Opinión
EL COLUMNISTA INVITADO

La homilía del 9J dice lo mismo que Milei: a convergencia que pocos supieron leer

La homilía que enfureció a parte del gobierno es, en realidad, un espejo de la doctrina presidencial. Milei venía adelantando todo lo que dijo García Cuerva. Con la reelección en juego, la agresión empezó a ser un pasivo electoral.

 

Por Mariano Cholakian

Monseñor Jorge García Cuerva eligió la parábola del Buen Samaritano para el Tedeum del 9 de Julio. Es una de las enseñanzas elementales de la catequesis. Nos enseña quién es el prójimo a quien Jesucristo nos encomendó amar como a nosotros mismos.

La interpretación de algunos sectores del oficialismo fue que la homilía era un ataque al gobierno. Sin embargo, una lectura desprejuiciada del texto revela lo contrario.

Cuando García Cuerva habló de quienes a lo largo de la historia robaron esperanzas y profundizaron la pobreza escondiéndose en cuevas de corrupción, estaba describiendo con precisión a la clase política que Milei llegó para desplazar. Los salteadores del camino de la parábola son los que durante décadas saquearon el Estado, los que convirtieron la pobreza en un negocio y la solidaridad en una estructura recaudatoria.

En la arquitectura filosófica que construye desde la Apertura de las Sesiones Ordinarias en marzo de este año, Milei formuló lo que llamó "la moral como política de Estado", apoyándose en una tradición que va de Ulpiano a los estoicos y del derecho romano a los valores judeocristianos. En el homenaje a Adam Smith por los 250 años de La riqueza de las naciones, que tuvo lugar en el Palacio Libertad, profundizó esa línea. Explicó que la obra de Smith no arranca desde la economía sino desde la moral, que la simpatía (palabra que el filósofo escocés vincula etimológicamente desde el griego con la compasión) es el fundamento del orden social, y que las virtudes cardinales de la Teoría de los sentimientos morales son la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Milei concentró fortaleza y templanza en una sola definición de autocontrol: "Hay un límite, no vale todo".

Cuando se toma esta doctrina como vara de medición, García Cuerva no dijo nada que la contradiga. Detenerse ante el dolor del otro es la simpatía smithiana. Liberarse de la indiferencia es la rectitud estoica. Escuchar es la capacidad de ponerse en el lugar del otro que Smith consideraba indispensable para el orden moral.

Sin embargo, cabe hacer una distinción entre aquellos que pertenecen a la casta dirigente y la ciudadanía. Cuando Milei insulta al kirchnerismo en el recinto del Congreso, está ejerciendo combate político en los términos de la máxima de Clausewitz invertida: la política como continuación de la guerra por otros medios, una lógica que precisamente ese bloque no debería desconocer.

Pero cuando se usa el insulto como vehículo de comunicación en redes sociales, la agresión ya no apunta a los adversarios sino a la fragmentación social. Apunta a ciudadanos que votaron a Milei, que hacen el esfuerzo económico que el presidente propuso y que no encuentran en esa crueldad ningún reflejo de la transformación que eligieron apoyar.

Los números lo confirman. La brecha de género proyecta 18 puntos menos entre mujeres para 2027. El 70% de las mujeres desaprueba la gestión. La base joven masculina muestra erosión.

El mensaje político oficialista de la última semana fue que la prioridad es la reelección. En ese contexto, sostener una disputa ideológica que afecta la consideración del gobierno pone en riesgo la continuidad de la transformación económica e institucional del país. Quienes insisten en la agresión frente a ese dato anteponen una agenda minoritaria a la posibilidad de que la transformación nacional se sostenga.

La homilía de García Cuerva, leída desde la doctrina del presidente, no es una crítica al gobierno sino un espejo doctrinario. El buen samaritano no abandonó al herido del camino para ganar una discusión ideológica. Se detuvo, se conmovió y actuó a pesar de tratarse de un desconocido. Esa es la coherencia que una porción decisiva del electorado le está pidiendo al gobierno: que no abandone el rumbo económico, pero que la agresión deje de ser una forma de comunicarse con quienes están haciendo el esfuerzo de sostenerlo.