Milei logró reducir la inflación a un 85% en dos años. Es un dato más electoral que económico, porque la viabilidad del populismo es
inversamente proporcional a la normalidad de las variables macro. El hecho central de la semana se produjo el miércoles, día en el que el Indec difundió el dato de la inflación de diciembre y de todo 2025. El año pasado cerró con un aumento de precios al consumidor de 31,5%, el más bajo en ocho años. Desde que inició su gestión, Javier Milei consiguió reducir el proceso inflacionario en un 85% y establecer un período de estabilidad que tiene causas, consecuencias e interpretaciones diversas, pero que en primer lugar provocó la parálisis de la oposición que gobernó el país durante las últimas ocho décadas.
En los términos de un primer corolario para el teorema de Baglini, podría decirse que la viabilidad del éxito de cualquier partido o movimiento populista es inversamente proporcional al éxito de cualquier política económica ortodoxa. Cuando merma la inflación, la sociedad apoya a quien consigue el objetivo, ya sea radical (Alfonsín, 1985), peronista (Menem, 1991) o salido de la nada como Milei (2025).
La victoria que La Libertad Avanza alcanzó en octubre tuvo un efecto económico, fortaleció el plan de estabilidad, y otro político, sacó de la cancha al peronismo, en todos sus registros, y al radicalismo, en los pocos que le van quedando. Ambos efectos se retroalimentan. El hecho de que tenga el papel protagónico y ocupar el centro del escenario le otorgó a Milei la iniciativa de la que dispone discrecionalmente desde hace tres meses. También implica que su reelección esté condicionada a sus propios aciertos o desaciertos, ya que no tiene rival y dispone de un poder institucional que no será hegemónico, pero sí suficiente para evitar ataques al equilibrio fiscal (el corazón de su programa) como los que padeció el año pasado en el Congreso.
Pero el camino a la relección no está pavimentado. El mismo martes se anunció que la inflación de diciembre había sido del 2,8% fenómeno que viene en ascenso desde hace cuatro meses. Para todo 2026 el presupuesto elaborado por el gobierno prevé un 10% de inflación, mientras la casi totalidad de las consultoras cree que no bajará del 20%. Si en enero arrancó cerca del 3% la proyección de los expertos no parece arbitraria (ver “Inflación e ingresos”).
Economistas que no pueden ser considerados “K” como Fausto Spotorno han observado que el gobierno “vive de medidas transitorias” y que debe terminar con los “parches” financieros que el ministro Luis Caputo saca de la galera con la habilidad de un prestidigitador. En una reciente entrevista Spotorno propuso estabilizar la balanza de pago, terminar con las bicicletas con bonos y bajar el riesgo país. Los augurios sombríos no coinciden sin embargo con la confianza en la estabilidad que expresa el mercado cambiario. A pesar del anunciado incremento del ritmo de devaluación, el dólar cayó durante toda la semana que acaba de concluir y llegó a su precio más bajo en dos meses.
Por otra parte, el Banco Central compró 600 millones de dólares para las reservas en lo que va del mes, hecho destacado por la vocera del FMI Julie Kozack, y que en teoría debería haber empujado hacia arriba el tipo de cambio, lo que no ocurrió: el techo teórico de la banda del dólar es de 1.546 pesos, pero el gobierno puso el oficial 116 pesos abajo, una diferencia del 8%. La tasa de interés sigue atrayendo a los inversores que demuestran confianza en que el gobierno no devaluará en el corto plazo.
De todas maneras, la estabilidad macroeconómica no es la única variable en la que el presidente confía para conseguir la reelección. Su imagen positiva sigue firme por encima del 40% y hoy lo apoya una mayoría de votantes que prefieren evitar otra megacrisis populista. Incide directamente, además, en su proyecto de pasar otros cuatro años en la Quinta de Olivos la parálisis de la oposición, que sigue sujeta a la persistencia de Cristina Kirchner. La expresidenta continúa controlando al peronismo, hasta el punto de que algunos consideran que la única chance para que la actual situación se revierta reside en que el kirchnerismo se “diluya”. De producirse, ese implorado milagro constituiría sin embargo una condición imprescindible pero no suficiente para que la oposición se vuelva competitiva.
Puesto en términos del consultor político Julio Burdman, para que la imagen positiva del presidente caiga tiene que aparecer “otro objeto de deseo”. Explica: “No creo que alguien cambie mucho su opinión del gobierno, sin mejorar su opinión de la oposición”. En otros términos, la oposición debe representar una alternativa distinta al ruinoso pasado, algo de lo que parece lejos, por ejemplo, los Kicillof, Llaryora, Lousteau, etcétera. “Con lo que dejó 2025 y lo que se proyecta para este año -concluye Burdman- Milei sigue estando solo en el sistema, en la oferta” .