Dos extraños
Por Luis Gusman
Edhasa. 192 páginas
Algo se rompió en el interior de Adrián Venturi, como en esos relojes antiguos a los que les salta la cuerda. El temor a la vejez, el pánico a la decrepitud, la imposibilidad de seguir siendo quien fue. Todo eso y algo más lo impulsaron a huir, a escapar de un destino inevitable.
Cantor de tangos, dueño de un prestigio en el ambiente que, sin embargo, no lo llevó al éxito ni a las luces de la calle Corrientes, Venturi responde a la invitación para participar en un clásico festival del rubro en Mar del Plata. Ese es el comienzo de todo.
Ya en La Feliz, un puñado de motivos lo llevan a tomar una decisión drástica: mutar por completo su apariencia y cambiar su nombre. Sin bigote, con el pelo renegrido, pasará a llamarse Omar Montessi.
Dos extraños, la última novela del escritor Luis Gusmán, hilvana de tal manera los episodios que narra que el relato cobra velocidad, ritmo. Los largos diálogos recrean con éxito el intercambio informal de la oralidad. El texto gana así una impronta natural.
Convertido en Montessi, Venturi inicia un juego de simulación con resultados diversos. Huye en una hoja de ruta confusa, descontrolada. Hasta que la vida lo cruza con Natalia, una mujer joven que le hará cambiar de rumbo y sumarse a una cruzada sentimental y riesgosa, atravesada por la venganza.
Entre los dos iniciarán un periplo por diversas localidades de la provincia de Buenos Aires -Ayacucho, Bragado, Pergamino- en el afán por rescatar retazos de un pasado distante. Buscarán las piezas de ese rompecabezas en bibliotecas, algunas casas, un cementerio.

La identidad entra en disputa, se desdibuja, cruza líneas marcadas en rojo. ¿Es Montessi el único impostor en esta historia? Quizás el destino, impredecible, le tenga deparada una sorpresa.
De lectura ágil, entretenida, la última novela de Gusmán encuentra en la cultura del tango un referente permanente, y se consolida desde un costumbrismo que echa mano de la ironía y la reflexión.