Tecnología

La automatización ya está transformando los comercios

Hay una escena que se repite todos los días en cualquier farmacia: un cliente llega al mostrador, pide un medicamento y el empleado desaparece durante unos minutos detrás de las góndolas para buscarlo. Mientras tanto, quien espera queda frente al mostrador, mirando el movimiento del local. La automatización empieza a modificar esa rutina desde adentro.

Los robots destinados al almacenamiento y dispensación de medicamentos permiten que buena parte de ese trabajo se realice de manera automática. Ordenan las cajas, controlan el inventario, detectan vencimientos y llevan el medicamento hasta el punto de entrega. La consecuencia buscada es simple: que el empleado pase menos tiempo buscando productos y más tiempo frente al cliente.

En la Argentina ya fueron instalados más de 230 robots entre farmacias y centros de distribución. Se trata de los sistemas BD Rowa, fabricados por Becton Dickinson en Alemania y distribuidos en el país por Automatiza. Según la información de la compañía, pueden dispensar un medicamento en un rango de entre 8 y 12 segundos, mientras que la carga de nuevos productos puede realizarse aproximadamente en 3 a 5 segundos.

Para Emiliano Galasso, gerente de la Unidad de Negocio Medication Management Solutions de BD, el objetivo de esta tecnología no pasa solamente por ganar velocidad. También busca cambiar la relación entre el farmacéutico y quien está del otro lado del mostrador.

“La automatización farmacéutica está impulsando modelos de atención más humanizados, eficientes y alineados con las nuevas demandas del sistema de salud en Argentina. La tecnología tiene que funcionar como soporte del profesional, ayudándolo a simplificar procesos para que pueda concentrarse en donde su conocimiento y experiencia generan mayor valor: la atención a las personas”, sostiene.

Según explica, los robots de BD tienen más de 30 años de desarrollo y el primero instalado por la compañía fue retirado recientemente después de tres décadas de funcionamiento. A nivel mundial, la empresa cuenta con más de 15.000 robots instalados y, de acuerdo con los datos aportados durante la presentación, más de 240 funcionan actualmente en nuestro país.

El sistema no se limita a buscar una caja. También permite llevar un control detallado del inventario, detectar medicamentos próximos a vencer y optimizar el espacio disponible. Para Galasso, ese último punto puede resultar especialmente importante en una farmacia: al trasladar parte del almacenamiento hacia el robot, se pueden liberar metros cuadrados para la sala de ventas y mejorar la circulación.

También aparece otro beneficio: reducir los errores humanos. El robot recibe una orden y busca exactamente el medicamento solicitado. De esta manera, se reduce el riesgo de que un empleado tome una presentación equivocada entre cajas similares.

“Automatizás atrás y humanizás adelante”, resume Galasso al explicar la filosofía detrás de estos sistemas.

 

UNA FARMACIA DE BARRIO QUE SE ANIMÓ AL CAMBIO

Un ejemplo concreto está en la Farmacia Azul, una farmacia de barrio de Balvanera, situada en Moreno y Entre Ríos, que este año celebra 75 años y que actualmente es administrada por la tercera generación de la familia.

Su dueño y gerente, Juan Ignacio Bernaldez, decidió incorporar en 2025 un BD Rowa Vmax160. El proyecto fue pensado específicamente para las características del establecimiento y terminó convirtiéndose en una de las instalaciones más grandes de este tipo en una farmacia de Sudamérica.

El robot tiene unos 14,7 metros de largo, dos brazos, dos sistemas de carga y seis puntos de entrega. Además, cuenta con aproximadamente 23 metros de cinta transportadora y tres espirales que llevan las cajas hasta los diferentes sectores de atención.

La instalación no fue algo que pudiera hacerse de un día para otro. Bernaldez recuerda que tuvo que cerrar la farmacia durante dos jornadas y que llegaron dos camiones semirremolque con los componentes. Un equipo de técnicos comenzó a trabajar inmediatamente, mientras buena parte del mobiliario del establecimiento había sido desmontado para permitir el ingreso de la estructura.

Después llegó otro desafío: cargar el robot. “Le cargué 20.000 cajitas”, cuenta Bernaldez al recordar los días posteriores a la instalación. Trabajaron durante tres turnos para incorporar el stock y dejar el sistema preparado para comenzar a vender. Una vez conectado con el sistema de facturación, el robot empezó a llevar cada medicamento hasta el punto de entrega correspondiente.

