Política

La Argentina está obligada a crear poder


Por Miguel Angel Troitiño

Recordar el conflicto del Atlántico Sur nos llama a no olvidar que aún tenemos pendiente recuperar la integridad soberana de la Patria, Y, en ese recuerdo, enseñar a las nuevas generaciones el valor y la entrega de aquellos que, convencidos, lucharon para defender lo nuestro.

La emoción fluye, en momentos de extremo sentir, de palpitaciones que se descontrolan en el pecho de muchos: en el de todos esos veteranos que reviven en sus sueños su historia y en el de tantos otros argentinos que, ajenos a semejante experiencia, la toman como propia y los enorgullece.
Pero ya han pasado 44 años, casi medio siglo, y ¿qué hemos hecho al respecto?

En ese vaivén desorientador de las diferentes políticas de los gobiernos que se sucedieron hasta el presente, encontramos en la Convención Constituyente de 1994, la incorporación de la Cláusula Transitoria Primera a la Constitución Nacional, en la que la República Argentina plasmó la declaración de sus derechos soberanos sobre nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.

Sin embargo, desde ese momento y hasta nuestro presente, 32 años, solo dos acciones fueron constantes en el tiempo: una, el reclamo de soberanía ante los organismos internacionales, lo cual ha asegurado ante el mundo la inclaudicable posición Argentina. La otra, recordarnos a nosotros mismos, que tenemos el tema pendiente. Nada más.

Eso nos debería confirmar que la Cancillería no soluciona por sí sola nuestros problemas de soberanía. Menos, si con cada gestión de gobierno hasta el presente, nuestra política exterior resultó contradictoria, con posturas intransigentes, otras excesivamente permisivas, de seducción, o la nada misma. Evidencia clara de la inexistencia de una Política de Estado.

NADIE REGALA NADA

En un presente que nos muestra un mundo convulsionado, de enormes cambios que suceden vertiginosamente, con acciones geoestratégicas de las súper potencias que modifican el escenario de acuerdo a sus intereses, muchos argentinos se entusiasman al ver cómo Estados Unidos increpa al Reino Unido por su falta de apoyo, y ligan esto al reverdecer de la Doctrina Monroe y su América para los americanos. Rápidamente advierten la posibilidad de recuperar nuestras Malvinas.

Nadie regala nada y no existen sentimientos entre países, sino intereses. Ni Estados Unidos en su excelente relación eventual con la Argentina, ni el Reino Unido, con sus problemas socioeconómicos y los costos del mantenimiento del enclave, ni una nueva votación exitosa en la ONU a favor de nuestro reclamo soberano, entre otras posibilidades, permitirán que veamos flamear nuestra bandera en Malvinas. Hoy vivimos una realidad que nos abruma de ejemplos en los que cada actor de este mundo lucha por sus intereses y, a partir de ellos, elije el mejor camino para lograrlos. Lo logran aquellos que hacen valer su poder.

CONSTRUIR PODER

Debemos construir poder. Su construcción demanda, por un lado conocernos a nosotros mismos, nuestras capacidades y debilidades, explotar y potenciar las primeras y minimizar y protegernos de las segundas y, por el otro, conocer a los actores del mundo, sus características e intereses, para aprovecharlos a través de alianzas, o neutralizarlos, evitando los daños que pueden provocarnos.

No debemos romper con nuestra esencia, basada en la filosofía estratégica plasmada en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, y en los 4 pilares fundacionales de la misma: la razón griega, el derecho romano, la religión judeocristiana y el sentido de la libertad de Occidente.

En nuestra relación con el mundo, debemos entender que terceras posiciones o vías requieren poder, para hacer lo que uno quiere más allá de los deseos de las súper potencias. Mientras tanto, en función de nuestra esencia y posición geográfica, resulta lógico alinearse y aliarse con actores de Occidente. El alcance de esto exige cuidado, porque si no tenemos claro lo que queremos, probablemente hagamos lo que otros quieren, inclusive lo que no nos conviene. El costo-beneficio deberá agudizar nuestro ingenio.

La recuperación de nuestra plena soberanía, implica convencer a Londres y sus aliados, que les conviene ceder/devolver el espacio usurpado. Ese convencimiento debe basarse en que, hacerlo, sería la mejor solución para el logro de sus intereses.

Cuanto más poder tenga Argentina, más convincente será y mayor capacidad de negociación logrará para alcanzar sus máximas pretensiones, sabiendo que en una negociación, ambos deben ceder, aunque más cede el más débil.

Necesitamos poder. Desarrollarlo lleva tiempo, intereses y objetivos bien definidos y coherencia y continuidad de gestión. Argentina tiene un potencial que, en el marco de la situación actual del mundo, invita a pensar que es absolutamente posible lograrlo. En ello, el diseño y definición legal de la estrategia nacional para su desarrollo debe ser realizado por el Congreso de la Nación, lo antes posible. Seguir demorando nos pone cada vez más vulnerables, mientras aumenta el interés de los poderosos en nuestra región.

Esos intereses y objetivos aún no han sido definidos por Argentina. A partir de ellos, el camino para lograrlos determina políticas de estado para:

* Ordenar al país (respecto a lo federal, a la economía, a lo social y laboral, a la demografía, a la ley, entre otros aspectos).

* Explotar los recursos naturales (terrestres y marinos).

* Crear industrias asociadas para generar valor agregado.

* Desarrollar la infraestructura de transporte para comunicar y unir al país y éste al mundo.

* Desarrollar la seguridad nacional.

* Animarse a la carrera científica-tecnológica.

* Adecuar la educación a nuestras necesidades.

Y en todo, competir. Todas son acciones que, integradas, nos harán mejores y más poderosos.

El debido respeto a nuestros veteranos no solo nos obliga a recordarlos y reconocerlos los 2 de abril de cada año. Nos exige mirarlos a los ojos y reconfortarlos en la seguridad de demostrarles que estamos trabajando para hacer grande al país y para recuperar nuestras Islas Malvinas.

FOTO: GUSTAVO CARABAJAL