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La eterna historia de ganar para mantenerse con vida

Historias mundialistas - Cuatro años después de su consagración en 1934, Italia ratificó su condición de mejor equipo del mundo. Un estilo firme y contundente llevó a la victoria a los azzurri, que otra vez fueron víctimas de las amenazas del líder fascista Benito Mussolini.

El mundo ya estaba en guerra a pesar de que nadie lo sabía cuando la pelota comenzó a rodar por los campos de juego de Francia, en 1938. La Alemania de Adolf Hitler había puesto en marcha su plan de dominación y el fútbol fue una de sus víctimas. En ese clima se disputó la tercera Copa del Mundo, que, en una continuación de lo que había pasado cuatro años antes, ofreció el triunfo de una Italia contundente que volvió a soportar las intimidaciones de un líder como Benito Mussolini, que se veía como la versión peninsular del dictador nazi y entendía que la victoria de su selección era una prueba de la supremacía del régimen.

Hitler anexionó a Austria al territorio alemán y el admirado Wunderteam que tantos aplausos había cosechado hasta entonces pasó a mejor a vida. La figura de ese seleccionado, Mathías Sindelar, a quien apodaban Mozart por su virtuosismo sin par, era de origen judío y no estaba dispuesto a defender los colores del país que perseguía a su pueblo. Condenado a un estricto aislamiento que le impedía jugar al fútbol, se suicidó el 22 de enero de 1939. Otros compatriotas suyos no fueron tan firmes como Sindelar y aceptaron integrar el representativo alemán en Francia ´38. De hecho, Wilhelm Hahnemann, habitual suplente del malogrado centrodelantero, fue el eje del ataque del elenco con el que Alemania asistió a suelo galo.

Vittorio Pozzo, el sabio técnico italiano, formó otra gran selección para intentar retener el cetro de campeón obtenido cuatro años antes. Apeló a algunos sobrevivientes del plantel del ´34 (el defensor Eraldo Monzeglio y los talentosos entrealas Giuseppe Meazza y Giovanni Ferrari) y también se nutrió de la calidad sudamericana de importación que aportaba el uruguayo Miguel Andreolo (lo inscribieron como Michele Andreolo) para sustituir a una pieza clave de su esquema como el argentino Luis Monti, antiguo responsable del trabajo sucio en la mitad de la cancha.

Con un equipo que el Comisario Unico -tal el apodo que tenía el DT en su tierra- comenzó a formar apenas terminó el Mundial de 1934, Italia se alzó con la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Mussolini repitió la consigna que había pronunciado en la víspera del anterior torneo y las palabras "vencer o morir” constituyeron el sórdido lema que impulsó otra vez a Italia hacia la conquista del título.

Uruguay, el campeón de 1930, seguía ofendido por el boicot que las selecciones europeas le habían hecho al Mundial celebrado ocho años antes en Montevideo y decidió no concurrir a Francia, del mismo modo que había faltado a Italia. A la ausencia de los celestes se sumó la de Argentina, frustrada porque se había preferido al país de Jules Rimet -el presidente de la FIFA- como sede del torneo de 1938 desestimando la candidatura propia y, al mismo tiempo, ignorando el principio de alternancia entre Europa y América que se había establecido al crear la Copa del Mundo. Como tampoco se aceptó que los albicelestes participaran sin disputar las eliminatorias, la abrupta respuesta a esa presunta afrenta a los pergaminos argentinos fue desertar.

Brasil, en cambio, fue de la partida y presentó un equipo muy fuerte en el que se destacaba el goleador Leónidas, quien ya se había hecho notar en el Mundial anterior. También estaba Hungría, que era aún más potente que en el ´34 gracias a sus formidables delanteros Gyorgy Sarosi y Gyula Zsengeller.

Alemania e Italia eran los seleccionados más odiados por el público francés, que no toleraba ver el saludo nazi con el que ambos equipos se presentaban en cada partido. Los primeros, dirigidos por un joven entrenador, Sepp Herberger, que con el paso del tiempo se convertiría en leyenda, se fueron a casa muy pronto, eliminados por Suiza. Los refuerzos austríacos no le habían servido de mucho…

En cambio, nadie podía detener a los azzurri, que además dejaron fuera de carrera al dueño de casa, al que batieron en cuartos de final. Italia se topó en las semifinales con un Brasil que inesperadamente dio por hecho su pase a la final y reservó a Leónidas y a sus principales figuras que arrastraban las secuelas de dos violentos choques contra Checoslovaquia (esos encuentros quedaron en la memoria La batalla de Burdeos). Ganaron las huestes de Pozzo, que debieron luchar por el título con Hungría.

