¿Héroe o villano? ¿Visionario o ambicioso? ¿Libertador o criminal? Si hay un personaje revisado hasta el cansancio, ese es sin dudas el almirante genovés Cristóbal Colón. Muchas cosas se dijeron de él, especialmente a partir del aniversario 500 de su “gesta”. No todas buenas, claro está.
En el Centro Cultural de la Cooperación, plena avenida Corrientes, cada sábado a la noche se debate y se vota en vivo para decidir si Colón merece ser canonizado o no. Sucede que, si bien a nuestros oídos puede resultar extraño, en algún momento del siglo XIX existió una iniciativa dentro de la Iglesia para convertir al célebre marino en un santo. El gran escritor Alejo Carpentier tomó esa historia real para darle forma a su reconocida novela ‘El arpa y la sombra’ (1978). Y en ese material se basa la obra ‘Expediente 1492. La última confesión de Colón’, pieza donde el navegante es puesto en tela de juicio cada sábado.
En diálogo con La Prensa, los creadores de la obra, el autor, actor y exfuncionario Santiago Ferrigno y el músico, dramaturgo y director Mariano Cossa, explican los pliegues de un material que visto de lejos puede resultar un desafío imposible. Sin embargo, ambos saben mucho de teatro, ya que -entre otras cosas- fueron criados por nombres fundamentales de la escena argentina. Son hijos nada menos que de Tito Cossa y Oscar Ferrigno, dos figuras centrales del teatro nacional.
Muy amigos, en la charla se escuchan, intercambian ideas y hacen bromas sobre el desafío de llevar a escena semejante material literario con un personaje tan complejo en su centro.
-Colón ahora es una figura discutida. ¿Ustedes lo ponen en un lugar diabólico?
(Cossa) -No es la intención. Sí, por supuesto, él es un oportunista, un vendedor, alguien codicioso y varias cosas más, pero dentro de lo humano. Es decir, también tiene sus contradicciones. El admite un montón de cosas y a la vez dice: “Ustedes, las instituciones, el Vaticano, la monarquía, son peores que yo”.
(Ferrigno) -A mí lo que me pareció sumamente interesante de la novela original, y que quise trasladar a la escena, es esta faceta humana que Carpentier pone en un personaje que era un bronce. Tiene sus dudas, sus justificaciones, su amor por su mujer, Beatriz, y por su hijo. Eso también lo lleva a realizar acciones que pueden ser vistas como condenables. Estos claroscuros de su conducta y su personalidad, me resultaron muy interesantes. Sobre todo, las sinceras justificaciones de sus acciones. Colón no es un hipócrita todo el tiempo. Sí lo es en algunos sentidos y en otros cree que lo que hizo está plenamente justificado.
(Cossa) -Colón es un buscavidas que a medida que va logrando cosas, termina inventando y acomodando las lecturas y la información que tenía en esa época sobre navegación y cartografía, a lo que le convenía para que le dieran los fondos que necesitaba.
CRITICA Y HUMOR
-¿Qué les llamó la atención de la novela? ¿Qué aspecto rescatan?
(Ferrigno) -Cuando la leí por primera vez, me llamaron la atención dos cosas fundamentalmente: el tratamiento que Carpentier le da al personaje, que está fuera del canon preestablecido hasta ese momento, ya que tiene una visión muy crítica de él. Lo otro fue el humor con el que trata todas las situaciones que a este personaje le tocan vivir en el medio de este proceso de canonización.
-¿Los textos están reciclados o pertenecen a la novela?
(Ferrigno) -El 90 por ciento de los diálogos entre los personajes están en la novela. Salvo alguna palabra o alguna mención muy necesaria, el texto original está conservado plenamente.
-Difícil adaptar una novela al teatro, siendo dos lenguajes tan distintos.
(Cossa) -Santiago hizo un trabajo previo que fue el primer disparador y después empezamos a trabajar en esta nueva versión.
(Ferrigno) -A mediados de los ‘90 trabajé en una adaptación para teatro que, mirada hoy, en muchos aspectos era bastante poco teatral, la verdad. En ese momento intenté rescatar dos cosas: el humor de Carpentier y toda la musicalidad en el habla de los personajes, que a mí me parece muy rica, muy frondosa. Hicimos la obra entonces con un elenco pampeano. Le mostré el material a Mariano, lo leyó, le gustó, me propuso seguir trabajándolo juntos con algunas ideas que él tenía, y así lo hicimos desde finales de 2024.
(Cossa) -Cuando yo recibo el material, efectivamente lo primero que le dije a Santiago fue que el nudo central de la novela estaba muy bien extractado, pero que quedaba muy literario, muy barroco, un poco largo para los tiempos de ahora. Había una cosa que me llamaba la atención y que me parecía que tenía mucha potencia teatral, que era la postulación que se hace en el Vaticano, muy similar a un juicio. Ahí hay un conflicto muy importante y en el teatro sabemos que el conflicto es lo más necesario. Entonces, le propuse que nos circunscribiéramos a todo ese momento. Definimos los personajes y decidimos hacerla con tres actores. Norberto Gonzalo interpreta a Colón, y también están Sandra Antman y Alfredo Noberasco, que hacen el resto de los personajes.
(Ferrigno) -Finalmente, el que actúa como jurado es el público, que tiene que definir al final de la función si considera que Colón merece ser canonizado o no. Entonces, tanto el postulador como la abogada fiscal se dirigen directamente a los espectadores, a quienes tienen que convencer de que su posición es la correcta. Por lo tanto, ahí hay un diálogo vivo. La gente vota y se cuentan los votos.
-¿Y cómo sale? Me imagino que no lo quieren canonizar.
(Ferrigno) -No lo quieren canonizar, para nada (risas), pero es interesante ver cómo reaccionan ante un personaje rodeado de polémica y que me parece importante traer al presente. Lo que más nos importa es que la gente pase un momento agradable y que les sirva para después debatir y charlar algunas cosas. Eso, felizmente, está pasando en cada una de las funciones.
Los padres, lejos del bronce
Mariano Cossa y Santiago Ferrigno recuerdan a sus padres muy lejos del bronce en el que son colocados como verdaderos referentes de la escena nacional. Hay amor y ternura en sus recuerdos.
Cossa señala: “Cuando uno convive con ellos, la figura del prócer se diluye. Muchas veces me han dicho cómo era ser hijo de Tito Cossa. Y yo siempre respondo: normal, me llevaba a la cancha, al cine. Como mis viejos estaban separados, yo lo veía los fines de semana. Con él aprendí todo el mundo del teatro compartiendo con autores, directores y actores.
-¿Un recuerdo de Tito?
(Cossa) -A fines de los ‘70, principios de los ‘80, era muy común que los autores hicieran lecturas de sus obras. Invitaban a otros autores, a directores, y a veces a actores, para ver cómo sonaba el material. Mi viejo leía muy bien sus obras, era un actor frustrado y yo me quedaba escuchándolo. Las discusiones que se armaban en esas reuniones eran tremendas, se decían de todo.
-Y Oscar Ferrigno, ¿cómo era?
(Ferrigno) -Públicamente, era un gran director y actor, un hombre que había transformado ciertas cuestiones de la formación del actor. Volvió de Francia a finales de los ‘40 y trajo un gran bagaje de cosas que volcó a través del Teatro Fray Mocho. Eso repercutió en toda una generación de artistas. Pero yo lo que recuerdo es su dimensión humana y su conducta. Me quedó guardado en la memoria cuando en el ’79 decidió irse al exilio.