreso del hogar con una canasta normativa. Esa canasta se calcula específicamente para la particularidad de ese hogar, teniendo en cuenta la cantidad de miembros, el sexo y las edades. Esa canasta normativa tiene una cierta cantidad de bienes y servicios. Tantos kilos de harina, tantos kilos de azúcar, se pagó tanto de electricidad, gas e impuestos. Esa canasta está hecha con la estructura de gastos de los años 2004 y 2005. ¿Por qué? Se determina a través de una encuesta que no es sistemática y que se llama Encuesta de Gastos de los Hogares. En los gastos de los hogares en los años 2004 y 2005 tenía mucho menos peso, se gastaba menos porcentaje en impuestos y en servicios, que estaban subsidiados. También los remedios estaban controlados. A esto se suma la medicina prepaga y el colegio privado.
-Basada en ese modelo, la encuesta estaría arrojando un resultado disorsionado.
-Claro. En cada mes, el dato real de la pobreza se separa más del indicador. La sensación que uno escucha o vive es que cuando termino de pagar todos los gastos fijos, me queda cada vez menos dinero para los gastos de rutina. Los servicios ahora tienen más peso.
-¿Esta es la encuesta que se iba a cambiar para medir inflación y no se cambió, durante la gestión de Marco Lavagna en el Indec?
-Sí. Ese fue un poco el conflicto que se generó porque se quería cambiar por los datos de una encuesta de los años 2017 y 2018. Pero ahora está mucho peor la situación porque se desreguló la economía y se recortaron los subsidios. Con esa encuesta estaríamos un poco más cerca de la foto real. Eso generaría un aumento, calculamos nosotros, de un 5% más en puntos porcentuales del indicador de pobreza.
-¿Cómo se realizan las encuestas? ¿En la calle, por teléfono, vía correo electrónico?
-Las encuestas, tanto la del Indec como la nuestra, son de hogares. Es decir, hay un listado de viviendas, llamado marco muestral. El muestrista identifica al azar y con una serie de procedimientos estadísticos a qué viviendas hay que ir. Ahí se reproduce en chiquito todo lo que es la estructura del área cubierta. Es el área urbana, que nosotros tomamos en ciudades de 80.000 habitantes o más, o si es la del Indec que hace de 100.000 o más, o la que hace el total del área urbana. Eligen al azar. Hay personas que se dedican especialmente a eso. Así es que uno encuentra desocupados, trabajadores en negro, personas que sino en una encuesta en un establecimiento no los podría identificar.

LOS PLANES
-Suele afirmarse que el Gobierno evitó la convulsión social ante el severo ajuste del gasto a partir de atender la base de la pirámide mediante el aumento de la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar. ¿Fue así?
-Eso es correcto. Contrariamente a lo que muchos pensaban, no sólo el Gobierno no quitó los programas sociales de transferencia sino que los aumentó por arriba del Indice de Precios al Consumidor y muchas veces por encima de la canasta. Es por eso que la indigencia está relativamente baja, en menos del 6% de la población. Fue una política pro pobre, aumentando los ingresos de los sectores más necesitados vía transferencias. Al mismo tiempo tuvo una estrategia de desarticular el sistema de los circuitos de las transferencias del Estado, los hizo más directamente a las personas y evitando pasar por las organizaciones de base. Por eso se mantuvo el nivel de indigencia relativamente bajo.
-También se cuestiona en la metodología la relectura de los ingresos por jubilación, además de haber sobredimensionado el ingreso de quienes tienen trabajos no registrados.
-Ahí hay un tema clave. Lo que se hizo hace un año y medio es modificar el cuestionario de la Encuesta Permanente de Hogares. Se agregaron preguntas que le hacen pensar a la persona si tuvo algún otro tipo de ingreso. Los cuestionarios como el de la EPH, que es muy sofisticado, preguntan por diferentes tipos de ingresos. Es una cantidad importante de preguntas apuntando a los ingresos. Son entre 15 y 20. ¿Usted tuvo ingresos asalariados? Dentro de los asalariados, ¿tuvo horas extras? ¿Tuvo alguna bonificación? Si se le pregunta: ¿Usted tuvo algún ingreso por un trabajo informal que hizo en su casa como por ejemplo preparar una torta o comida y vendérsela a un vecino? Esa pregunta le hace recordar a la persona que hizo una changuita en la casa. Si no se le hace la pregunta, no se dispara el recuerdo.
-¿Eso cambia la condición laboral de la persona?
-Eso cambia un poco lo que es el ingreso y puede cambiar en alguna instancia, según como se pregunte, la condición de la persona.
-En el primer gobierno de Carlos Menem, allá lejos y hace tiempo, se hizo el censo poblacional de 1991. La desocupación estaba en aumento. Se cuestionó el manejo del cuestionario ya que si una persona había recibido dinero por cortarle el pasto al vecino una vez en la semana, ya era considerado ocupado. ¿Vamos por ahí?