El partido decisivo se jugó el 19 de junio en París y la victoria quedó en poder de los italianos por 4-2. Víctimas de las recurrentes amenazas de Mussolini, las huestes de Pozzo, lideradas dentro de la cancha por el genial Meazza y por el goleador Silvio Piola, volvieron a salvar el pellejo gracias a un partido de fútbol. Hasta el arquero húngaro, Antal Szabo, se hizo eco de la situación al admitir que no le importaba la derrota, ya que los cuatro goles que le marcaron en la finalísima le habían salvado la vida a un puñado de italianos.

LA FINAL

Italia 2 - Hungría 1

Italia: Aldo Olivieri; Alfredo Foni, Pietro Rava; Pietro Serantoni, Michele Andreolo, Ugo Locatelli; Amedeo Biavati, Giuseppe Meazza, Silvio Piola, Giovanni Ferrari, Gino Colaussi. DT: Vittori Pozzo.

Hungría: Antal Szabo; Gyula Polgar, Sandor Biro; Antal Szalay, Gyorgy Szucs, Gyula Lazar; Ferenc Sas, Jeno Vincze, Gyorgy Sarosi, Gyula Zsengeller, Pal Titkos. DT: Alfred Schaffer.

Incidencias: Primer tiempo: 6m Gol de Colaussi (I); 8m Gol de Titkos (H); 16m Gol de Piola (I); 35m Gol de Colaussi (I); Segundo tiempo: 25m Gol de Sarosi (H); 40m Gol de Piola (I).

Estadio: Olímpico de Colombes (París). Arbitro: Georges Capdeville, de Francia. Público: 60.000 espectadores.

 

LOS CAMPEONES

Jugador/Partidos/Goles

Michele Andreolo/4/0

Giovanni Ferrari/4/1

Ugo Locatelli/4/0

Giuseppe Meazza/4/1

Aldo Olivieri/4/-5

Silvio Piola/4/5

Pietro Rava/4/0

Pietro Serantoni/4/0

Amedeo Biavati/3/0

Gino Colaussi/3/4

Alfredo Foni/3/0

Pietro Ferraris II/1/0

Eraldo Monzeglio/1/0

Piero Pasinati/1/0

Sergio Bertoni/0/0

Carlo Ceresoli/0/0

Bruno Chizzo/0/0

Aldo Donati/0/0

Mario Genta/0/0

Guido Masetti/0/0

Renato Olmi/0/0

Mario Perazzolo/0/0

DT: Vittorio Pozzo

 

El TORNEO

 

OCTAVOS DE FINAL

4/6/38 en París: Suiza 1 – Alemania 1

5/6/38 en Toulouse: Cuba 3 – Rumania 3

5/6/38 en Le Havre: Checoslovaquia 3 – Holanda 0

5/6/38 en París: Francia 3 – Bélgica 1

5/6/38 en Lyon: Suecia – Austria (no se jugó por la anexión de Austria a territorio alemán)

5/6/38 en Reims: Hungría 6 – Indias Holandesas 0

5/6/38 en Marsella: Italia 2 – Noruega 1

5/6/38 en Estrasburgo: Brasil 6 – Polonia 5

9/6/38 en París: Suiza 4 – Alemania 2 (desempate)

9/6/38 en Toulouse: Cuba 2 – Rumania 1 (desempate)

 

CUARTOS DE FINAL

12/6/38 en París: Italia 3 – Francia 1

12/6/38 en Antibes: Suecia 8 – Cuba 0

12/6/38 en Lille: Hungría 2 – Suiza 0

12/6/38 en Burdeos: Brasil 1 – Checoslovaquia 1

14/6/38 en Burdeos: Brasil 2 – Checoslovaquia 1 (desempate)

 

SEMIFINALES

16/6/38 en París: Hungría 5 – Suecia 1

16/6/38 en Marsella: Italia 2 – Brasil 1

 

TERCER Y CUARTO PUESTO

19/6/38 en Burdeos: Brasil 4 – Suecia 2

 

FINAL

19/6/38 en París: Italia 4 – Hungría 2

 

GOLEADORES

Jugador/Equipo/Goles

Leónidas/Brasil/7

Silvio Piola/Italia/5

Gyorgy Sarosi/Hungría/5

Gyula Zsengeller/Hungría/5