Cultura
‘HIJOS DE LOS HOMBRES’, DE P.D. JAMES, RESUENA CON PAVOROSA ACTUALIDAD

La novela del mundo sin niños

El libro, publicado en 1992, desarrolla lo que en su momento sólo pareció una exagerada distopía. Su trama contiene evidentes motivos cristianos.

Hoy resulta habitual encontrarse en medios y redes sociales con tardías y bastante hipócritas expresiones de alarma frente al temible derrumbe de la natalidad que aflige a buena parte del mundo. No era así hace más de tres décadas, cuando la escritora británica PD James publicó Hijos de los hombres , la novela que anticipó, con las exageraciones propias de la ficción, un panorama muy similar al que ya conocen numerosos países europeos y americanos .

Aparecido en 1992, el libro es el único en el que James abandonó el género policial que la hizo famosa en todo el planeta. Ese quiebre la condujo a crear una historia distópica, que en su tiempo pudo leerse dentro de las coordenadas de la ficción científica (eso fue lo que hizo en gran medida la adaptación cinematográfica dirigida en 2006 por el mexicano Alfonso Cuarón).

Hoy, en cambio, sus páginas se estremecen como si pertenecieran a la más realista de las crónicas .

SIN PARTOS

La trama, proyectada hacia lo que entonces era el futuro cercano, transcurrirá a lo largo del año 2021 en Inglaterra. Por razones desconocidas desde 1995 ya no nacen humanos. Esa última generación ha recibido el significativo nombre de “Omega”, que también es el título de la primera de las dos partes de la novela.

El libro se inicia en enero de 2021 con las anotaciones del diario personal del protagonista, el británico Theodore Faron, “Theo”, de 50 años, profesor de historia especializado en el período victoriano . El diario de Faron es una de las dos líneas narrativas de la novela; la otra la aporta un narrador omnisciente en tercera persona.

El fin de los nacimientos ha provocado un cataclismo social. La certeza de que la humanidad se encamina a su desaparición sumió a la mayoría en la desesperanza y el nihilismo . Frente al caos y la falta de rumbo, en Inglaterra se ha impuesto una dictadura encabezada por el “Guardián”.

Este autócrata en apariencia civilizado fue elegido por voto popular 15 años antes, en 2006. Desde entonces no ha vuelto a llamar a elecciones. Su régimen garantiza “protección, comodidad, placer”. Llegó con la promesa inicial de facilitar la libertad frente al miedo, la necesidad y el aburrimiento. Y los aceptaron. Ahora la premisa es mantener el orden y asegurar de que el género humano muera con dignidad .

LA PESADILLA

En ese mundo sin niños, las mujeres pasean muñecas en cochecitos de bebé. Desaparecieron las jugueterías y las plazas con juegos. Pese a la imposibilidad de reproducirse, o tal vez por eso mismo, el deseo sexual se ha extinguido. El gobierno inglés pretende incentivarlo, sin éxito, con pornografía estatal. Se practican insistentes exámenes de fertilidad en hombres y mujeres que sirven también como mecanismos de eugenesia preventiva .

Para aliviar cargas el “Guardián” estableció la importación de trabajadores temporarios del exterior sometidos a un régimen que bordea la esclavitud. También promueve el “suicidio voluntario” de los ancianos en macabras ceremonias celebradas en las costas. Los delincuentes violentos son confinados en una colonia penal en la Isla de Man, de la que ya no salen.

El gobierno invita a la población a congregarse en las ciudades porque solo allí podrá garantizarles servicios públicos y recursos. Por su cuenta la gente escapa de los bosques y de las pequeñas aldeas. Se dice que pronto los últimos jóvenes heredarán “un mundo de mesetas despobladas, torrentes no contaminados, florestas y montes desbordados y estuarios desérticos”.

EL DIARIO

Divorciado y solitario, Theodore perdió a su única hija en un horrible accidente cuando era apenas una niñita. Es primo del “Guardián”, y años atrás integró el Consejo Asesor que reemplaza las tareas del antiguo Parlamento inglés.

