Cultura
SANTIAGO POSTEGUILLO PRESENTA ‘LOS TRES MUNDOS’

Julio César, creador de Occidente

El tercer título de la serie de novelas históricas del escritor español sobre el líder romano transcurre durante la guerra de las Galias. La situación en Egipto y las disputas en Roma constituyen el telón de fondo.



Santiago Posteguillo es uno de los autores de novela histórica más vendidos en español, un creador prolífico que no le teme a las obras extensas, de las que rondan el millar de páginas y se pierden en tramas arbóreas pobladas por innumerables personajes.

Años atrás inició una serie oceánica que reimagina la vida de Julio César. El eslabón más reciente, Los tres mundos (Ediciones B), transcurre mientras se libra la llamada “guerra de las Galias”.

Una excusa perfecta para que el escritor desarrolle la idea cómo el político y militar romano "forjó" un Occidente al que ahora ve "en decadencia".
"Lo que nos enseña la historia de Julio César es que los radicalismos en política siempre acaban en violencia", expresó el escritor durante el reciente viaje de presentación de la tercera novela de una serie que en total debería llegar a los seis títulos.

El proyecto se inició con Roma soy yo (2022) y prosiguió con Maldita Roma (2023), de las que se han vendido alrededor de medio millón de ejemplares en todo el planeta.

Si en la primera se narraban los orígenes de Julio César y en la segunda el tema era su fulminante ascenso político, en Los tres mundos culmina la trilogía del ascenso del líder repartida en tres escenarios: el frente militar en la Galia, el político en Roma y las noticias que llegan de Egipto, donde gobierna Berenice IV tras haber depuesto a su padre, Tolomeo XII, exiliado en Roma junto a su hija menor, la futura Cleopatra VII.

DOS CIUDADES

Con olfato para el dato histórico de color, el ganador del Premio Planeta en 2018 con Yo, Julia eligió para la presentación de prensa las actuales ciudades alemanas de Tréveris y Coblenza, que formaron parte de la Galia romana.

La primera, a orillas del río Mosela, fue una de las cuatro capitales imperiales y muchos de sus restos, como la Porta Nigra, el anfiteatro o las termas imperiales, están consideradas Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. "Quería subrayar que la conquista de la Galia de Julio César va mucho más allá de la actual Francia -subrayó el escritor valenciano durante un recorrido por la ciudad junto a un grupo de periodistas internacionales-. La Galia era también Luxemburgo, Países Bajos, el sur de Britania, era Suiza, por supuesto Francia, el norte de Italia y parte de Alemania".

La otra escala de la presentación fue en la ciudad de Coblenza, un enclave estratégico a lo largo de los siglos, situado en la confluencia entre el Mosela y el Rin. Allí una imponente estatua ecuestre del emperador Guillermo I celebra la unificación alemana culminada en 1871.

ESCENA CLAVE

No muy lejos de la urbe tiene lugar una escena importante de la novela, documentada en los libros escritos por el propio Julio César, clásicos de la lengua latina. Posteguillo la considera una prueba de su ingenio y su capacidad para apabullar al enemigo, cuando el mandatario logró que sus hombres construyeran un puente sobre el Rin en solo diez días.

A lo largo de las mil páginas de Los tres mundos, Posteguillo dibuja a un César evidentemente conquistador y ambicioso, que se va "oscureciendo" y que es capaz de ejercer la violencia sin contemplaciones.

"Desde nuestros parámetros de hoy, César podría resultar muy violento, pero utilizaba el mismo nivel de violencia que aquellos a los que se enfrentaba", aclaró.

El propósito del líder romano, subrayó el escritor, nunca fue aniquilar a la población gala sino ampliar su territorio causando la menor destrucción posible. "César no fue un genocida", señala categórico.

Posteguillo describe a César como un líder magnánimo y se anima a conjeturar que, de no haberlo sido, no habría terminado asesinado por sus enemigos. Otro de sus atributos destacables era la cultura.

"Si tuviéramos líderes con la calidad de Julio César, nos iría mejor", arriesga el autor valiéndose de una comparación que le sirve para criticar la poca formación que se exige a los dirigentes políticos en la actualidad.

"No sé cómo se puede ser diputado teniendo mucha menos formación de la de la que se le puede exigir a un bedel, que (en España) tiene que hacer una oposición y saberse al menos la Constitución -protestó-. Los debates en el Senado romano tenían nivel".

DECADENCIA

Aunque ahora está volcado en la escritura y ha vendido más de cinco millones de ejemplares de toda su obra, Posteguillo es también filólogo, lingüista y profesor universitario. Ha dado clases durante 30 años y se queja de que "nunca" ha visto que ningún gobierno, de ninguna ideología, aumente la inversión en educación, en investigación y en cultura.

Apunta, en ese sentido, que la actual decadencia occidental tiene mucho que ver con la pérdida de la cultura del esfuerzo.

"El nivel de exigencia en los distintos niveles educativos va decreciendo, y no solo en España -advierte-. Vamos a acabar en manos de arribistas (…). Quienes nos gobiernan tienen claro que adocenar a la población es la forma más fácil de gobernar para tener súbditos en lugar de ciudadanos".

Posteguillo también critica la tendencia actual de vivir "en la ansiedad de lo inmediato" y reivindica "la paciencia necesaria para las grandes cosas".
Cita una idea del primer ministro británico Winston Churchill, quien distinguía entre políticos (los que solo piensan en las siguientes elecciones) y estadistas, que son los que se preocupan de la siguiente generación.

"La sensación es que estadistas, estadistas, hoy día no hay muchos", observó.