Cultura
CEFERINO REATO INVESTIGO EN DETALLE UN DEVASTADOR ATENTADO DE LOS "70

Historia de una matanza olvidada

"Masacre en el comedor" narra la planificación, ejecución y consecuencias del ataque de Montoneros a la Policía Federal en 1976. El papel del escritor Rodolfo Walsh y su importancia como hombre clave de la inteligencia guerrillera.

En un ensayo de 1995, The Battle for History, el célebre historiador militar británico John Keegan observaba que en aquel año, transcurrido medio siglo del fin de la Segunda Guerra Mundial, no existía aún una historia general que resolviera todos los enigmas y acallara todas las controversias nacidas del conflicto librado entre 1939 y 1945.

Keegan opinaba que, a pesar de la notoria sobreabundancia bibliográfica, aquella carencia era en gran medida comprensible. Recordaba, a modo de comparación, lo que había sucedido con la Guerra Civil estadounidense (1861-1865). Había sido preciso esperar hasta 1988, con la publicación de Battle Cry of Freedom, del historiador norteamericano James McPherson, para dar con un volumen que, a más de 120 años de la finalización de aquel enfrentamiento, "satisficiera en general a toda la gama de opiniones históricas acerca de sus causas, índole y consecuencias".

Teniendo en mente ese amplio marco temporal, no debería sorprendernos que en la Argentina siga faltando un estudio similar sobre la guerra revolucionaria de los "70. Aunque tal vez no estemos tan lejos. La bibliografía es desbordante y sigue creciendo, pese al temor de cierto sector editorial por saturar el mercado. Y la mirada de las investigaciones se ha ensanchado. Si bien persisten los silencios tácticos, las omisiones por conveniencia y el relato ideológico y embellecido, cada vez son más frecuentes las obras que abordan, desde perspectivas diferentes, hechos silenciados o deformados en un intento por aproximarse a la verdad de lo que ocurrió.

LA BOMBA

Un ejemplo evidente de todo ello es el último libro de Ceferino Reato, Masacre en el comedor (Sudamericana, 320 páginas), que bien podría ser la mejor de sus obras. Su tema explícito es la "bomba vietnamita" que un infiltrado de Montoneros colocó en el comedor de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal el 2 de julio de 1976. La explosión provocó 23 muertos y 110 heridos y fue el mayor atentado de la guerrilla en los años "70, y el más letal cometido en el país hasta el ataque a la AMIA en 1994.

Reato es el primer autor que narra en detalle la devastación que causó la bomba (entre cinco y siete kilos de trotyl, más dos caños rellenados con postas o bolas de acero). Lo hace en los tres primeros capítulos a partir de los testimonios impresionantes de peritos, bomberos y testigos contenidos en el sumario policial del hecho. Complementa esa información con entrevistas actuales a sobrevivientes del estrago y, especialmente, a familiares de los muertos, a quienes saca del olvido en el que permanecen ocultos desde hace 45 años.

El ambicioso atentado fue planificado por el periodista y escritor Rodolfo Walsh, el hombre clave en el servicio de Inteligencia e Informaciones de Montoneros. El autor material fue José María Salgado, un joven de buena familia y sobrino de un general del Ejército muerto en 1975 mientras sobrevolaba la provincia de Tucumán, semanas antes del comienzo de la Operación Independencia.

Salgado había hecho la conscripción en la Policía Federal (práctica habitual en aquel tiempo) y una vez culminado el servicio militar pidió, a través de las gestiones de un comisario amigo de su padre, prolongar un año más su permanencia en la fuerza ya como agente regular. Todo bajo la atenta supervisión de Walsh.

Detenerse en esos nombres no es un dato menor. A través de ellos, Reato se propuso "iluminar diversos aspectos de una época" siguiendo a los "dos protagonistas principales de esta trágica historia". Ese es el tema más amplio del libro.

