La escena política nacional no quedó congelada tras el discurso presidencial. Apenas unas horas después, el gobernador bonaerense Axel Kicillof inauguró las sesiones ordinarias de la Legislatura provincial con un mensaje que, más allá de las cuestiones estrictamente provinciales, funcionó como una respuesta política al rumbo planteado por Javier Milei.
Si el Presidente buscó presentar una doctrina basada en la moral del mercado y la centralidad de la libertad económica, Kicillof expuso la contracara: un Estado activo, presente y con capacidad de intervención para equilibrar lo que considera los efectos sociales del ajuste. No se trata simplemente de dos programas de gobierno distintos. Se trata de dos concepciones de país.
En el discurso del gobernador volvió a aparecer una narrativa conocida dentro del peronismo: la defensa del rol del Estado como garante de derechos, la crítica al ajuste fiscal impulsado por el Gobierno nacional y la advertencia sobre los efectos sociales del programa libertario.
Pero lo más relevante no estuvo únicamente en el contenido económico. Estuvo en el posicionamiento político.
Kicillof parece haber asumido, al menos por ahora, el papel de principal contrapunto institucional frente a Milei. En un escenario donde la oposición nacional todavía busca reorganizarse, el gobernador bonaerense intenta ocupar el lugar de referencia del campo opositor. No es el único por cierto, pero la visibilidad que otorga la provincia de Buenos Aires es clave para ponerse al frente de esa construcción.
De esta manera, comienza a configurarse una polarización que excede el debate legislativo o económico y que empieza a adquirir una dimensión política más estructural: Milei frente a Kicillof. Es un juego que, para el Presidente de la Nación quedó evidenciado en pelearse con Cristina Kirchner y no dedicarle un sólo segundo al gobernador. En definitiva, ese punto es el más controversial para el mandatario bonaerense: como salirse del encasillamiento que arrastra desde sus orígenes en la política. Dos modelos. Dos narrativas. Dos visiones del Estado.
LA INTERNA DEL PJ
Sin embargo, esa construcción de liderazgo opositor convive con un dato que el propio sistema político observa con atención: la interna del peronismo bonaerense.
El gobernador busca consolidar su perfil nacional en un momento en que el peronismo atraviesa una etapa de redefinición de liderazgos. La derrota electoral de 2023 dejó al espacio sin una conducción clara y abrió una disputa silenciosa -pero persistente- por la reorganización del poder dentro del movimiento.
En ese contexto, la Provincia de Buenos Aires vuelve a ser el principal territorio de acumulación política. Pero incluso allí las tensiones son visibles.
Las discusiones por el control del Partido Justicialista bonaerense, los reacomodamientos en la Legislatura provincial y las diferencias estratégicas entre distintos sectores del peronismo reflejan que el proceso de reorganización está lejos de estar cerrado.
Mientras Milei construye su identidad política a partir de la confrontación directa con lo que denomina “la casta” - aunque cada vez más le cueste más compatibilizar los dichos con los hechos- el peronismo discute cómo reconstruir su propio liderazgo.
Y en ese proceso, Kicillof intenta posicionarse como la figura capaz de encarnar una nueva etapa del espacio. En las oficinas platenses no tienen dudas: “Axel será candidato con o sin el apoyo de los K, no hay vuelta atrás”.
POLARIZACIÓN COMO MOTOR POLÍTICO
El resultado es un escenario cada vez más nítido: la política argentina parece encaminarse hacia una nueva lógica de polarización.
Milei necesita un antagonista claro para sostener su narrativa de transformación. Kicillof, por su parte, encuentra en la confrontación con el proyecto libertario una oportunidad para consolidar su liderazgo dentro del peronismo.
La dinámica no es nueva en la política argentina. Pero adquiere ahora una característica particular: se trata de una polarización que enfrenta no solo partidos -imperceptibles en su rol- sino concepciones profundamente distintas sobre el rol del Estado, el mercado y el rumbo del país.