La estructura fue diseñada a medida. Bernaldez incluso decidió que el robot no quedara oculto detrás del mostrador, sino que pudiera verse desde el salón y desde la calle.

“Me gustaba que se viera toda la cocina”, explica. La idea era que el cliente pudiera observar el movimiento del brazo y las cajas mientras el empleado continuaba atendiendo.

Pero la transformación más importante, según el dueño de Farmacia Azul, no está en la máquina sino en lo que ocurre delante de ella.

 

MÁS TIEMPO CON EL CLIENTE

Farmacia Azul tiene una característica particular: buena parte de sus clientes son personas mayores. Para Bernaldez, la farmacia cumple allí una función que excede la simple venta de medicamentos.

“La farmacia es siempre un lugar donde la gente mayor va”, explica. Y en ese contexto, disponer de algunos minutos adicionales para escuchar a una persona puede ser tan importante como entregar rápidamente una caja.

Antes de la automatización, un empleado podía desaparecer durante varios minutos para buscar un medicamento. Ahora esa tarea la realiza el robot mientras el trabajador permanece frente al mostrador. “Me libera horas de trabajo”, sentencia Bernaldez.

Ese tiempo adicional le permitió, según cuenta, concentrarse en la capacitación de sus empleados, mejorar el trabajo en equipo y dedicar más atención a cuestiones vinculadas con los recursos humanos.

También cambió la percepción de los clientes. Al principio, recuerda Bernaldez, algunos pensaban que la llegada del robot iba a significar que los empleados perderían sus puestos. Un año y medio después, la situación fue diferente: las mismas personas siguen trabajando, pero ahora pasan menos tiempo caminando hacia el depósito y más tiempo atendiendo. “En vez de irse atrás tres, cuatro o cinco minutos a buscar los remedios, se quedan con ellos”, explica.

Para Galasso, ese cambio es precisamente uno de los principales objetivos de la automatización. El robot puede trabajar mientras el farmacéutico conversa con el cliente, responde una consulta o explica cómo utilizar un medicamento.

La tecnología también puede ayudar a evitar lo que en el sector denominan “fuga de clientes”: personas que abandonan una farmacia porque ven demasiada gente esperando o porque la atención demora demasiado.

 

INVENTARIO, VENCIMIENTOS Y MENOS ERRORES

La automatización también apunta a un problema menos visible para el consumidor: la administración del stock.

Un robot puede saber dónde está cada medicamento, qué cantidad queda disponible y cuáles están próximos a vencer. Según Galasso, esto permite reducir pérdidas y evitar que el dinero quede inmovilizado innecesariamente en productos que después pueden terminar vencidos.

Los sistemas también permiten generar información para mejorar la administración del inventario y detectar qué productos tienen mayor o menor rotación.

La confiabilidad es otro de los argumentos de la compañía. Según información oficial de BD Rowa, sus sistemas alcanzan un 99,9% de confiabilidad operativa y el 98% de los incidentes puede resolverse de manera remota.

Pero Galasso aclara que el robot no reemplaza al farmacéutico ni toma decisiones médicas. Su función es ejecutar de manera precisa una orden que ya fue determinada por el sistema de la farmacia. En el futuro, la inteligencia artificial podría utilizarse para ofrecer información que ayude al profesional a administrar mejor el inventario, pero no para decidir qué medicamento debe recibir un paciente.

 

UNA INVERSIÓN A MEDIDA

No existe un precio único para estos sistemas. Cada instalación se diseña de acuerdo con el espacio, el volumen de operaciones y la forma de trabajar de cada farmacia.

En el caso de Farmacia Azul, la solución terminó incluyendo dos brazos, dos puntos de carga, seis bocas de entrega y una extensa red de cintas y espirales.

“Cada farmacia tiene una dinámica, un espacio y necesidades diferentes, por eso la automatización no puede pensarse como una solución estándar”, sostiene Galasso.

La empresa calcula que el retorno de inversión puede ubicarse, dependiendo de cada proyecto, entre los dos y tres años. Para llegar a ese resultado se consideran factores como el ahorro generado por la reducción de vencimientos y errores, la optimización del espacio y las posibilidades de venta cruzada.

En Farmacia Azul, la apuesta de Bernaldez tiene además otro componente: mantener la identidad de una farmacia de barrio que lleva 75 años atendiendo a sus clientes.

La paradoja es que, en este caso, la tecnología no llegó para alejar al farmacéutico de las personas. Llegó para sacarlo de detrás de las cajas y devolverlo al lugar donde siempre estuvo: frente al cliente.