Hace ya algunos años que la India viene expresando de manera cada vez más explícita su disconformidad con la forma en que es evaluada por los ránkings internacionales. La crítica no se limita sólo a un tema de posiciones, sino que apunta al corazón de estos instrumentos: los criterios que utilizan, los valores que los sustentan y el poder que ejercen sobre la reputación de los países.
Desde la perspectiva india, estos ránkings globales funcionan como una suerte de atajos analíticos que simplifican realidades complejas, castigan a países grandes y heterogéneos y terminan reflejando estándares occidentales más que universales.
En ese marco, la lectura que se hace en la India es la de una constante evaluación a la baja en índices de desarrollo humano, libertades civiles o calidad institucional, sin que esas posiciones reflejen necesariamente el peso ni impacto real de la India en el orden global.
Esa crítica pasó los límites del plano académico y se convirtió en una política de Estado. En el último tiempo el gobierno indio empezó a cuestionar abiertamente mediciones como el Global Hunger Index o los índices de democracia, poniendo en duda tanto sus métodos como la validez de sus conclusiones para un país de la escala, diversidad y complejidad de la India.
De hecho, esa postura se hizo explícita en 2023, cuando el propio gobierno dejó trascender que analizaba resistir la influencia de los think-tanks y organizaciones que producen ránkings globales, cuestionando su transparencia metodológica y su capacidad para capturar la trayectoria de cualquier país, no sólo de la India.
EL RNI
Con todos estos antecedentes, nadie debería haberse sorprendido la semana pasada con la aparición del Responsible Nation Index (RNI), un trabajo conjunto entre la World Intellectual Foundation (WIF), la Universidad Jawaharlal Nehru (JNU) y el Indian Institute of Management de Mumbai.
Lejos de ser un ejercicio técnico neutral, el índice aparece como una respuesta política e intelectual al mundillo de los rankings internacionales.
El comunicado oficial señala expresamente: “Este índice representa un cambio importante desde las métricas basadas en poder hacia evaluaciones centradas en responsabilidad, vinculando los resultados de decisiones, acciones o políticas de un gobierno con valores éticos y humanitarios.”
Es decir, en lugar de disputar posiciones dentro de los rankings existentes, la India optó por cuestionar el criterio mismo de evaluación. El RNI propone un desplazamiento conceptual: ya no pregunta cuán desarrollado, poderoso o eficiente es un país puertas adentro, sino cuán responsable es su comportamiento hacia el resto del mundo.
EXTERNALIDADES
La lógica del índice se apoya en la noción de externalidades. Un país puede mostrar buenos indicadores domésticos y, al mismo tiempo, generar costos ambientales, políticos o económicos a escala global.
El RNI intenta medir ese impacto a partir de tres grandes dimensiones (Responsabilidad Interna, Ambiental y Externa) que se construyen a partir de datos de organismos internacionales.
Sin embargo, a diferencia de otros rankings con mayor recorrido, el RNI todavía no permite acceder de manera pública y detallada al listado completo de las variables utilizadas ni a las ponderaciones aplicadas para llegar al resultado final. Se trata de una limitación relevante tratándose de un índice que aspira a funcionar como contrapeso del orden vigente.
Como es lógico, los resultados refuerzan el mensaje que el índice busca instalar. Las grandes potencias quedaron en mitad de tabla o incluso más abajo: Estados Unidos se ubica en el puesto 66°, China en el 68° y Rusia desciende hasta el 96°, todas rodeadas de países medianos o periféricos en términos de peso geopolítico. En línea con la idea de que el dinero no hace a la felicidad, no sorprende el bajo desempeño de Qatar (141°), una de las economías con mayor ingreso per cápita del mundo).
En contraste, países chicos y medianos de bajo impacto externo y con reglas claras concentran los primeros lugares (Singapur, Suiza, Dinamarca, Chipre y Suecia serían las naciones más responsables).
La India, por su parte, se ubica en el puesto 16°, por delante de varias potencias consolidadas como el Reino Unido (25°), Italia (34°), Canadá (45°) o Australia (62°), un dato que funciona menos como autobombo que como demostración empírica del criterio que el RNI propone. ¿Y la Argentina? Su nivel de responsabilidad la deja en el puesto 92°, entre Zambia (91°) y Bolivia (93°).
Con el RNI, la India no rechaza la lógica de los indicadores ni le cierra la puerta a los rankings internacionales, pero sí pone en tela de juicio quién define esas métricas y con qué criterios.
Además de representar una bocanada de aire fresco en un ámbito donde siempre parecen jugar los mismos actores, el RNI es un intento explícito de disputar autoridad en este campo y definir qué significa hoy ser un “país responsable”, incluso cuando, como toda primera edición, arrastre todavía algunos detalles de transparencia y precisión metodológica que serán clave para su consolidación en el futuro.
* Director de Análisis e Investigación en gormanlee.com.