Cali, Colombia (AP) - La esperanza de encontrar vida resurgió el viernes en Colombia con la detección de aparentes señales de vida bajo al menos dos edificaciones colapsadas tras el devastador terremoto registrado esta semana.
Cientos de rescatistas, incluyendo equipos internacionales de Venezuela, Argentina e Israel, se unieron a la búsqueda final en diferentes partes del país para encontrar personas con vida 96 horas después del sismo de magnitud 7.4 registrado el lunes y que dejó al menos 287 muertos.
El alcalde de Pereira, Mauricio Salazar, dijo a la radio FM que sobre las 4 de la madrugada del viernes “se logró contacto con una mujer que pedía ayuda en medio de los escombros” de un hotel de la ciudad que se desplomó y sugirió que otras personas podrían estar en el lugar.
En paralelo, la Personería de Cali, en el suroeste del país, informó que hay aparentes señales de vida de tres personas bajo los escombros de un edificio. En la ciudad fue extendida la búsqueda hasta el sábado.
Además de la búsqueda de sobrevivientes, comienza otro desafío: reconstruir la vida de los damnificados como el país lo hizo en 1999 tras un sismo de similar magnitud.
Ebert Jonathan Morales perdió su casa y sus pertenencias durante el terremoto y ahora intenta rehacer su vida desde cero junto a sus cuatro hijos y su esposa.
“No hay dónde vivir, lo perdimos todo”, relató a The Associated Press Morales, de 38 años, en un refugio de Cali, una de las ciudades más afectadas por el sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes con epicentro en el departamento de Chocó, en el noroeste del país, que cobró la vida de más de 285 personas.
Su casa quedó destruida: se agrietaron las paredes, se derrumbó el piso y se cayó el techo.
Morales es una de las más de 102.000 personas damnificados por el sismo de mayor magnitud registrado en el país en lo que va del siglo. El gobierno calcula que más de 12.800 viviendas quedaron destruidas y otras 73.400 afectadas.
MEDIDAS EXCEPCIONALES
El terremoto se convirtió en el primer gran desafío para el recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella, quien declaró el desastre nacional y la emergencia económica para poder establecer impuestos temporales sin el aval del Congreso.
Los fondos nacionales e internacionales que se recauden irán al “Fondo Milagro”, como lo llamó el presidente, que se destinará a la construcción de hospitales, centros educativos, inmuebles, vías y aeropuertos.
Una estrategia similar fue usada en 1999 tras el terremoto de Armenia, en el oeste, cuando los recursos se concentraron en el Fondo para la Reconstrucción de la Región del Eje Cafetero.
Yezid Alvarado Vargas, doctor en Ingeniería de la Construcción y docente de la Universidad Javeriana, explicó a AP que Colombia debería “diagnosticar bien y reconstruir mejor” y que para eso se necesita saber el estado real de las edificaciones y en la reconstrucción "incorporar la información que nos deja este sismo". Entre ellas mencionó las condiciones “particulares del suelo y una revisión de la vulnerabilidad existente”, dado que Colombia llega al terremoto actual mejor preparada que en 1999.
De la Espriella prometió concentrar esfuerzos en reconstruir Chocó con un “Plan Marshall”, en referencia a la iniciativa patrocinada por Estados Unidos que ayudó a reactivar las economías de Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial.
“Tenemos que reconstruirlo; hay una gran labor por delante y estoy comprometido en ello”, dijo De la Espriella a la prensa el viernes tras llegar a Quibdó, la capital de Chocó.
REFUGIOS Y AYUDA HUMANITARIA
Morales aseguró que se quedará en uno de los refugios dispuestos en Cali para los damnificados “hasta que el gobierno nos dé una ayuda”. El presidente prometió subsidios de alquiler para quienes perdieron su vivienda y apoyo financiero.
“Hoy venimos donde están dando las donaciones. Nos han dado algo de alimentación, comida, ropitas”, relató a la agencia AP Olga Castro, una de las afectadas en Cali, junto a sus cinco hijos. “Por lo menos salimos con vida... una vecina me está dando posada y de ahi vamos a ver qué hacer”, explicó.
Las autoridades de los municipios afectados habilitaron colegios, parques y edificios públicos como refugios, los equiparon con carpas y colchonetas y ofrecen comida; pero en otros casos son los ciudadanos los que improvisan albergues en las calles.
María Mercedes Liévano, directora en el país de Save the Children, dijo a AP que las necesidades de los afectados son apremiantes, especialmente en los lugares de menor acceso como Buenaventura, el principal puerto del país, y Chocó.
“Son territorios aislados, abandonados, con debilidad de oferta institucional histórica, con temas de violencia y además les llega un terremoto de este tipo. Entonces es una crisis sobre una crisis que está dejando a las poblaciones en una situación de vulnerabilidad extrema”, explicó Liévano.
Esto, advirtió, se exacerba en la niñez que está bajo estrés tras el terremoto y que necesita apoyo socioemocional, luego de estar separados de sus familias o enterarse de que han muerto. Lo que se suma a la falta de acceso a la educación, dado que más de 2.200 centros educativos resultaron afectados, según cifras gubernamentales.
La ayuda también llegará a las zonas afectadas proveniente de los centros de acopio habilitadas en distintas ciudades como Bogotá. El viernes aproximadamente 500 voluntarios se juntaron en el centro Vive Claro para clasificar y embalar la ayuda.
Angélica Hernández, una voluntaria de 27 años, empacaba comida para perros y gatos que será enviada a Chocó, el epicentro del terremoto. “No sólo las personas fueron afectadas, también hay muchos animalitos que pues hasta perdieron sus familias, están perdidos y se necesita ayudar, porque ellos no tienen voz para hacerlo”, dijo a AP.
En Pereira, equipos de voluntarios entregaban kits de higiene a familias reubicadas en albergues, ya que una parte importante de la ciudad sigue sin acceso a electricidad y agua, dijo a AP Pamela Londoño, asesora técnica de Project HOPE. El equipo también evalúa la necesidad de suministros médicos.
La ONG agregó que cinco o seis albergues operan en la ciudad y al menos uno ya está a plena capacidad y no acepta más personas. Se reportaron condiciones similares en otras áreas, como el municipio de Roldanillo, donde aproximadamente el 60% de las comunidades no tienen acceso a agua potable.
“La principal preocupación es la falta de servicios básicos para varias comunidades”, dijo Londoño. “Esta es una situación realmente crítica”.