La Prensa cumple hoy 157 años y para celebrarlo ofrecemos una edición especial centrada en la figura de Su Santidad, León XIV.
Hemos atravesado (y soportado) gobiernos de todos los signos, crisis económicas, cambios tecnológicos y modas intelectuales sin perder el rumbo. Desde su primera edición, este diario defendió la libertad individual, la división de poderes, la propiedad privada, la libertad de expresión, los principios judeocristianos y el valor de las instituciones por encima de los hombres. Lo hizo cuando era cómodo y, sobre todo, cuando fuimos víctimas de la persecusión ideológica.
La coherencia, obviamente, no es rigidez. Un diario liberal debe someter sus ideas al debate, reconocer errores y escuchar al que piensa distinto, porque esa es la esencia del liberalismo. Pero tampoco es veleidad. La persistencia en los principios es lo que permite al lector saber, generación tras generación, desde dónde se le habla. En un tiempo en que las posiciones se ajustan al clima de cada coyuntura, sostener una línea editorial a lo largo de más de un siglo y medio es una forma de respeto hacia quienes nos leen.
Esa continuidad no habría sido posible sin quien hoy conduce esta empresa. Como un peñasco en la marea, Don Florencio Aldrey (foto) ha tomado la decisión de seguir editando este diario en papel aun con todos los vientos en contra: la migración de la publicidad a las redes sociales, el encarecimiento de los insumos, el desplazamiento de la lectura hacia el entretenimiento inane de las pantallas y la tentación, siempre presente, de resignar calidad o independencia a cambio de supervivencia. Nuestro director optó, en cambio, por sostener una redacción profesional, una tradición y un compromiso con la verdad que no admite atajos. Esa convicción merece reconocimiento público.
Al llegar a este aniversario, renovamos nuestro compromiso con los lectores: seguir informando con rigor, opinando con libertad y defendiendo, sin estridencias pero sin concesiones, las ideas que nos dieron origen. Porque la prensa libre no es un negocio más. Es una condición esencial de la República.