Tecnología

Inteligencia Artificial para asustar a cualquiera

 En las últimas semanas los medios de comunicación nos vienen abrumando, y alarmando, con la Inteligencia Artificial (IA). Aunque, admitámoslo, buen número de los artículos publicados parecen escritos por quienes la conocen superficialmente, al menos por lo confusos de sus conceptos. 

Conozco el tema bajo uno de sus aspectos desde hace un cuarto de siglo, gracias a la colaboración con un destacado patólogo argentino que trabaja en California. Llevamos a cabo, entre otros, un trabajo sobre el empleo de las redes neuronales -parte de la IA- para la evaluación del riesgo quirúrgico, que se sigue citando con frecuencia según informa Academia.edu (Ann Thorac Surg 2002;73:1576-81) y me permite afirmar su utilidad como instrumento bien usado.

Coincidentemente, esa fue una de varias líneas de estudio que la Universidad de Buenos Aires nos impidió profundizar al negarse a pagar el modesto contrato de un joven matemático recién graduado que nos ayudara en los aspectos técnicos de nuestro trabajo en el Hospital. Todo lo contrario de lo que viene haciendo al privilegiar a burócratas y gremialistas asociados en su notoria decadencia presente.

 Pero, por otra parte, cabe también alertar sobre el riesgo que la IA provoca cuando se desvía su uso correcto, deformación equivalente a la del noble martillo que se emplea como arma letal. 

Y es que el error arranca de la ignorancia encerrada en su nombre, que en todo caso pudo haber sido algo así como Razonamiento Artificial, pero nunca el de la amputada Inteligencia.

 Desde antiguo nuestra cultura sabe que la inteligencia es la suma de razón e intuición (intelligentia = ratio + intuitio), dos capacidades inescindibles del espíritu humano. Pero también es cierto que el iluminismo y el materialismo, con todos sus pasos seculares intermedios, han ido degradando la importancia de lo que no sea pura razón.

Respondámonos:

¿Habría música original si contáramos solamente con la razón? ¿Existiría el arte sin la intuición, que permite ver sin ser esclavos de la metodología ni del tiempo?

  La IA se basa técnicamente para su función digital en el método binario: “pasa corriente o no pasa corriente”, como nos enseñaba antaño un lúcido profesor del Colegio. Y las infinitas combinaciones del SI-NO, NO-SI, SI-SI, NO-NO, SI-NO-SI, SI-NO-NO…, y así siguiendo, configuran un idioma de inconmensurables tamaño racional y capacidad abarcativa. Pero absolutamente nada más. Y allí queda encerrado el hombre, incapaz de ver salvo lo que pasa por sí mismo y su sistema racional.

 Ese hombre sin prójimo, ese humano que nunca podría concebir a Dios por semejante vía de la mera razón, queda exclusivamente en manos de su peor enemigo, que lo tentará siempre a estar sólo pendiente de sí mismo en el estricto sentido material.

    La IA va abarcando ya enormes y peligrosísimos caminos económicos, según descubren algunos de sus hasta aquí más importantes promotores mundiales. Entre ellos aparecen quienes la quieren regular internacionalmente en un intento destinado al fracaso antes de nacer.

    Disfrazado desde su falso nombre -que sería lo primero a cambiar- este instrumento, que podría ser tan útil bien encaminado, tiene una enorme potencia para colaborar con el mal. Porque cuando las actividades humanas inician semejante plano inclinado es casi imposible volverlas a enderezar.