-Es muy conocido el hecho porque ahí se rompió una serie de la tasa de actividad y trabajo, a partir del censo. A veces uno tiene que cambiar la forma de preguntar porque hay que tomar nuevos hechos que están apareciendo en la sociedad. Estas preguntas en la década del ‘60 y ‘70 no eran tan trascendentes porque no había tanto subempleo, empleo de baja calidad o changas. La gente en general trabajaba en relación de dependencia y en establecimientos registrados y haciendo trabajos de calidad. Cuando aparecen los nuevos hechos hay que modificar los instrumentos de captación de datos, los cuestionarios, para poder registrarlos. Lo que pasa es que si uno no hace una doble registración en algún momento, con la versión anterior y con la nueva, pierde la comparabilidad de la serie. Eso suele pasar en la estadística. Los cambios tendrían que ser controlados para que uno pueda hacer un coeficiente de empalme para las dos series. La lógica es similar a la del censo del ‘91.
LA REGION
-Tomando el 28% de pobreza como una verdad, ¿cómo nos ubica este dato en la región?
-Lo de las comparaciones a nivel internacional es complicado y no es algo tan directo. Va a haber países que den menos del 28% y que uno sabe que están peor que la Argentina. Cada país tiene su canasta y otra composición alimenticia. En Centroamérica o Brasil el pan no tiene tanta incidencia, pero la cantidad de frijoles negros que consumen ellos ni figura en la dieta del argentino. Tiene que ver con la canasta, con la capacidad de compra de los países. También con cómo está midiendo cada país. Las comparaciones, aunque a veces se hacen, hasta lo hace el Banco Mundial o se hace con el índice Big Mac, no son del todo correctas. Pero lo que hay que decir es que si uno toma un período de tiempo generoso, muchos países de la región tuvieron una tendencia diferente a la nuestra. Han salido de la pobreza una gran parte de la población y ha mejorado en promedio, tal el caso de Brasil, Chile, Perú o Paraguay. Lo preocupante de Argentina es que era un país que estaba muy bien, hasta la década del ‘70 y ‘80, y empezó a decaer. Lo preocupante es la tendencia diferente con respecto a otros países de América Latina que han aprovechado muy bien todo lo que fueron los términos de intercambio favorables en la primera parte de la década del 2000, cuando aumentó mucho la soja, el cobre y demás.
-¿Qué pasó con Argentina?
-Nosotros en un primer momento lo supimos aprovechar pero luego lamentablemente no se pudo manejar bien la situación a partir del 2008 y 2009.
-¿Cuál es la tendencia en nuestro país?
-Tuvimos una tendencia de mejora hasta el 2009 y después nos estacionamos en un piso de 25% de población en situación de pobreza. Ahí viene todo el tiempo de la malversación de datos del Indec, entre 2007 y 2015. Pero en realidad nunca pudimos bajar de 1 de cada 4 habitantes en situación de pobreza. En la coyuntura pienso que va a aumentar la pobreza. Aunque se siga midiendo de esta forma, éste 28% va a aumentar porque lo que va a empezar a pegar son los golpes en el mercado de trabajo. Ya la encuesta del Indec, y también la nuestra, da un aumento de la desocupación. Todavía no es muy elevado por el hecho de que las personas pierden el puesto de trabajo y tratan de generar algún tipo de ingreso. A veces se enganchan a trabajar en las plataformas para transportar personas en auto, o para repartir pedidos en moto o bicicleta. Por eso tenemos tasas de desocupación relativamente bajas, aunque subieron. Ahora sí, en 2026, se va a sentir el aumento. El próximo dato saldrá después de mitad de año, tal vez en septiembre.
-¿Qué tiene que ocurrir para que se revierta esta situación?
-Para que mejoren estos indicadores de la calidad de vida de la población, como el de pobreza, tiene que mejorar el mercado de trabajo. En las últimas décadas nadie le encontró el agujero al mate en este tema. No logramos tener políticas de Estado que apunten a aumentar la producción y el trabajo, y que sean consensuadas con estos actores. Tiene que mejorar la estructura productiva, que es lo que no logramos. Hacen falta políticas de Estado que sean sustentables, sostenidas en el tiempo, que no cambien según el color político, si son de centroizquierda o centroderecha.
-Para el Gobierno esta concepción del Estado como diseñador de políticas ha quedado de lado. En su ideal, el mercado debe marcar el rumbo.
-Si el mercado elige algo correcto, sí. Sino estamos un poco expuestos a los vientos que nos vengan. Específicamente en eso, no creo que una modificación en una política de empleo, como la Reforma Laboral, vaya a generar un cambio muy rotundo. Puede ser para casos puntuales. Ningún empleador va a tomar personal, aunque vaya a trabajar gratis si no tiene en vista aumentar la producción. Tampoco se puede acusar al empleador, que hace su análisis, saca conclusiones y defiende lo suyo.