La Guardia Revolucionaria iraní prometió este domingo venganza por la muerte del líder supremo de Irán, Ali Jameneí, con un castigo “duro y decisivo” y la mayor operación militar en la historia del país contra Israel y objetivos de Estados Unidos.
“La mano de la venganza de la nación iraní no dejará en paz a sus asesinos hasta que se enfrenten a un castigo duro, decisivo y lamentable”, dijo el cuerpo militar de élite en un comunicado poco después del anuncio de la muerte de clérigo de 86 años en los ataques de Israel y Estados Unidos.
A continuación, la Guardia Revolucionaria aseguró que lanzaría “en momentos” la mayor operación militar en la historia de las Fuerzas Armadas del país contra Israel y objetivos de Estados Unidos en Oriente Medio.
El anuncio se produce poco después de que la televisión estatal iraní confirmase la muerte de Jameneí en su oficina el sábado en los ataques de Israel y Estados Unidos contra la República Islámica.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció este sábado que Jameneí, quien ha ejercido como líder supremo de Irán desde 1989, murió en los ataques y llamó al pueblo iraní a "recuperar" su país tras décadas de régimen de los ayatolás.
"Jameneí, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto. Esto no solo es justicia para el pueblo iraní, sino para todos los grandes estadounidenses y las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jameneí y su banda de matones sanguinarios", escribió Trump en su red Truth Social.
La ofensiva estadounidense e israelí comenzó a primera hora del sábado contra objetivos en Teherán y otras ciudades iraníes como Tabriz (noroeste) e Isfahán (centro).
Los ataques se han saldado por el momento con más de 200 muertes, según los cálculos de la Media Luna Roja.
Jameneí fue, además de líder religioso, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas con un poder absoluto, ya que sus seguidores controlan las principales instituciones como el Poder Judicial y el Parlamento.
Ante el temor de que fuera asesinado o apartado del poder, Jameneí nombró hace una semana a algunos líderes políticos iraníes como posibles administradores de Irán, entre los cuales se encuentra el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Lariyani.
Caracterizado por su turbante negro y su frondosa barba blanca, Jameneí supo mantener el equilibrio entre las distintas facciones para que ninguna acaparara demasiado poder desde que fue nombrado sucesor del ayatolá Ruholá Jomeiní el 4 junio de 1989.
Nació el 16 de julio de 1939 en la ciudad santa de Mashad, cerca de la frontera iraní con Afganistán, en el seno de una familia de religiosos chiíes que le enseñaron a llevar una vida sencilla y humilde.
Estudió el Corán en la ciudad santa del chiísmo, Nayeb, en Irak, y de regreso a Irán acudió a la escuela religiosa de Qom bajo la dirección de los grandes ayatolás seguidores de Jomeini, y a la Universidad de Teherán.
Desde comienzos de los sesenta fue activista del movimiento islámico contrario al Shah Reza Palhevi y participó en el levantamiento armado contra su régimen en 1963.
En 1964 regresó a Mashad y desde entonces y hasta el triunfo de la Revolución, en 1979, fue encarcelado varias veces por la policía política del Sha.
A partir de 1978 se dedicó a la actividad revolucionaria y participó en el derrocamiento del Sha en febrero de 1979 que llevó a los ayatolás al poder.
Formó parte del Consejo de la Revolución, órgano creado tras la revolución, hasta su disolución en 1980, al constituirse el primer Parlamento, del que fue diputado.
Fue miembro del Consejo Supremo de Defensa, máximo órgano del mando militar, creado al estallar la guerra entre Irán e Irak en 1980, el mismo año en que fue nombrado consejero ministerial, comandante de los Guardianes de la Revolución y más tarde líder de la plegaria semanal de los viernes en Teherán.
Tras la muerte del ayatolá Ruholá Jomeini, quien le consideraba "su hijo espiritual", en junio de 1989 fue elegido su sucesor.
Considerado entonces de tendencia moderada, era partidario de reavivar las relaciones con Occidente y acabar con el aislamiento internacional.
En noviembre de 1994, tras la muerte del gran ayatolá Mohamed Alí Araki, máxima autoridad del islam chií, fue elegido su sucesor.
En junio de 1998, por primera vez desde la caída del Sha, se produjeron protestas universitarias para pedir la separación de lo político y lo religioso.
A raíz de las protestas por la muerte en comisaría, en septiembre de 2022, de la joven kurda Masha Amini tras ser detenida por la policía de la moral por no llevar bien puesto el velo, criticó duramente las manifestaciones, de las que dijo que fueron planeadas.
La represión policial provocó centenares de muertos, según la ONG Human Right Watch.
Tras el estallido de la guerra entre el grupo palestino Hamás e Israel en octubre de 2023, tachó de genocida a este último por los bombardeos contra Gaza.
La situación se agravó a raíz de la cruzada que emprendió el estado hebreo el 13 de junio de 2025 con bombardeos a las instalaciones nucleares iraníes y los asesinatos selectivos de los principales altos cargos del Ejército y la Revolución, así como varios científicos, con el fin de impedir la obtención por parte de Teherán de la bomba nuclear.
En este contexto prometió un destino “amargo y doloroso” para Israel.
El 21 de junio del año pasado, Estados Unidos emuló a Israel y bombardeó por primera vez las plantas nucleares de Isfahán, Natanz y Fordo, en suelo iraní.
Refugiado en un búnker según algunos analistas, Jameneí apareció por última vez en público en Teherán el 5 de julio, la víspera de la festividad religiosa de Ashura que celebran los chiíes.