“La historia ocurre dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Aquello escrito por Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte, en 1852, permite preguntarse si en la escena política argentina comienza a configurarse un camino que le dé la razón a aquella sentencia, tan vigente como recurrentemente citada.
Al igual que sucedió a comienzos de 2018, el amanecer de 2026 encuentra a la dirigencia identificada con el peronismo en la búsqueda de construir un esquema amplio, dejando de lado diferencias entre sectores para garantizarse la recuperación del poder en las elecciones del año próximo. Hace ocho años gobernaba Mauricio Macri y el proceso terminó, un año después, en la candidatura de Alberto Fernández. Ahora es el turno del gobierno de Javier Milei.
PASO DEL TIEMPO
El inexorable paso del tiempo determinará hasta qué punto, y en qué condiciones, puede aplicarse la máxima con la que se inicia esta nota. Las coincidencias, al menos por ahora, resultan elocuentes.
Febrero de 2018: “El PJ bonaerense prepara una amnistía para todos los dirigentes que fueron candidatos por fuera del partido a través de la reforma de la Carta Orgánica. Es el primer gesto tangible de unidad enfocado en figuras como Sergio Massa, pero también en peronistas como el kirchnerista Fernando Espinoza o intendentes como Gustavo Menéndez y Fernando Gray”.
Marzo de 2026: “La base está. La unidad de nombres propios, recorridos políticos y vertientes ideológicas tiene un objetivo central: construir un frente antiMilei para 2027. Ese es el plan del peronismo, pero también del radicalismo disidente y de algunos sectores que integran Provincias Unidas. El gran desafío es no convertirse en un engendro electoral que, ante un eventual triunfo, llegue destruido internamente antes de empezar”.
Son dos párrafos casi calcados de lo publicado en diversos medios en ambos períodos. De aquella consigna que enarboló Alberto Rodríguez Saá cuando dijo “Hay 2019”, a este incipiente camino que hoy parece pregonar “Hay 2027”.
En el medio aparecen varias incógnitas que deberán resolverse a partir de las acciones de cada uno de los actores. Y, sobre todo, del diagnóstico exacto de las apetencias de estos tiempos en comparación con aquellos. Allí estará la clave: entender cuál es el tema -o los temas- del momento. Y si la llegada de un experimento político como el de Javier Milei moldeó definitivamente una forma distinta de mirar a la dirigencia respecto de aquellos años.
REACOMODAMIENTOS
Mientras tanto, algunas situaciones vuelven a repetirse.
Por caso, Cristina Fernández de Kirchner, hoy detenida, recibe a dirigentes como Miguel Ángel Pichetto y habilita a intendentes cercanos a abrir sus puertas para recibirlo. Sucedió esta semana con la reunión que mantuvo la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, con el diputado oriundo de Río Negro que hoy representa a la provincia de Buenos Aires.
Un memorioso comparó esta realidad con lo sucedido tras la reunión que, en aquellos años, mantuvieron José Manuel de la Sota y la expresidenta. Tras aquel encuentro, el cordobés comenzó a visitar municipios y dirigentes alineados con el kirchnerismo, hasta que la muerte lo sorprendió en septiembre de 2018.
La idea era la misma: tender puentes. Y si Pichetto puede reunirse con Mariel Fernández, ¿por qué generó tanta sorpresa la recepción que hizo Axel Kicillof de dirigentes cuyo origen está, a fuerza de sinceridad, en la UCeDé, como Emilio Monzó y Nicolás Massot?
Claro que todos han tenido tiempo de ser peronistas. Y hasta de convertirse en piezas clave de Juntos por el Cambio. Pero el peronismo es como el barrio: al final del día, tira.
En esos movimientos también deben sumarse las reuniones y recorridas que llevan adelante Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel. En la lista tampoco pueden faltar los gobernadores que, aunque hoy se muestran colaborativos con el Gobierno nacional, conservan su intención de formar parte de un esquema nuevo.
Las charlas y reuniones se multiplican. La posible candidatura presidencial de Axel Kicillof es la que, por ahora, cobra mayor volumen por dos razones fundamentales: gobierna la principal provincia argentina y ha sido colocado por Javier Milei como su adversario más visible. ¿Le alcanzará? Claro que no. Pero ha comenzado a mostrar plasticidad para no quedar encerrado en la idea de un dirigente dogmático.
OTRAS OPCIONES POLÍTICAS
En esa lógica también se inscriben los agrupamientos que realizan intendentes del conurbano para trasladar esa misma misión al recambio provincial. Y así como Monzó visita a Kicillof, el exsenador Joaquín de la Torre suele reunirse con intendentes peronistas de la tercera sección electoral.
Es el clima del peronismo en estado asambleario. La pregunta es: ¿qué tipo de peronismo? Desde ya, hay aspectos del pasado que parecen definitivamente suprimidos. Imposibles de volver a plantear. La idea de decir “con nosotros se vivía mejor” encuentra límites evidentes. Necesita ir en la búsqueda más profunda del clima de época. Y ese punto interpela, sobre todo, a la juventud.
Aunque crecen las críticas a Milei, la adhesión a otras opciones políticas, por ahora, sigue siendo difusa. Nuevos interrogantes asoman: ¿quieren volver? Sí. ¿Pero para qué? ¿Se trata del poder por el poder mismo o de la búsqueda de una identidad que le dé sustento a los reclamos de una clase media trabajadora, industriales y pymes que ven día a día esfumarse lo que alguna vez consiguieron o, peor aún, soñaron?
El fantasma de Sergio Massa aparece siempre en cada uno de estos movimientos. Se le adjudica la autoría intelectual de pasos que podrían derivar -aunque él lo niegue- en una candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires en elecciones desdobladas.
El exministro de Economía es como el sol: aunque no lo veamos, siempre está. Y se encarga de que se sepa. La experiencia del desdoblamiento de 2025 parece haber llegado para quedarse. Y se convertirá en una dicotomía para el proyecto presidencial de Axel Kicillof. Acertar el diagnóstico en política es clave para moverse en sintonía. Es lo que logró Javier Milei en 2023. Es lo que tienen como gran desafío quienes buscarán desalojarlo de la Casa Rosada. Claro, siempre que las internas profundas dentro de La Libertad Avanza no les faciliten y anticipen el trabajo a quienes ya sueñan con la sucesión.
Dar con el tema del momento resulta clave. Y en tiempos de conflictos internacionales, vale la pena cerrar esta nota con la descripción que hacen los medios iraníes sobre la constitución de su propio régimen: “El aparato estatal de Irán fue diseñado para soportar precisamente la coerción que ahora se aplica contra él. Infraestructura de misiles distribuida, nodos de mando redundantes, mecanismos ideológicos que convierten la amenaza externa en legitimidad: representan cuatro décadas de adaptación a campañas de sanciones, sabotaje y asesinato. Un sistema optimizado para la supervivencia bajo presión en lugar del rendimiento bajo normalidad”.
¿Cuál es el diseño que tiene el gobierno de Javier Milei? Dar con ese punto exacto permitirá minimizar lecturas erróneas y evitar validar triunfos donde todavía no los hay.