Por Raul Magnasco *
Cuando comenzamos a marchar en defensa tanto de las mamás como de los mas vulnerables, sus hijos en el vientre, hace ya 11 marchas, lo hacíamos desde el mero sentido común: entendíamos que eliminar una vida inocente nunca podría ser la solución a ningún problema.
Entonces anticipábamos los problemas que acarrearía una legalización de aborto, tanto en aumento de prácticas, como en la despoblación que ahora sufre nuestro país, sin mejorar el número de las entre 8 y 20 madres que mueren por año y siguen muriendo por prácticas de aborto inducido, ahora legal. Es que “legal o ilegal, el aborto mata igual” decíamos entonces, como consigna de la marcha, y ahora la evidencia estadística prueba que teníamos razón, porque siempre será una práctica peligrosa, por mucho que quieran decirnos que es segura o equivalente a sacarse una muela. Eso, sin mencionar los daños psicológicos que derivan del Síndrome Post Aborto (SPA).
Luego de 5 años de aborto legalizado, los números están todos en rojo: aumentaron las prácticas alcanzando actualmente las 120.000 por año, las mujeres sufren mayores consecuencias, y Argentina se encuentra atravesando una crisis demográfica equivalente a la de Europa: los colegios comienzan a cerrarse y las plazas se encuentran cada vez mas vacías.
Sin embargo, no solamente está cambiando la percepción que tiene la gente sobre este flagelo actual, que se refleja tanto en la cantidad de personas que marcharon en todo el país este sábado, como en la cantidad de representantes políticos que apoyan la abolición de la práctica, sino que ello deriva de un cambio mas profundo que ahora es mucho mas evidente, y como bien dijera Gabriel Ballerini, uno de los mayores exponentes de la batalla cultural: “Volver a poner la vida en el centro del debate no es solo una consigna, sino una responsabilidad ética y política que interpela a toda la sociedad”.
Hoy ese pensamiento abarca no solamente a la mayoría de la sociedad, sino también a la mayoría de los legisladores y funcionarios. Alcanza con mencionar que en la semana del Niño por Nacer, se firmaron acuerdos y compromisos para derogar la ley de aborto en las dos cámaras del Congreso Nacional, y además en la Legislatura bonaerense, algo impensable tres años atrás.
Tal vez Argentina esta comprendiendo mucho mas rápido el fracaso que el camino elegido representa en cifras y resultados, camino que a los Estados Unidos le llevó 49 años recorrer hasta abolir la práctica del sistema federal, o a China con 51 años hasta prohibirla en 2021, o por caso Polonia con 64 años antes de derogarlo en 2020.
Al fin y al cabo, se sigue hablando de derechos humanos, pero con un enfoque diferente, ya que la Vida es el primer derecho humano (sin Vida no se puede ejercer ningún otro derecho). Por eso se entiende que la batalla cultural comienza en el que ahora es todavía el lugar mas peligroso para los argentinos: el vientre materno (1 de cada 4 argentinos pierde su vida allí). El aborto es, desde 2023, la principal causa de muerte. Si logramos proteger a las madres y a sus hijos por igual, como nación habremos ganado la principal batalla, por no decir, la entera guerra cultural, estableciendo las bases para un país verdaderamente libre y ejemplo para toda la región.
* Presidente de la Fundación Mas Vida.