El término populismo deriva del latín populus, que significa "el pueblo", pero en su sentido más amplio, el populismo es una ideología o movimiento político que «considera que la sociedad está, en última instancia, dividida en dos grupos homogéneos y antagónicos: el pueblo puro frente a la élite corrupta, y que sostiene que la política debe ser una expresión de la voluntad general del pueblo".
El objetivo es entonces hablar en nombre del pueblo.
Autocracia deriva del griego autokrateia, un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura (a veces divinizada).
Cuando hablamos de populismo, es importante entender, que es un fenómeno que aglomera cualquier ideología, es decir, podemos encontrar un populista de izquierda o derecha, o movimientos verdes europeos radicalizados.
Cuando se combina autoritarismo y populismo, se obtiene un estilo único de hacer política, llamado “Populismo autoritario o autocrático” En su modus operandi, el líder autocrático, es un líder unidireccional, que concentra todo el poder en su figura. Su estilo de liderazgo es vertical a ultranza, la frase que los identifica es, “hace lo que yo digo”.
Suelen ser personas carismáticas, y apasionadas, que se presentan como salvadores de una causa, lo cual les ayuda a consolidar su poder.
Estos lideres, en forma similar a los dictadores, conectan con un electorado frustrado, en la que sus necesidades no han sido escuchadas, con problemas crónicos, tales como la corrupción, la inmigración, la inflación, la inseguridad, etc….
Son líderes auténticos, representan a la gente común, se presentan como outsiders, que desafían el establishment y a las elites corruptas.
Su discurso está fuertemente ideologizado, sin filtros, su lenguaje está lleno de agravios, es confrontativo, no empático, llegando muchas veces a ser soez. El discurso esta cargado de violencia, no solo simbólica, pero a la vez apela a la emoción, más que a la razón.
No permiten cuestionamientos a su autoridad, son dueños de la verdad, y sancionan rápidamente toda forma de oposición, sobre todo la prensa, que es su principal enemigo. Por ejemplo, la relación del presidente Milei, con la prensa, está marcada por la confrontación directa.
Los líderes populistas, se hacen mas fuetes a medida que polarizan la sociedad. Recurren a un discurso de odio para demonizar instituciones, empresarios, la prensa, la justicia.
El secreto, hoy en día, es tener una fuerte presencia en redes sociales, como herramienta clave para:
* establecer un contacto directo y fluido con sus seguidores.
* marcar la batalla cultural ya instalada, usando las redes para disciplinar, y usarla muchas veces como arma de choque para los que piensan distinto.
Si no hay fortaleza de las instituciones, motor del verdadero crecimiento de un país, no hay contrapesos, por lo tanto, la democracia se debilita.
A largo plazo, este estilo de liderazgo, caracterizado por la falta de autonomía termina anulando, la creatividad, la innovación, y lo peor, la inexorable aparición del miedo y el desconcierto.
El estilo de liderazgo vertical, no genera un grupo de trabajo armónico Esto explica la alta tasa de recambio dentro de sus colaboradores.
¿Por qué algunas personas, o una sociedad prefieren un líder autocrático? Porque sienten que este tipo de líder es más eficiente y que toma las decisiones de forma rápida y eficaz. Es el caso de Bukele.
¿Cuáles son las principales desventajas de tener un líder autocrático? Los lideres populistas autocráticos funcionan bien en el corto plazo. Su falta de autocrítica, hace que tome decisiones equivocadas sin tener en cuenta la opinión de los demás, creando un ambiente de tensión y conflicto entre las personas que trabajan bajo su mando. Muchas veces el líder autoritario, se va desconectando de la realidad, aislándose en su paranoia, y convirtiéndose cada vez más autoritario.
El liderazgo autocrático populista, plantea desafíos a las democracias, y nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del poder y la autoridad, así como los modelos de liderazgo que elegimos seguir y fomentar en nuestras sociedades.
Si bien estos ofrecen resultados a corto plazo, a menudo el costo social y humano es elevado.
Las lecciones aprendidas de figuras históricas nos recuerdan la importancia de equilibrar el poder y la responsabilidad, y nos instan a considerar alternativas más democráticas y participativas en la toma de decisiones.