De un lado, el proyecto libertario que propone reducir al mínimo la intervención estatal y liberar las fuerzas del mercado. Del otro, un peronismo que intenta reconstruirse reivindicando el papel del Estado como herramienta de equilibrio social. Pero con el lastre de los últimos años en la administración nacional que ha desembocado en una concepción más peligrosa aún: así como los encuestadores suelen detectar si hay mandato de cambio antes de una elección, se estaría gestando otro mandato en la sociedad que expone las dudas de regresar a fórmulas ya probadas. Aquellas nuevas canciones que proponía Kicillof se hacen más necesarias que nunca. El tema es si la sociedad estará dispuesta a escucharlas de la boca de los mismos protagonistas. En caso de que existan esas nuevas canciones.
En el fondo, la discusión vuelve a ser la misma que atraviesa la historia política argentina desde hace décadas. Pero con nuevos protagonistas. Y con un país que, una vez más, vuelve a debatir qué modelo quiere construir.
NUEVA ETAPA POLÍTICA
El Presidente intenta fundar una nueva etapa política. El gobernador intenta reconstruir una alternativa. En el medio queda una Argentina que vuelve a debatir algo que, en el fondo, nunca terminó de resolver: qué tipo de Estado quiere, qué lugar quiere ocupar en el mundo y qué modelo de desarrollo está dispuesta a sostener. Las doctrinas empiezan a delinearse.
Ahora comienza la etapa más difícil: ver si la realidad permite que esas doctrinas se conviertan en proyectos duraderos. Y vaya si hay datos de la realidad que asoman como luces encendidas en el tablero de control. El modelo que plantea Javier Milei deja afuera, básicamente, a los grandes conurbanos del país. El gran Buenos Aires hasta ahora ha sido el sostén de la permanencia de la “casta bonaernese”. Sí, porque en eso también muchos se han convertido aunque el título les pese en sus ideas. Métodos que se repiten, acciones que sólo privilegian a sus círculos más cercanos y un crecimiento patrimonial desmedido que suele llamar la atención a más de uno. Sin embargo, cuando llega el momento de abrir las urnas, el respaldo popular aún los encuentra bien parados.
En ese contexto, nace la ilusión de la movilidad política ascendente. Mientras Axel Kiclllof está obligado a salir para arriba, los intendentes quieren hacer lo mismo. La búsqueda de protagonismo para construir la renovación dirigencial es otra de las peleas ya no tan subterráneas que se están planteando en el mapa bonaerense. Algunas muestras se vieron el pasado lunes en los palcos de la Legislatura. Por un lado, el grupo de los jóvenes futboleros que integran Gastón Granados (Ezeiza), Nicolás Mantegazza (San Vicente), Federico Achával (Pilar) y Federico Otermín (Lomas de Zamora). Además de haberse mostrado en más de una oportunidad con el presidente de la AFA, Claudio Tapia, suelen encontrarse a delinear sus estrategias políticas con un partido de fútbol como telón de fondo. El último domingo fue uno de esos casos donde el escenario fue el recientemente inaugurado estadio de Estrella del Sur, el equipo de San Vicente que juega en la liga de la AFA.
Claro que no son lo únicos. El eje que va construyéndose con intendentes que tienen diálogo con cada uno de los sectores del peronismo, como Leonardo Nardini de Malvinas Argentinas también busca terciar y convertirse en síntesis. También Julio Alak, el intendente de La Plata va en ese camino.
Eso sí, a todos los atraviesa la misma duda: cualquier armado político no puede estar exento del contexto social en el que se desarrolla. En ese punto, la preocupación va en aumento. Extrañezas, o no tanto de estos tiempos. Así como Milei propone un modelo donde la extracción minera y energética tengan un rol fundamental, crecen las acciones de los gobernadores cordilleranos. Por alguna de estas razones ha comenzado un peregrinar, por ahora de bajo perfil, a las oficinas de Rolando Figueroa, el mandatario de Neuquén. Señales de una política que busca adaptarse a estos tiempos. Claro, si la realidad los deja.