El Congreso es el laboratorio político en el que se ve con mayor nitidez la relación de fuerzas entre el gobierno y una oposición dispersa, heterogénea y desorientada. En el actual contexto los proyectos que el presidente Javier Milei consigue sacar adelante son los surgidos de la pluma de Luis Caputo y aprobados con frecuencia por mayorías amplias. Aquellos que, en cambio, llevan la firma de Federico Sturzenegger y apuntan a desmontar prebendas y opacidades del mercado, se traban o son podados sin piedad, porque afectan intereses económicos blindados por la política.
Esa regla es clara y se cumple inexorablemente desde hace más de dos años, pero los medios siembran confusión sobre el funcionamiento del Congreso. Son frecuentes títulos catastróficos y versiones sobre derrotas inminentes del oficialismo que no se cumplen. Más aún, que generalmente terminan en lo contrario: triunfos aplastantes.
El martes pasado un centenario matutino que no es La Prensa anunció con gran despliegue la formación de una coalición opositora en Diputados liderada por el kirchnerismo que estaba a muy pocas bancas -siete- de conseguir quorum propio e imponer el tratamiento y la aprobación de proyectos sobre los deudores morosos y los subsidios por discapacidad. También que intentaría cambiar la agenda de la sesión del día siguiente para imponer su reclamo.
Al día siguiente ocurrió lo contrario. El intento de cambiar el temario fracasó por mucho y el cuerpo terminó dando sanción al proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA y a la denominada ley de “Inocencia Fiscal II” por 42 votos de diferencia a favor del gobierno.
Primera conclusión: la oposición legislativa es anémica. Segunda: la única oposición que todavía combate es la de la mayoría de los medios frente a los que Milei se planta a puro insulto. Ya no polemiza ni con Cristina Kirchner, ni Kicillof, ni Massa. Los ignora. La disputa es por la agenda pública y tiene claramente identificados a sus adversarios y aliados (ver “El amigo americano” en “Visto y Oído”).
Por otra parte, su éxito en el Congreso fue más político que legislativo. Ninguno de los proyectos tiene impacto hoy en el plan antiinflacionario. La reforma del Central es más la expresión de un objetivo que un hecho inconmovible que quedará grabado en bronce para las futuras generaciones. De convertirse en ley estará a tiro de cualquier gobierno peronista que volverá al viejo recurso de la emisión para financiar un gasto público y el consiguiente envilecimiento del peso con solo cambiar la norma que acaba de pasar a la Cámara alta.
A lo que hay que agregar que la mayoría de dos tercios incluida en el nuevo texto para remover al presidente de la institución constituye otro espejismo. Puede ser modificada por otra normativa que permita hacerlo con mayoría relativa. A lo que puede añadirse que el actual presidente del banco -que aplica una política de restricción monetaria sin antecedentes- carece de acuerdo del Senado, fue nombrado en comisión y seguramente no permanecerá en el cargo más allá del tiempo que ocupe el suyo Luis Caputo.
En cuanto a la Inocencia Fiscal II, se trata de un blanqueo extra para que sean exteriorizados activos que podrían ir a parar al consumo o la inversión. En suma, una expresión de deseos sobre el potencial efecto activador de los populares “canutos”.
El saldo práctico de la jornada del miércoles en Diputados se limitó, entonces, a una muestra de gobernabilidad en medio de las presiones de la oposición para romper el superávit fiscal con aumentos del gasto público. A menos de 24 horas de la votación ganada por el gobierno algunos medios ya habían comenzado a difundir un nuevo alzamiento opositor en Diputados, pero su suerte depende de las negociaciones que el oficialismo lleve adelante con los gobernadores “dialoguistas”.
Esa gestión entró en una nueva etapa con la llegada de Diego Santilli a la jefatura de gabinete, y el acortamiento de los plazos electorales. Su éxito o fracaso no se medirá por los proyectos que intente aprobar la oposición parlamentaria en contra de la voluntad de Milei, sino por una sola cuestión: el futuro de la reforma electoral.
De la suerte de las PASO -de su suspensión o eliminación- depende en apreciable medida el proyecto reeleccionista de Milei. La presidenta del bloque de LLA del Senado, Patricia Bullrich, anunció su pronto descongelamiento que depende de la voluntad de los aliados peronistas y provinciales. También de la interna kirchnerista que sigue trabada porque Cristina Kirchner rechaza la candidatura de Axel Kicillof. La difusión por los medios de que su candidato podría ser Sergio Massa es la señal más elocuente de la postración opositora.