Si arrastré por este mundo
Por Martín Lombardo
Omnívora. 330 páginas
La pureza artística suele ser tan poco interesante como la pureza étnica. Así como podemos opinar que el mestizaje engendra las mujeres más bellas, también es dable arriesgar que la literatura híbrida resulta hoy en día la más atractiva. Combinar la cultura francesa con el color rioplatense fue la apuesta estética del escritor Martín Lombardo (Buenos Aires, 1978) en su séptima obra. La mixtura le salió realmente bien.
Si arrastré por este mundo (Editora Omnívora) es una delicada pieza de relojería. El título, como cualquier tanguero sabe, alude a Cuesta abajo que parece ser el destino irrevocable de los personajes ficticios. Una especie de maldición que transcurre en varios lados y en diferentes épocas. El arco narrativo va desde 1880 hasta 2001; salta de Francia a Buenos Aires, de allí a Nueva York, Montevideo, el delta del Paraná, la provincia de Corrientes... Dijimos “personajes ficticios” porque también los hay extraídos de la vida real: como Marcel Duchamp, Graham Greene y Julio Cortazar, entre otros, a los que Lombardo hace actuar en su fábula.
Con capítulos cortos que saltan en el tiempo y en el espacio, el novelista teje su urdimbre. Leemos la historia infeliz de tres miembros de la familia Lardizábal. El primero, Lisandro, el psiquiatra venido a menos (su prosapia esperaba otra cosa de él); el segundo es su sobrino Marcelo, el psicólogo que experimenta con drogas alucinógenas, obsesionado con una paciente llamada Alicia, a quien convierte en amante pero pierde cuando ella entra en la lucha armada a comienzos de los setenta. El tercer eslabón es el hijo de Marcelo -de nombre Juan-, traductor de oficio, otro bueno para nada.
Una meretriz de cabeza rapada es uno de los hilos de oro, que también enreda a Duchamp, Cortázar y Greene. Una casa en el Tigre, el Hotel Reina del Once y las casas infames de lenocinio son tres escenarios recurrentes. En rigor, se podría decir que El Gran Prostíbulo Argentino es otro título que le hubiese sentado bien a la novela.
UN CRIMEN FAMOSO
El texto comienza con la investigación de un crimen que enloqueció a la sociedad porteña en 1884: el asesinato y desmembramiento del rufián francés François Farbos. Su compatriota Raoul Tremblié fue el descuartizador; repartió los restos por toda la ciudad. La hipótesis es que el brutal homicidio se vinculaba a una red de tráfico de mujeres.

Desde esa base se ramifica la novela. El periodista Albert Londres, que dio nombre al premio más antiguo de la prensa europea (equivalente al Pulitzer de Estados Unidos), es otro personaje que Lombardo pidió prestado a la vida real. El investigador publicó en 1927 Le chemin de Buenos Aires, donde delató a las redes de esclavitud que traían mujeres francesas y polacas a la Argentina para explotarlas en los lupanares.
A esta altura, hay que decir algo del autor. Martín Lombardo vive en Nantes y se gana la vida como profesor universitario. Es doctor en Estudios Iberoamericanos por la Universidad de Burdeos. Aunque siempre estuvo ligado a la literatura, en Buenos Aires se recibió como psicólogo. De hecho, esta disciplina juega un papel importante en Si arrastré por este mundo. No obstante, la jerga freudiana no molesta demasiado.
El psicologismo le permite a Lombardo acuñar sentencias, como la de la página 25: "...la vida, más que una rutina, es un entramado incomprensible de deseos". En la 119 explica uno de sus procedimientos con una frase tomada del maestro Onetti: "...las mujeres honradas no tienen historia; son, al igual que la felicidad, el grado cero de una trama apenas entreverada entre un puñado de hechos sin importancia, casuales…".
No merece otra cosa que elogios el manejo de la técnica de la narración enmarcada -también conocida como “cajitas chinas”- que ha desplegado Lombardo. Es fascinante descubrir cómo va vinculando a los personajes mediante el trato, a lo largo del tiempo, con una progenie de prostitutas. Y de las subhistorias surgen personajes que atrapan nuestra imaginación como el mago mugriento del Once o el Negro Vilú, maleante del Delta (“ese aguantadero de fracasados”). Si lo juzgamos por su novela más reciente, Lombardo pertenece a la estirpe sublime del escritor-artesano.