Con el fallecimiento del doctor Horacio José Sanguinetti (1935-2026) la República Argentina ha perdido a uno de sus más egregios y auténticos universitarios en el sentido más lato. Abogado, Doctor en derecho y ciencias sociales y educador, era un humanista completo. Siguiendo la tradición familiar, había egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires del que su padre Florentino Sanguinetti fue también profesor y rector. Su brillante y fructífera carrera docente en el mundo de la Universidad de Buenos Aires se desarrolló en la Facultad de Derecho, la Facultad de Ciencias Económicas, el Colegio Nacional de Buenos Aires, la Escuela de Comercio Carlos Pellegrini y el Ciclo Básico Común.
REFORMISTA CABAL
Horacio Sanguinetti fue un reformista cabal, que difundió y promovió los ideales democráticos de la Reforma Universitaria durante toda su vida, escribió junto a su amigo Alberto Ciria un texto liminar "Los Reformistas", referencia obligada de todo investigador o historiador de la Reforma. También supo ser adalid de la educación pública y la escuela sarmientina en cada momento de su larga y provechosa vida. Así, fue secretario de Educación del primer Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre 1996 y 1997, enfrentando con coherencia y firmeza las reformas educativas que el menemismo impulsaba desde una mirada economicista y excluyente.
SISTEMA DEMOCRATICO
Fue el Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires que por más tiempo (24 años) ocupó ese sitial, designado y confirmado en cuatro oportunidades. En el comienzo de su gestión rectoral le tocó reconciliar al Colegio con el sistema democrático. La institución había sido profundamente atravesada por la violencia en los años setenta y fue epicentro de una feroz represión que se cobró la vida de un centenar de estudiantes y algunos docentes.
Sanguinetti fue capaz de abrir las puertas del Colegio a la participación gremial estudiantil y docente, sosteniendo con celo y lealtad la jerarquía y excelencia académica.
RECUERDO PERSONAL
Un pequeño recuerdo personal, sin ceder a la tentación de la autorreferencialidad. Hace treinta años, siendo yo un joven abogado interesado en la historia y la política lo visité para pedirle presentar mi opúsculo "Ricardo Rojas. De las letras a la política". Me recibió con su habitual bonhomía y caballerosidad, aceptó y eso marcó nuestro vínculo que se convirtió en una hermosa amistad que siempre estuvo presidida por el respeto y admiración a su persona.
Un par de años después sucedió lo inimaginable para mi. Me ofreció compartir su cátedra de Derecho constitucional en el curso de 4to Año, lo que acepté con orgullo y unción conocedor de su amor desmedido y apasionado por esa "personalidad espiritual" que era el Colegio para él, desde entonces compartimos por casi quince años el aula y los estudiantes, y me tocó sucederlo cuando decidió jubilarse.
AFICCION POR LA OPERA
Es conocida su afición por la ópera, produjo y condujo por varios años el programa radial "Actualidad de la ópera", escribía artículos y críticas musicales, también algunos libros dedicados a la temática, el más notable "La Ópera y la sociedad argentina".
Fue también Director General del Teatro Colón para cuando se cumplió el centenario del edificio actual de nuestro primer coliseo y llevó a cabo reformas fundamentales en su estructura. Menos conocida era su afición por el canto lírico, al que abordaba con verdaderas dotes tenoriles y es posible escuchar grabaciones caseras que permiten apreciar su bello timbre.
Además de haber recibido distinciones y condecoraciones nacionales y extranjeras por su constante y poductiva labor cultural, fue presidente de la Academia Nacional de Educación que integraba como académico de número como también integró la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Fue también Miembro de Honor del Instituto Naciobal Yrigoyeneano.