Una de las razones por la que los embates contra la estabilidad fracasaron hasta ahora es el afianzamiento de la política económica. Pero otra no menos decisiva es el caos opositor. En especial el del peronismo que ha empezado a salir a la superficie en el Congreso.
En el peronismo no hay ningún conflicto ideológico o programático. Es una pelea entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof por el liderazgo y la candidatura presidencial.
El kirchnerismo le reclama al gobernador que se comprometa a indultar a su jefa, porque con ella inhabilitada y presa han comenzado a producirse las primeras insubordinaciones. En el Senado el bloque que le respondía votó dividido el pasado jueves nada menos que la ratificación de Carlos Mahiques como camarista federal. Deliberadamente o no, puso su autoridad en entredicho.
La decisión obedeció a que el verticalismo está acercándose a su fin. Los Parrillis escasean y los gobernadores peronistas necesitan sintonizar con el oficialismo por fondos o por posiciones de poder en la justicia. El único proveedor de ambos insumos vive en Olivos, no en Constitución.
Por otra parte, el electorado al que seduce CFK está en el conurbano, lejos de provincias peronistas del Norte o de otro signo político de la región central del país en las que la economía marcha mejor que en los conglomerados urbanos que rodean CABA.
Para gobernadores e intendentes del PJ apostar el capital político propio a la resurrección de “la señora” es mal negocio. Además, su poder disciplinador también se debilitó. No tiene caja y su arrastre electoral es cada vez menor. Tampoco tiene capacidad de daño fuera del GBA.
En este marco indultarla no representa una buena opción para el gobernador bonaerense. Por eso resiste el hostigamiento camporista. Si no indulta a su ex jefa política, el kirchnerismo amenaza con desgastarlo calificándolo de traidor, un arcaísmo al que ya a nadie presta atención.
En resumen, si el gobernador se compromete con el indulto, pierde votos y, peor aún, fortalece a su rival. Corre el riesgo de transformarse en un segundo Alberto Fernández.
Pero sus problemas no terminan ahí. Corre entre los intendentes bonaerenses la idea del desdoblamiento de la elección presidencial de la provincial. Lo mismo que hizo él el año pasado para perjudicar al kirchnerismo, pero que esta vez puede volvérsele en contra.
La oposición no peronista enfrenta problemas similares. Por eso se espera una agenda electoral con muchos desdoblamientos. En ese contexto el partido que más votos podría restarle a Javier Milei es el PRO, pero Mauricio Macri no va a ser candidato, porque se expone a otro papelón como el de la elección del año pasado en la ciudad en la que salió tercero con el 16% de los votos. Si no se produce una crisis económica fulminante, esa es la ecuación electoral de las presidenciales. Lo demás, expresiones de deseos.
La derecha tiene un líder: Milei. El de la oposición debería ser Kicillof, si logra sobrevivir al canibalismo peronista.