El 13 de septiembre de 1806 el diario inglés The Times, fundado en 1785, informaba con regocijo que "Buenos Aires pasó a formar parte del imperio británico" y destacaba "las ventajas que se derivarán y las posibilidades comerciales así también como de su influencia política".
Para esa fecha Buenos Aires ya no formaba parte del imperio británico: su ejército había sido derrotado y el general William Carr Beresford se había rendido el 12 de agosto de 1806, fecha en la que en la Argentina se celebra el Día de la Reconquista. Cabe destacar que para esa época las noticias tardaban entre 60 y 70 días en llegar a Europa debido a la lentitud de los barcos a vela.
Las tropas británicas desembarcaron en Quilmes el 25 de junio de 1806 desde las once de la mañana. Avanzaron casi sin oposición y dos días después, el 28 de junio, tomaron el fuerte con apenas 1.600 hombres en una ciudad de algo más de 40.000 habitantes.
Arrearon la bandera de España, que había flameado allí desde la fundación definitiva de la ciudad por Juan de Garay en 1580 y subieron la bandera británica. El virrey Rafael de Sobremonte, máxima autoridad española, huyó de inmediato hacia el interior con los tesoros reales.
Estos dos episodios -la bandera británica y la huida de Sobremonte- causaron en algunos grupos una sensación mezcla de abandono y traición, que se acentuó profundamente al año siguiente, cuando fue rechazada la segunda invasión inglesa al mando del teniente general John Whitelocke, esta vez con una fuerza que, según las distintas fuentes, rondó entre los 8.000 y los 12.000 hombres.
De a poco, aquel sentimiento de aversión hacia la tutela de España fue fortaleciendo una incipiente idea de emancipación.
Hombres, mujeres y niños habían muerto en defensa de la ciudad, y eso no se habría de olvidar fácilmente.
En 1808 Napoleón Bonaparte obligó a la renuncia del rey Fernando VII y puso en su lugar a su hermano José Bonaparte. Estos acontecimientos influyeron decididamente en la constitución de dos grupos: los criollos, que rechazaban obediencia a las autoridades españolas, y los nacidos en España, que sostenían fuertes lealtades con su lugar de origen.
Con el correr de los acontecimientos, las divisiones se fueron acentuando a tal punto que el 26 de agosto de 1810 la Primera Junta -impulsada por su secretario, Mariano Moreno- ordenó el fusilamiento de Santiago de Liniers por considerar que se oponía al impulso patriota. Nada menos que Liniers, el héroe de la Reconquista, fue fusilado junto con otros cuatro jefes realistas que lo acompañaban -Juan Gutiérrez de la Concha, Santiago de Allende, Victorino Rodríguez y Joaquín Moreno- en el paraje conocido como Cabeza de Tigre, ubicado en lo que hoy es la localidad de Los Surgentes, en el departamento Marcos Juárez de la provincia de Córdoba.
No estaría muy alejado de la realidad interpretar que en aquella chispa que se encendió en 1806 se encontraba la génesis de lo que finalmente iba a derivar en una sucesión de acontecimientos que llevarían a la emancipación primero y a la independencia después. Lo cierto es que la ciudad que venció a los ingleses no volvería a ser la misma.
