Cultura

La perdurabilidad sensible

Adiós a Hemilce Saforcada. Exponen Marcia Schvartz, Mario Molina, Edgar Murillo y Fabián Attila.

POR ALBINO DIEGUEZ VIDELA Murió en su ley -mientras exponía- Hemilce Saforcada, una espléndida grabadora y pintora. Se extinguió el 4 de este mes cuando la muestra de sus grabados y dibujos conformaba una antológica trilogía sobre el erotismo junto a obras de Rebeca Guitelzon y Mariette Lydis en el Museo Sívori. Este conjunto es uno de los de estética más coherentemente relacionada que ha presentado este año la entidad que dirige Isabel Larrañaga, y testimonia el genio de tres mujeres entregadas tozudamente al ejercicio de un lenguaje absolutamente personal y por ese motivo casi inmediatamente identificable. Saforcada, Guitelzon y Lydis tienen asimismo en común su dominio del dibujo y el grabado, lo que les permitió en casos resumir en una sola línea la complejidad delcuerpo. En un momento en que precisamente se ha comenzado a reivindicar la labor de Lydis en la campo de la gráfica, llega esta muestra que trae esas soberbias zincografías de Guitelzon, creadas para sus carpetas Eróticas, y las fínisimas puntas secas y grafitos de Saforcada, quien estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes en la época en que su director era Alfredo Guido. Luego la Bella Hemilce, como se la llamó por motivos obvios, tuvo una brillante carrera internacional y ganó desde fines de los años 30, practicamente todos los premios en los salones nacionales y sus obras llegaron a museos argentinos, de los Estados Unidos y Europa. Cuando una exposición recordaba sus méritos, ha muerto en Buenos Aires -la ciudad en la que había nacido el 24 de julio de 1912-, Hemilce Saforcada, esposa del maestro Rodolfo Castagna y madre del pintor y arquitecto Rodolfo E. Castagna. La muestra "Erotismo. Mujeres por tres mujeres miradas", con obras de Rebeca Guitelzon, Mariette Lydis y Hemilce Saforcada, puede verse hasta hoy en el Museo "Eduardo Sívori", avenida Infanta Isabel 555, de 10 a 20. EL ALMA DE MARCIA La muestra de Marcia Schvartz, "El alma que pinta" -título intencionado que muy probablemente vaya un recuerdo de la vieja revista "El alma que canta" dedicada a reproducir letras de tango y de otros ritmos populares de nuestro país-, otra vez da cuenta de la independencia de esta extraordinaria dibujante, pintora y ceramista Schvartz (Buenos Aires, 1955) abandonó los estudios académicos de la escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, pero llegó a ser docente durante varios años en el Centro Cultural Rojas, mientras frecuentaba los talleres de Aída Carballo, Jorge Demirjian y Luis Felipe Noé. Con este bagaje de técnica y de estilos asimilados, construyó su propia expresividad -y fama- a través de unos famosos retratos -sigue siendo inolvibable hasta hoy el de Batato Barea-, período que luego tiró enérgicamente por la borda. Por entonces se pensó que iba por el camino equivocado, mientras ella intensificaba el sesgo "kitsch". Pero no fue así. La pintora se hizo fuerte a través de una serie de paisajes del Tigre pintados como al descuido, con dejo primitivista. También pintó su interpretación del paisaje del norte, hasta con adiciones de madera de cardón. Y así siguió insistiendo en lo que verdaderamente creía (como siempre), y vino el descubrimiento de la cerámica y de las flores y frutos que dio forma a través de una técnica -salvo pocas expresiones- poco menos que desprestigiada en nuestra medio. Y vinieron los esgrafiados, como testimonios de fantasmas entrevistos, y ahora llega este conjunto de dibujos, presidido por uno que detalla a Schvartz como una suerte de Ida Rubinstein (la legendaria bailarina de inicios del siglo XX) autóctona, o como mujer en éxtasis de cualquier parte del mundo. En Agalma, Libertad 1389, de lunes a viernes de 11 a 20, s"sbados de 11 a 13.30. OTRO POP DE MOLINA Mariano Molina (Buenos Aires, 1968) ha llamado a su muestra "Movimiento pop", como para sincerarse y no pasar como uno de los tantos inventores de la pólvora. El evoca -seguramente porque se le da la gana- al Warhol de "Mustard Race Riot (1963) o al Gerhard Rich