En su diario Theodore entremezcla la aciaga realidad de una civilización que agoniza con recuerdos de la vida familiar pasada, de sus padres, su infancia y su breve experiencia como padre y esposo. Hay una pátina de nostalgia muy humana que en algún momento un personaje asimila, en modo de ironía metaliteraria, con el tono de Retorno a Brideshead, el clásico de Evelyn Waugh.

Theodore lleva una vida cómoda y algo melancólica hasta que se cruza, en un ceremonia que guarda algún resabio religioso, con un minúsculo grupo de cinco disidentes que reclaman cambios en la dictadura.

Estos disconformes se reúnen en iglesias porque “están disponibles, están abiertas, son gratis y por lo general están vacías”. Inglaterra ha abandonado ya el “arcaico rito de la adoración religiosa”. Ahora en las iglesias se bautizan mascotas. Los anglicanos están liderados por una racionalista “arzobispa de Canterbury” (como ocurre hoy en el mundo real). La ciencia occidental, apunta Theodore, “ha sido nuestro dios”.

Hacia la mitad de la novela los opositores le piden que traslade sus quejas ante su primo gobernante. Theodore acepta la tarea con desconfianza. En Londres el “Guardán” escucha las protestas y las descarta sin más.

EN ACCION

En la segunda parte, titulada “Alfa”, Hijos de los hombres pasa de la distopía al suspenso y la acción.

Los disidentes, autodenominados “Cinco peces”, se lanzan a sabotear al régimen pero su arma secreta es otra. Milagrosamente, una de sus integrantes, llamada Julian, contracción de Julie y Ann, está embarazada. En su vientre carga la prueba de que es posible la continuidad de la vida humana sobre la Tierra.

Como hace 2000 años, otra vez un nacimiento que cambiará la historia se ve amenazado por los poderosos del mundo . La madre y su pequeño círculo de acompañantes se ven obligados a esconderse, escapando del tirano de turno. Movido por una forma de amor hasta entonces desconocida para él, también Theodore estará entre ellos.

La venerable Phyllis Dorothy James (1920-2014), maestra del policial refinado, escribió esta novela bajo una evidente inspiración cristiana , algo que no se nota con la misma claridad en la versión cinematográfica, que acentúa mucho más el carácter de pesadilla distópica totalitaria.

En el libro, sin embargo, es algo que está presente de la primera a la última página. Lo indican, entre otras cosas, los nombres de los personajes (Teodoro, Julia Ana, Lucas, Miriam, que es partera), la recreación de un orden despótico a la espera de ser redimido por un niño indefenso, el parto en un entorno humildísimo, a escondidas de los poderes impíos.

MUJER DE FE

Julian acepta con serena resignación su enigmático destino de madre porque, pese a todo, es una mujer de fe. Cuenta para ello con el acompañamiento de Lucas, a quien se presenta como un sacerdote de la línea tradicional de una iglesia anglicana que ya no tiene doctrina ni liturgias comunes, y que “estaba tan fragmentada que no había forma de saber en qué creían algunas de sus sectas” .

Theodore, en cambio, encarna al hombre mundano y escéptico, digno vástago de su tiempo y de una familia menguada, que temprano descubrió que “hay formas de evitar, sin culpa, los compromisos del amor” .

En ello se asemeja a su primo Xan Lyppiatt, el tirano. "Ya en la niñez -afirma Theodore- él no podía tolerar preguntas, curiosidad, interferencia en su vida. Yo simpatizaba con eso; éramos bastante parecidos. Si hubiera tiempo suficiente o si tuviera algún sentido, sería interesante remontarnos a nuestros antepasados ​​comunes para descubrir las raíces de esta autosuficiencia obsesiva . Percibo ahora que esa fue una de las razones del fracaso de mi matrimonio. Probablemente sea el motivo de por qué Xan nunca se casó".

La autora no explica nunca las causas del catastrófico fin de la natalidad. Es el gran misterio de la novela. Pero párrafos como el anterior siembran pistas acerca de por qué aquella humanidad imaginaria se habría encaminado a la desaparición. También esos párrafos pueden leerse hoy como un reflejo de la más pavorosa actualidad .