Javier Milei es erróneamente acusado como dictador lo que es totalmente falso. Esa afirmación es contradictoria con su política que va dirigida al mejor funcionamiento de la economía de mercado y a lo que es uno de sus aspectos más importantes: asegurar y estimular la competencia, proteger la propiedad privada y la seguridad de los contratos.
Solo la economía de mercado puede impulsar la provisión de bienes y servicios que piden consumir los argentinos. Por este camino se fortalece la democracia lo mismo que la opinión pública. El control que ejercen los poderes de la sociedad civil sobre el gobierno y el Estado, con una política de corte liberal es mucho más severo de lo que fue con los gobiernos kirchneristas. Con las pautas a los medios de comunicación y las amenazas ellos acallaron a muchos de esos medios y a periodistas.
Recordemos las escandalosas irrupciones de Guillermo Moreno quien junto al entonces viceministro de Economía Axel Kiciloff, con escribanos y cámaras de televisión, con cascos y guantes de boxeo, ingresaron a la sede del grupo Clarín, en Barracas, para participar de la Asamblea anual, acusando a los directivos de ocultar información. Moreno dirigió de prepo, como en un circo, la asamblea, entre forcejeos y ridículos discusiones. Si sus ideas triunfaran otra vez, socavarían los réditos que poco a poco va conquistando el Gobierno actual, mas allá de las dificultades que se le presentan. Sería una política destructiva, demolería lo hecho para cambiar estructuralmente el sistema capitalista.
Entonces, la acusación a Milei por socialistas, populistas, y por la intelectualidad socialoide o liberal de dictador absolutista, es incomprensible, ya que sus políticas van en contra de lo que piensan. Es lamentable escuchar a políticos e intelectuales de renombre promocionar esta terrible equivocación. Los seduce la utopía.
VETA AUTORITARIA
Se puede explicar, alguna veta autoritaria del Presidente debido a su personalidad pero no a su política, también reconocer que cierta dosis de disciplina y autoritarismo son necesarios por la intensa y dificultosa tarea que tiene por delante y el poco tiempo del que dispone para mostrar los resultados.
No olvidemos que el considerado, por parte de la sociedad, padre de la de democracia, Ricardo Alfonsín, llegó a obligar inmediatamente, luego de asumir la presidencia de la Nación, modificar el estatuto para retirar la clausula que lo obligaba a dejar la presidencia de su partido. Yendo más lejos, aunque el gobierno de Yrigoyen fue democrático, sus métodos y su personalidad tenían un fuerte color autoritario, como así también, la dedocracia de una serie de presidentes, entre ellos, Alfonsín. Sin embargo no fueron ilegales sino discutibles desde la pureza democrática; todos los presidentes cometen estos deslices a veces amparados como es en nuestro país, por la Constitución, la cual, aún después de la reforma constitucional, tiene vetas presidencialistas. Se le suma la firme decisión de Javier Milei de realizar una política disruptiva, no solo en la economía, sino también en la estructura cultural y de las ideas.
Sin embargo, si algunas medidas pueden ser discutibles, de fondo y de forma, nunca fueron abiertamente ilegales. A medida que se profundicen y se concreten las reformas previstas, las maneras autoritarias irán disminuyendo, y quien gane las elecciones en 2027 tendrá la ventaja de gobernar en un terreno más despejado. En el caso de que fuera un opositor procapitalista, se dedicará a mejorarlas y no a destruir cambios acertados.
En resumen, la política del presidente Milei va en contra del corporativismo y del autoritarismo, lo cual impulsa la democratización. A menudo se deja en el tintero que cada privatización cierra definitivamente una enorme cantidad de prebendas que desangran el Tesoro y destruyen el corporativismo, datos que hablan más que muchos discursos de políticos y periodistas.
MALDITAS CORPORACIONES
Las corporaciones que aún subsisten intentan someter al Gobierno a sus pretensiones de compartir, expresa o tácitamente, el poder. Ante la debilidad del sistema de partidos y los forcejeos derivados del corporativismo reavivado por los Kirchner durante tantos años, al Gobierno no le queda muchas veces más que alguna solución autoritaria, exigida no solo por la situación sino también por la gobernabilidad.
En la actualidad, la ceguera de varios intelectuales, políticos, docentes y obispos ante el cambio innovador del Gobierno indica que este deberá seguir enfrentando opiniones arraigadas y porfiadas, cultivadas durante tantos años de inercia cultural y expresadas en los medios de comunicación masiva con notable obstinación.
Si bien los grados y la naturaleza de la corrupción pueden variar al comparar sociedades, culturas o épocas, y aunque sepamos que no tendrá jamás solución definitiva, podemos someterla a tratamiento para reducirla. Milei, al disminuir la avalancha de reglamentaciones, al privatizar y al hacer menos autoritario al poder, lo está concretando -dándose cuenta o no- al combatir la corrupción estructural, que es masiva y perdurable.
La corrección de la mayoría de sus ideas, dejando de lado su iracundo carácter, está haciendo al poder más observable y, por lo tanto, menos autoritario, con mayores controles de la opinión pública sobre la corrupción institucional. Si bien existe por parte de Javier Milei una crítica al periodismo igualmente feroz a la de la oposición al Gobierno -cosa que debería moderar-, lo cierto es que todo está bajo el control de una justicia cada vez más animosa, aunque correspondería fortalecerla mucho más.
EL NO CAMBIO
Las tensiones internas derivan también en conflictos difíciles de dominar, entre grandes sistemas de ideas y entre grupos corporativos aferrados al "no cambio". La violencia y los mecanismos de rechazo contra la pol
Quienes desean que el país mejore tendrían que moderar la irreflexiva impaciencia que, por error o ignorancia, los lleva a pensar que estamos perdidos, cuando el Gobierno, aun con sus humanas y comprensibles fallas, está batallando contra la pobreza, la inflación, la desocupación, la inseguridad y la puja de distintos sectores por lograr prebendas y privilegios, entre otros males que preocupan.
Habría que entender que si en 2027 ganara las elecciones un gobierno de ideas socialistas, lo más probable es que presente rasgos fascistas, como ocurrió con las administraciones de impronta kirchnerista.
Todos sabemos que la corrupción se origina en el poder y que, por lo tanto, el Estado autoritario o totalitario es el poder más coactivo y el que ofrece mayores oportunidades a la corrupción. La fuerte dependencia de la sociedad respecto del Estado engendra más ocasiones para practicarla; es lo que los argentinos deberían evitar mediante un voto inteligente.
La Argentina sería un país mejor si la mayoría comprendiera que el sistema fundado en la libertad de los intercambios no solo elimina las coacciones colectivistas, comunitarias o corporativas, sino que además permite a las personas ser más libres, libradas a elecciones individuales y más responsables de sí mismas.
* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias, Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de ‘El Crepúsculo Argentino’ (Ed. Lumiere, 2006).