El de Salgado parece el caso típico. Nació en 1955. Se crió en un hogar acomodado y antiperonista de la zona norte del gran Buenos Aires. Era el hijo del medio de cinco hermanos formados en una sólida fe católica sin indicios de tercermundismo o activismo social progresista. Favorito de la madre, buen alumno, estudiante aplicado de ingeniería electrónica. Hasta que en algún momento, tal vez por influencia de su novia militante cinco años más grande que él, su vida dio un vuelco y, según recuerdan su hermano mayor y sus primas, fuentes clave en la reconstrucción de Reato, se transformó en otra persona: pasó a ser un fanático del peronismo de izquierda y un alegre propulsor de la violencia hasta las últimas consecuencias.

EL CEREBRO

En Walsh (1927-1977) se dio una transformación similar, aunque no tan repentina. Reato viola el tabú y recrea hasta donde hoy resulta posible la etapa combatiente del autor de Operación Masacre (1957), en contra de lo que hicieron y siguen haciendo la mayoría de sus biógrafos, "que cancelan o disimulan su activa participación en varias de las operaciones más relevantes decididas por la cúpula de Montoneros".

Apelando a fuentes publicadas de no mucha circulación, a declaraciones judiciales de ex compañeros de armas y a ciertos entrevistados bien informados en los dos bandos (algunos encubiertos en el anonimato), Reato sondea la real importancia que tuvo Walsh, alias Esteban, en la banda guerrillera a juzgar por su especialización en tareas de espionaje, recolección y análisis de información, y campañas de acción psicológica.

Lo más interesante del retrato está en el examen de la supuesta disidencia de Walsh con la conducción montonera, tema, ese sí, harto transitado por sus hagiógrafos. Reato acierta al interpretar que esas divergencias, que figuran en documentos internos de la banda publicados por primera vez en México dos años después de su muerte, no objetaban las metas finales ni los medios ni el rumbo general de la organización, sino que proponían audaces variaciones operativas (una "retirada táctica") para tratar de capear la implacable campaña represiva de fines de 1976 y comienzos de 1977.

Ese Walsh, según las citas que reproduce el libro, daba por perdida la guerra "en el plano militar" pero entreveía una salida mediante alguna "maniobra política" y la renuncia al "terrorismo individual" y a ejecutar "ninguna acción militar que nos impida hacer política en el seno del enemigo o nos quite la bandera fundamental de los Derechos Humanos".

Tiene razón Reato al ubicar esa propuesta entre los "legados principales" de quien considera "la mente más lúcida y prolífica de la guerrilla argentina, no sólo de Montoneros". La bandera de los derechos humanos, que los insurgentes enarbolaron con visión "táctica, parcial y militante", fue crucial para que se transformaran de victimarios en víctimas, permitió la humillación perpetua de quienes los habían vencido por las armas y facilitó una descarada reescritura del pasado que hizo desaparecer sus propios crímenes y convirtió a un personaje como Walsh, fría inteligencia al servicio de la revolución socialista, en un inofensivo "periodista comprometido".

También se podría ir más lejos. El devastador ataque a la Policía Federal de 1976 forzó el desplazamiento del jefe de la fuerza en ese momento, el general Arturo Corbetta, uno de los pocos militares de alto rango, sostiene Reato, que pretendían encarar alguna forma de "represión legal" de la guerrilla. La "bomba vietnamita" alineó a todos los uniformados detrás del mismo objetivo, que era conseguir la victoria a cualquier precio y sin miramientos, como lo comprobó el propio José María Salgado, quien fue detenido por la Armada ocho meses después del atentado y entregado más tarde a la Policía, donde fue sometido a atroces tormentos y fusilado en un simulacro de enfrentamiento en junio de 1977.

Walsh jugó en los dos extremos. Planificó la matanza terrorista (término que Reato discute, admite y prefiere no usar) que desquició a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, y después sugirió levantar la bandera de los derechos humanos contra esos militares y policías a los que él mismo, entre otros, habían empujado a la barbarie. Conociendo al personaje y su gusto por el ajedrez, no puede descartarse que las dos movidas hayan formado parte de una misma ofensiva, perversamente pensada para que sus efectos se extendieran mucho más allá de lo que sería una derrota transitoria. Era escribir y reescribir la historia en una sola jugada.