Por primera vez en dos años largos de gobierno libertario la macroeconomía muestra señales negativas que no son provocadas por decisiones políticas erradas, dudas sobre la gobernabilidad o denuncias mediáticas de corrupción. El jueves se informó que en julio pasado la actividad había caído 2,9% (1,4% en términos interanuales) y que como consecuencia de las variables macro la pobreza había rebotado.
Ese mismo día, sin embargo, el presidente Javier Milei recibió buenas noticias del Senado. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central había sido aprobada por una mayoría abrumadora tras superar varias semanas de bloqueo. También ese día el oficialismo consiguió desmontar un subsidio de alto costo fiscal al consumo de gas en la provincia de Buenos Aires, aprobado en 2021 a instancias de Máximo Kirchner.
Por su parte, la economía no está en recesión, tampoco ante posibles turbulencias financieras o cambiarias. Su problema actual es que funciona con dos marchas. En agosto, por ejemplo, la producción de petróleo en Vaca Muerta creció un 27%. Pero no derrama y se acercan las elecciones. Además, no hay otro plan. Ese es el mayor riesgo para el gobierno (ver “Loop complicado” en VISTO Y OÍDO).
No hay otro plan porque hay un boom de exportaciones, pero al mismo tiempo caída de la inversión interna y del empleo, algo fuera del alcance del poder estatal. La oposición -política y periodística- cuestionan que se “exagera” la restricción fiscal y monetaria para bajar la inflación. Ese razonamiento elude el hecho de que con inflación no hubo -ni habrá- más inversión o empleo.
Bajo el mandato de Milei se perdieron 400 mil empleos. 150 mil eran públicos; así Cristina Kirchner “combatía” el desempleo. Llenando el Estado de “ñoquis”. En el mismo lapso se sumaron 150 mil monotributistas y 250 mil cuentapropistas. Cambio de modalidad de empleos que exigen mayor productividad y recortan salarios.
El riesgo para el gobierno por el estancamiento de la actividad está de todas maneras atenuado por la ineptitud de una oposición que no puede aprovechar los flancos que expone el presidente con su desafiante incorrección política. Uno de esos fue el de su primera decisión con respecto a los fondos para los discapacitados incluido en el presupuesto.
Diputados opositores denunciaron los recortes, pero de inmediato Patria Bullrich tomó el asunto como causa propia y lo usó para ajustarle cuentas a Karina Milei. Ante el tembladeral en que se había metido, la Casa Rosada puso marcha atrás y mandó a sus diputados a firmar un dictamen reponiendo los beneficios recortados. Ese despacho consiguió de inmediato las firmas necesarias para convertirse en el de mayoría y dejó a los opositores “off side”.
Ante el giro el diputado opositor Pablo Giuliano declaró que se trataba de una “treta” del mileísmo al que en realidad “no le importaban” los discapacitados. Primera conclusión: la oposición está por debajo del nivel más básico. Segunda conclusión: sólo puede funcionar cuando el oficialismo la habilita.
Pero lo que demostró la desconexión entre la actual situación económica y la política fue lo ocurrido en el Senado en la tarde del jueves. Siguió funcionando el acuerdo tejido por Diego Santilli con peronistas y radicales del NOA y del NEA que permitieron que la Cámara sacara dos proyectos fundamentales para el gobierno: la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y del subsidio al gas en “zonas frías”.
Eso le permitió anular al peronismo opositor (kirchnerista y no kirchnerista) que ante la alternativa de una segunda derrota a la hora de votar abandonó el recinto. Pero su principal problema no fue que quedó en minoría en una Cámara de la que fue propietario desde 1983, sino que con su fuga demostró su total desorientación por falta de unidad, cohesión y liderazgo.
José Mayans y Juliana Di Tullio, delegados de Cristina Kirchner en la Cámara, ya no controlan a nadie. Mayans ha quedado reducido a las diatribas dentro del recinto y a las conferencias de prensa afuera. Poder: cero. Su discurso –como el del resto de sus compañeros—carece hasta de la sombra de una propuesta. Por momentos está compuesto sólo de sonido y de furia.
Pero el problema no lo tiene sólo el peronismo en el Congreso. Su primer precandidato, Axel Kicillof, viajó a Nueva York a la sombra de Javier Milei y terminó pegado al alcalde musulmán de la ciudad y al jefe de gobierno español, manchado por acusaciones graves de corrupción. Tuvo además un incidente con una periodista a la que se negó a contestar una pregunta sobre su posición frente al conflicto Israel-Hamas (ver “Axel sin prensa amiga” en Visto y Oído).
En suma, una experiencia que le demostró que deberá preparar de otro modo los actos que arme fuera de La Matanza.