El peso de la historia terminó por aplastar las ilusiones de Italia. Las cuatro estrellas ganadas (1934, 1938, 1982 y 2006) se volvieron difusas en la visión de los tifosi que sintieron cómo una nueva eliminación se les encarnaba ante el intento estéril de Gianluigi Donnarumma para desviar el penal con el que Esmir Bajraktarevic sentenció a la Azzurra.
Italia quedó eliminada de un Mundial de fútbol por tercera vez consecutiva. En la final del repechaje no pudo con Bosnia y Hezergovina, que disputará su segunda Copa.
El resultado del partido, ya anecdótico, fue 1 a 1. A los dirigidos por Gennaro Gattuso se les abrió la puerta de la esperanza a los 15 minutos cuando Moise Kean abrió el marcador. El delantero, que ya había marcado ante Irlanda del Norte en la semifinal, aprovechó un error desde la salida del arquero Nikola Vasilj para aventajar a Bosnia. Kean fue de lo mejor de Italia en las eliminatorias. Convirtió seis tantos en cinco partidos.
Pero lo que parecía un encuentro tranquilo fue mutando a un escenario de total incertidumbre.
Bosnia, con más carácter que fútbol... y con muy poco que perder, comenzó a empujar a Italia, que por momentos pareció acorralada.
Y fue ahí donde la figura de Donnarumma empezó a hacerse clave para sostener la victoria parcial. El arquero del Manchester City evitó la caída de su portería en varias ocasiones.
A los 41 minutos de la etapa inicial, el plan de Italia inició su debacle. El defensor Alessandro Bastoni cortó un ataque franco de Amar Memić, por lo que el árbitro le sacó roja directa. Gattuso, que buscaba resguardar esa mínima diferencia, reaccionó. Sacó a Mateo Retegui por el defensor Federico Gatti.
Los nervios se apoderaron de una Italia que no proponía un juego asociado y que no generaba situaciones de peligro. En frente, las ansias de Bosnia planteaban un segundo tiempo estremecedor.
Al inicio del complemento comenzaron a moverse los bancos de suplentes: Benjamin Tahirović y Kerim Alajbegović entraron por Ivan Sunjić y Sead Kolasinac en Bosnia y Marco Palestra por Matteo Politano en Italia.
Pese a la inferioridad numérica, Italia pudo liquidarlo a los 14 minutos. El bueno de Kean, esta vez no tan bueno, falló un mano a mano que, hasta ahí impensablemente, tendría severas consecuencias.
Italia perdonó a los Dragones y Donnarumma tuvo que estirarse al máximo para sacar una pelota que acariciaba el empate bosnio. Iban 72 minutos y a la victoria italiana se le agotaban los fundamentos.
Tan es así, que seis minutos más tarde se pulverizó. Un centro desde la derecha complicó al portero azzurro y Haris Tabakovic empujó la pelota a la red.
El 1 a 1, más justo, caló hondo en el ánimo de los italianos. La sombra de otra eliminación comenzó a eclipsar cualquier intento por torcer la historia.
Los últimos minutos se jugaron con muy poco fútbol. Pases a ningún lado, centros sin destino y, en el medio de todo eso, un claro penal no cobrado para Bosnia. Los Dragones, muy altos, representaban una amenaza real en el área de Donnarumma y los defensores italianos los contenían como podían, incluso fuera del reglamento con agarrones y empujones que el árbitro no vio.
En el alargue, agotados y con un jugador menos, a los italianos los mantenía de pie su orgullo. Bosnia, en tanto, iba con lo que podía en busca de una clasificación que, aunque merecida, estaba fuera de los papeles.
Con un juego rudimentario pero consistente, los balcánicos mantenían la pelota en el campo italiano. Pero los latinos, con más oficio, se las ingeniaron para generar peligro. Y tuvieron un tiro libre en la puerta del área que Sandro Tonali dejó en las rodillas de la barrera. La pelota siguió y un centro pasado encontró la cabeza de Francesco Pio Esposito en el segunto palo, pero Vasilij desvió la pelota como si fuese un arquero de handball.
En el segundo tiempo extra, lo tuvo Bosnia. A dos minutos del final, Tahirovic soltó un remate en la medialuna que se fue al lado del palo izquierdo de Donnarumma.
Pitazo final y a los penales. En los doce pasos, la presión inclino inexorablemente la balanza para los bosnios. Porque en esa definición se mostraron fríos y concentrados en un solo objetivo: la clasificación. Italia, en cambio, sucumbió a la inestabilidad emocional. Ellos debían vencer, no solo al arquero rival, sino a las críticas, al miedo, al bochorno, a los memes y a su propia historia.
El resultado fue elocuente. Para bosnia convirtieron todos los que ejecutaron: Benjamin Tahirovic, Haris Tabakovic, Kerim Alajbegovic y Esmir Bajraktarevic. Para Italia solo lo hizo Tonali… Pio Esposito desvió su penal y Bryan Cristante chocó el suyo en el travesaño.
Fin del dilema. Italia quedó por tercera eliminada vez consecutiva de un Mundial. La Azzurra demostró, nuevamente, que no está en el debate de las potencias actuales del fútbol internacional, ni siquiera cuando son 48 las naciones que competirán este año.
Atrás quedaron las épocas de gloria. Muy lejos los balones de oro y goleadores internacionales. La serie A se nutrió mucho tiempo de figuras extranjeras y la selección Italiana pagó, en los últimos 12 años, la consecuencia de la carencia de talentos propios.