El nivel de discusiones entre nuestros actuales dirigentes políticos, sindicales y empresarios sobre la reforma laboral ha sido superficial y dogmático.
Cada bando utiliza sus antojadizos adjetivos para calificar la nueva ley. El oficialismo la calificó como “modernización laboral”, mientras que la oposición la ha tachado de “precarización laboral”. Son solo calificativos.
En el año 2001 China ingresó como miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Una década antes había retomado sus actividades ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) e incorporó en su legislación el estándar internacional en regulación del trabajo y la seguridad social.
Nuestros sindicalistas no se quejaron ante la OIT por haber reconocido a países que no cumplen en forma efectiva la legislación laboral y previsional.
Por otra parte, a fines de los noventa y primera década del 2000, empresarios occidentales decidieron, para optimizar su producción y abaratar costos, mudar sus respectivas líneas de producción a China e India y demás países asiáticos.
Quienes tomaron esas decisiones cobraron sus bonos por productividad y se jubilaron, ricos. Los efectos de esas decisiones se verifican años mas tarde.
A los consumidores solo les interesa adquirir productos por precio y calidad, no se preguntan si en el país de fabricación se cumple o no el estándar mínimo de legislación laboral y previsional. ¿Quién se pega un tiro en el pie?
En el año 2025, asistimos impávidos a la guerra mundial comercial con aranceles a la importación entre Estados Unidos, China y Europa, entre otros. Esa guerra comercial tiene por finalidad la creación y preservación de la mayor cantidad de puestos de trabajo posible para la producción y consumo de los bienes.
La República Argentina aporta menos del 1% al comercio internacional. No existe.
En la era de la inteligencia artificial, que implica la automatización de procesos y el uso de la robótica, la mano de obra es más rápidamente reemplazada. Por ejemplo, las personas afectadas al servicio de vigilancia son reemplazadas, por cámaras de video vigilancia, alarmas y sensores, entre otros instrumentos.
Otro ejemplo, choferes de automotores son reemplazados por automotores autónomos en aquellas ciudades que, en la actualidad, tienen desplegada cobertura 5G. La pesadilla de los Moyano.
¿Qué discuten los dirigentes argentinos en materia laboral? Cuando esa discusión fue zanjada hace años por Occidente, no por Argentina, al haber incorporado a China e India al comercio internacional.
Discutan la ley laboral que quieran, pero eso no va a cambiar la realidad. El hecho que los 200 países compiten ofreciendo legislación más amigable, para favorecer la radicación de inversiones y creación formal de puestos de trabajo.
¿Que significa tener legislación más amigable?
Contestar el protocolo internacional “haciendo negocios” donde los interesados en realizar inversiones invariablemente preguntan:
1 - ¿Existe seguridad jurídica? ¿En caso de violación a la propiedad, al contrato etc, cual es la legislación y jurisdicción aplicable? ¿Quien es el juez?
2 - ¿Cual es la carga tributaria de la actividad Nación, provincia, municipalidad?
3 - ¿Cual es el costo derivado de la legislación laboral y previsional?
Con esas respuestas los inversores deciden invertir en países con legislación más amigable. Salvo que, por la naturaleza del negocio, sea inevitable hacerla en determinado país, por ejemplo petróleo, gas o minería, etc. Pero ello no será un bill de indemnidad, porque los costos de la operación y mantenimiento de la actividad más su flete y la tasa del riesgo país podrán hacerla inviable.
En regulación laboral, para que los empleadores tengan incentivo para crear empleo formal y, dejar de contratar empleo informal tiene que resultar más barato despedir. Puede resultar antipático escribirlo pero es la realidad, desafortunadamente.
Me gustaría vivir en un mundo sin muerte, enfermedades y sin desempleo, pero ese mundo no existe.