Hoy, me permitirán escapar del molde habitual. La semana pasada salió en el sitio “Hispanidad.com”, un diario digital español de interés general, un artículo dedicado al periodismo que necesito transcribir.
Al leerlo, no pude menos que asociarlo a la permanente lucha de La Prensa por seguir informando con “verdades” más allá de todas las presiones del mundo en que nos toca sobrevivir.
La Prensa es un diario que siempre supo batallar contra los poderes de turno, se reconoce y admira. Los medios dominantes están acostumbrados a lo que saben hacer mejor: buscar cómo acomodarse siempre y hacer negocios. Allá ellos. La Historia ya los juzgó y sabemos qué pueden darnos. Los lectores de La Prensa siempre buscaron otra cosa.
Hispanidad tiene una “libertad de espíritu” similar. El fuego lo mantiene encendido.
Aquí, en esta breve nota, su creador y director, Eulogio López, reflexiona muy brevemente sobre esta profesión en estos tiempos. No son nada fácles.
Eulogío es un nombre de otros tiempos, original; López, no, pero es bien nuestro, así que es una buena combinación.
Eulogio, nombre de origen griego y podría traducirse como “el bien hablado”. Le corresponde. También le corresponde tener un patrono valiente como San Eulogio de Córdoba, decapitado por los musulmanes del siglo IX que ocupaban y tiranizaban las tierras de nuestra Madre Patria. Se ve que el santo no sabía disimular, porque a sus asesinos no tuvo empacho de decirles: "Soy adorador de Cristo, hijo de Dios e hijo de María, y para mí vuestro profeta es un impostor." Ante la insistencia del juez musulmán para que se retractara, San Eulogio fue valiente: "Yo proclamo aquí solemnemente que hasta el último momento quiero ser amador y adorador de Nuestro Señor Jesucristo".
Eulogio López es de esa estirpe: tampoco sabe ni le gusta el disimulo. Y, como suele pasar, en estos casos, sobran los que querrían cortarle la cabeza.
El “buen periodismo”, como “el buen decir” de don Eulogio, no apunta solamente a decir las cosas con elegancia, es encarar en forma inclaudicable la búsqueda de esa trilogía inseparable que son el bien, la verdad y la belleza. Los que conocen la historia de nuestro diario, recuerdan que eso se paga con sangre, sacrificios y persecuciones. Es un “sacrificio” verdadero, y, como dice esta palabra, y eso se emparenta con lo sagrado. Eulogio López lo sabe bien.
Así que vayamos a su artículo. Él es el “bien hablado”, no yo, que al ver algunas de estas realidades, me dan ganas de ser: “el mal hablado”.
“San Francisco de Sales, patrón de los periodistas: nunca había visto tanto pesimismo. Eulogio López, Hispanidad, 24/1/2026.
La prensa ha perdido su sentido ético y, por tanto, su espíritu reformador. Y es que, cuando se carece de convicciones, servimos a los intereses de otro. Esta es la primera causa de la actual degeneración del periodismo y de los periodistas.
Tengo 65 años, llevo en redacciones periodísticas desde los 20 y, a día de hoy, lo que más me preocupa de mi profesión es que la generación de periodistas a la que pertenezco -entre los 60 y los 75 años de ahora mismo-, especialmente en el periodismo económico, que, con todo respeto hacia mis colegas, ha resultado fundamental en los últimos cuarenta años, se divide hoy, 2026, en dos grupos: los jubilados y los prejubilados.
Los ánimos no andan muy altos sino más bien a ras de suelo y el lema dominante podría ser el de 'esto se acaba'. Internet llegó a España en 1995 y apareció como un vehículo de libertad de prensa que nos liberaba del oligopolio de los grandes editores. Ahora, esto parece una etapa de descanso y volvemos, por mor de la inteligencia artificial y de Google, nuestro gran enemigo, al proceso demolición: este nobilísimo oficio agoniza.
Ya se piensa en una etapa terminal del periodismo por mor de la inteligencia artificial -que sí, es un enemigo- y de las redes sociales, que no son un enemigo: son periodismo ciudadano. El enemigo es Google, la IA... y algo más.
Los prejubilables buscan los años de cotización necesarios para marcharse mientras protestan, o protestamos, esto siempre, por la incompetencia de los jóvenes, pero somos nosotros, los veteranos, no los jóvenes, los que hemos convertido esta noble profesión en un pudridero agónico.
Sobre todo por dos vías, que son una sola: Internet.
O los periodistas servimos a nuestras convicciones, también con el ordenador delante, o servimos a intereses ajenos. Peor: o servimos a nuestros principios -y para eso hay que tenerlos- o servimos a nuestros deseos y caprichos.
Nuestra generación ha abandonado el juicio de valor, es decir, se trata de una generación de periodistas de pensamiento difuso, sin convicciones, donde el ideario ideal de un medio consiste en carecer de ideario. Y claro, cuando se carece de convicciones, servimos a intereses ajenos.... a nuestros deseos y caprichos. Esta es la primera causa de la actual degeneración del periodismo y de los periodistas. Lo de Google es grave, cierto, pero lo peor es lo otro.
Que San Francisco de Sales nos proteja. El obispo de Ginebra sí tenía convicciones firmes y las exponía en hojas volanderas, -los primeros periódicos-, donde informaba al tiempo que hacía juicios de valor -el signo de la razón-, lo que hoy llamaríamos mezcla de información y de opinión, es decir, el mejor periodismo... porque el periodismo actual atraviesa un Estado de depresión aguda... como el conjunto de la sociedad”.