Las cifras del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) muestran una situación que en mucho contrasta con los números del progreso de la economía nacional. De alguna forma en la Argentina sigue dándose la relación crecimiento-desigualdad, con el ingrediente inflacionario que carcome los ingresos de todos, aunque impactando con mayor fuerza en la franja menos beneficiada de la sociedad.
La licenciada Ianina Tuñón, coordinadora y una de las especialistas en infancia que elaboró el informe de la UCA, no deja dudas a la hora de las explicaciones: crecimiento macroeconómico no es sinónimo de inclusión social.
-¿Cuál es la razón por la cual se llega a porcentajes de riesgo alimentario severo del 8,1% en la infancia?
-El riesgo severo es una medida perceptual. En general todas las medidas de inseguridad alimentaria apelan a las percepciones que tienen los hogares. En este caso se utilizó un indicador que mide la experiencia de hambre frecuente que tienen los hogares con niños, y en este caso llegamos a un 8% en los últimos tres años.
Desde el 2007 a esta parte se estabilizó en esa cifra. Se trata de los niños que frecuentemente en el año han experimentado hambre por no tener qué comer. Luego hay un nivel de déficit moderado, que es el que se disparó entre el 2008 y 2009, que son aquellos hogares que algunas veces en el año no tienen qué comer y experimentan hambre.
-¿En cuánto influyó la inflación para llegar a estas cifras?
-Esas son inferencias, pero en general el estudio no pregunta acerca de las razones de porqué no tuvieron acceso a la comida y el indicador utilizado tampoco lo marca.
-¿Cuáles son las condiciones laborales de los padres de familia?
-En general son personas que están desocupados o que hacen changas. En el 25% más pobre estos números son más altos.
-¿En qué porcentaje puede cambiar este panorama la Asignación Universal por Hijo?
-De acuerdo a lo que estamos midiendo en este momento, estimamos que este 8,1% de riesgo alimentario severo del 2009 se reducirá a un 4,5%.
-¿Estos números hablan de la eficiencia del plan?
-No, porque lo que sucede es que el 50% de ese ingreso universal ya se lo llevó la inflación. No va a alcanzar para poder eliminar la pobreza extrema que implica este 8% de riesgo alimentario.
SUMERGIDOS
-¿A nivel infancia se reproduce el nucleo duro de pobreza que mostró el informe de la Deuda Social lanzado a nivel general?
-Exactamente. Estamos hablando de una población sumergida en la pobreza extrema que no logró insertarse en el mundo del empleo, del trabajo.
-¿Cuáles son las alternativas que encuentran las familias para paliar el déficit alimentario?
-Lo que se observó entre el 2008 y 2009 es que aumentó la proporción de niños que reciben comida gratuita, ya sea en comedores escolares o lugares semejantes. Lo cual coincide con este incremento del déficit moderado en la inseguridad alimentaria. Entre los niños más chiquitos, de 0 a 4 años, se incrementó la asistencia a comedores de un 3% en el 2008 a un 6,8%. Se duplicó. En el 25% más pobre se pasa de un 2% a un 11% de asistencia a comedores, y en el estrato siguiente de un 3% a un 9%.
-¿Existe una relación contradictoria entre estos números sociales y los que se muestran en el progreso de la economía?
-Sucede que esos progresos no llegaron a una determinada franja de la sociedad. Pero no es que no llegaron ahora, no llegaron durante todo este período. Por eso se produce esta pobreza estructural que no se reduce.
-¿Hay crecimiento con desigualdad?
-Lo que está mostrando esta evolución es que el crecimiento económico no produce un achicamiento de las brechas de desigualdad social. Con lo cual habría que pensar en políticas específicas de achicamiento y distribución.
-¿De qué se trata el cambio estructural que reclaman?
-Hay diversas dimensiones del desarrollo humano de la infancia que no se han modificado pese al crecimiento económico. Tal vez no sean las de las condiciones materiales básicas de vida, sino aquellas más vinculadas a los procesos de crianza, socialización y educación de los niños. En esas dimensiones no ha habido cambios, lo cual lleva a pensar que por más que mejoren las condiciones socioeconómicas, si no se construye una estructura de oportunidades más integral para los que menos tienen, solamente vamos a impactar en el sostenimiento de la vida, en la capacidad de poder alimentar. La supervivencia no garantiza un futuro con una infancia que pueda producir movilidad social.
-¿Por qué, según el informe, se produce este estancamiento en el ámbito educativo? ¿Son sólo razones de índole económica?
-No hay cambios en el déficit educativo. Evidentemente no depende sólo de cuestiones económicas. Así como en todos los indicadores de subsistencia se vieron progresos importantes y apenas hubo una crisis esos indicadores se repliegan, en particular en la infancia lo que se observa es que los avances en la macroeconomía no impactan necesariamente en el resto del modo de vida de los niños. Básicamente porque muchos de los indicadores de crianza, socialización y educación dependen de los hogares, de las familias, y estas familias pueden modificar esas estructuras en la medida en que haya un Estado y una sociedad que propongan formas más amplias de oportunidades para sus hijos. Hoy por hoy podemos tener adolescentes con más capital educativo que sus padres, pero no significa que van a poder salir de la pobreza.