Opinión
LA MIRADA GLOBAL

Hungría: perdió el candidato bipolar

Lo sucedido en Hungría, dos semanas atrás, tuvo aristas especiales. Porque la historia de las últimas décadas enseña que un candidato apoyado por Washington resulta indigerible en Moscú. Y viceversa. Es que se las supone -o se las suponía - capitales de polos opuestos.

Sin embargo, esta vez tuvieron en ese país el mismo candidato: Víktor Orban. Quien, pese a tan gravitantes apoyos, perdió por cifras amplias.

Que Donald Trump y Vladimit Putin concurrieran en preferirlo, de todos modos, parece extraño. Porque si bien en Rusia ya no impera el comunismo, su rivalidad con Estados Unidos, como potencias nucleares que ambas son, subsiste.

Rivalidad en la que influye que buena parte de los países que fueron parte del bloque soviético sean, hoy, miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

FACTOR COMUN

Si algo tienen en común -al menos algo visible- Trump y Putin, es su encono con Europa. El segundo, porque casi todo el continente condena la invasión rusa a Ucrania.

La Hungría de Orban, en cambio, siendo miembro de la Unión Europea, ha bloqueado los créditos que en ella se intentaban otorgar a la nación invadida.

Además, es un fuerte socio comercial de Rusia, de la que importa petróleo y gas y de la que depende su capacidad energética.

Trump desprecia a sus aliados europeos de la OTAN, a los que ha amenazado con abandonar esa organización. Y también es posible que Orban le genere cierta simpatía en tanto se lo suele catalogar como “hombre de derecha”, que es lugar de la política donde Trump se ve a sí mismo.

De paso sea dicho: está claro que Putin quiere avanzar sobre Europa; así anexó Crimea e invade Ucrania. Tarea que se le facilitaría, si Trump desvinculara a su país de la OTAN. Vaya otra posible coincidencia.

Pese a todo, el electorado húngaro decidió por las suyas. Desairando a esas grandes potencias y a sus prepotentes mandatarios, removió a Orban. Por cierto, éste le había dado buenos motivos para ello, por la corrupción que impregnó su gobierno y por su autoritarismo.

RECUERDOS DE 1956

Pero creemos que puede haber pesado más en su decisión, la política de expansión territorial que Rusia está llevando a cabo. Luego de lo de Crimea y lo de Ucrania, ningún país del ex bloque soviético puede considerarse a salvo. Y Hungría ya sufrió una invasión rusa, en 1956.

En su electorado es seguro que pervive el recuerdo de entonces, cuando los tanques rusos arrasaron Budapest, luego de que allí estallara la rebelión contra la dictadura comunista impuesta por Moscú.

Rebelión que, lejos de ser promovida por “el imperialismo”, estalló cuando “…un obrero con guardapolvo, levantándose sobre los hombros de algunos de compañeros, invitó a los manifestantes a demoler la estatua de Stalin que se erguía, enorme y grosera, en la plaza a él dedicada”.

Así lo testimonió, a fines de octubre de ese año, Indro Montanelli, enviado por el Corriere della Sera de Milán para cubrir el suceso.

Quien, días después, el 12 de noviembre, informó: “Hace cuarenta y ocho horas que en Hungría está produciéndose un monstruoso genocidio: la supresión material de toda la juventud”.

Genocidio ante el cual, la OTAN -con Estados Unidos a la cabeza- permaneció impasible. Lo cual, en Hungría difícilmente se haya olvidado.

De la rebelión húngara, dijo el Cardenal Mindszety, en sus Memorias:

“Los dos grandes derrotados fueron el comunismo mundial, profundamente afectado en el aspecto moral y las potencias occidentales con las Naciones Unidas, por su absoluta inoperancia… El mar de sangre húngara derramada hubiera podido servir para que Occidente abriera los ojos. Pero todos los esfuerzos resultaron baldíos”.

Si cuando Rusia invadió Hungría Estados Unidos no ayudó. ¿Por qué tendrían los húngaros que votar, tan luego, al candidato de Putin y de Trump?

Finalmente, el partido triunfante, no es de izquierda. Pertenece a la llamada centroderecha. Lo que desmiente el intencional error de aquellos que difunden la idea de que la derecha está siempre del lado de quien es autoritario y personalista.

Hungría ha demostrado que, en ese sector, se tienen en cuenta otros valores -propios del Occidente cristiano- y no aquellos, antipáticos, que se le suelen endilgar.