- Abuelo, ¿qué estás mirando?
- Este dibujo ilustra un proverbio medieval. Está en latín, como ves: Ex radice mala nascuntur pessima mala. La traducción sería "De mala raíz nacen los peores frutos".
- ¿Es cierto?
- Sí y no. Naturalmente sí, pero en los hombres existe algo que llamamos “libre albedrío” que nos permitiría romper ese determinismo. Sa hablásemos solamente de plantas, la cosa sería distinta. O de ideas…
- Explicámelo mejor.
- Bien. Vamos a la parte verdadera del dicho. Es una idea que da vueltas en la sabiduría popular de muchas formas. En el mismo latín había otro dicho que sonaba a juego de palabras: “Mala malus, mala mala”, "El manzano malo da manzanas malas.” Y aquí a aplicación es perfecta, literal. Por eso los productores de fruta van trabajando con cuidado la “genética” de las plantas buscando siempre el fruto mejor, más lindo y apetitoso.
Parecido es otro refrán tradicional: “El fruto cae cerca del árbol”. Fijate que no es igual. Este sí puede aplicarse mejor a los hombres. Sobre todo, porque no es tan determinista.
- Ya usaste esa palabra, y no la entiendo…
- El determinismo es la ideología que afirma que todo está ya decidido desde el principio, es la creencia de que todo lo que pasa en el mundo, sea bueno o malo, está causado por cosas anteriores, como una cadena de eslabones que no se puede romper. Todo es por azar, todo es inevitable; como el sol que sale por el este. Sacando el hecho cierto que, de un manzano malo, nacen manzanas malas, los deterministas afirman que de padres malos salen hijos malos.
Los padres, con nuestras costumbres y también con nuestras inclinaciones, marcamos mucho a nuestros hijos, pero de allí a creer que ya todo está determinado para siempre, hay un abismo. Y falso.
Ya que estamos con los dichos te tiro otro del estilo, pero más determinista: “Árbol que crece torcido, no se endereza jamás”. Si vamos a los árboles, hay que decir que ciertamente lo que no se enderezó de chico, con el tiempo se hace imposible. Cuando es chiquito, le ponemos un “tutor” y allí, sin libertad, para torcerse, empieza a crecer mejor.

Si hablamos de los hombres, la cosa es distinta, porque la naturaleza (mala o buena) inclina nuestra voluntad, pero no la fuerza nunca del todo.
Te lo cuento con una historia real, la de una santa reina, Olga de Kiev. Sus raíces, peores no podían haber sido. Olga, nació a fines del siglo IX en una tribu de vikingos, gente violenta que adoraba a dioses de trueno y sangre. Su mundo era de pasiones y venganzas sin fin. Creció en un palacio de madera, aprendiendo a cazar y a pelear. Se casó con el príncipe Igor de Kiev creyendo que su vida sería de conquistas y poder. Pero, una tribu rebelde asesinó a su esposo de la forma más cruel: atándolo entre dos árboles doblados y soltándolos para despedazarlo.
Olga, furiosa, decidió vengarse. No de manera simple, no... Envió mensajeros a los asesinos, fingiendo paz, y cuando llegaron, los mandó enterrar vivos en fosas profundas. Luego, invitó a más embajadores a un banquete en un palacio, y cuando los tuvo a todos adentro, ordenó prenderles fuego y quemarlos a todos. No contenta, marchó con su ejército a la aldea enemiga, mató a miles y vendió a los sobrevivientes como esclavos. Olga era una reina de la crueldad, un “árbol torcido” irremediablemente.
Y sin embargo, cambió… Lo hago simple, pero la historia debe estar llena de luchas internas, me imagino. Olga fue a Constantinopla y allí conoció la Fe cristiana. Y la asesina vengadora por Gracia de Dios dio paso a una mujer caritativa y llena de compasión especialmente por los más necesitados y débiles de su reino. Para un “determinista”, esto es inconcebible. Pero, lo es porque no conocen la verdadera historia de los hombres de carne, hueso y alma. Se quedan presos de sus ideologías.
Y ojo que todavía buena parte de los hombres son de alguna forma “deterministas”.
Hay toda una corriente perversa, vieja, pero que hoy maneja millones de vidas (¡y dólares!) que se llama “eugenesia”. Pretende mejorar la humanidad seleccionando a quién va a nacer de acuerdo a sus antecedentes genéticos o descartándolos (matándolos), si vienen con enfermedades. Padres que eligen artificialmente qué tipo de hijo quieren tener y descartan a los supuestamente peligrosos… Tiene tanto de negocio, como de racismo y otras malas yerbas. Buscan extirpar “malas raíces”, sin darse cuenta de que ellos y sus ideas son las malas raíces.
Las políticas internacionales de promoción del aborto y el control de la natalidad nacieron en Inglaterra y Estados Unidos por razones eugenésicas deterministas. Sostenían que había que reducir la población “pobre”, especialmente negra, porque de allí salían la mayor parte de los criminales. Por supuesto que estos tipos piensan que ellos forman parte de los “buenos”.
Entonces, te lo resumo, porque parece contradictorio lo que te expliqué. El refrán "De mala raíz nacen los peores frutos", tiene mucho de verdadero, pero no se aplica de forma terminante en las vidas humanas. Allí una mala raíz es solamente una mala inclinación.
De las malas ideas sí, nacen siempre peores frutos: las malas ideologías, por ejemplo. Como esa que te contaba. Todos los grandes crímenes del mundo moderno tienen su origen en malas raíces filosóficas.
Si partimos, por ejemplo, del error de creer que Dios no existe, o que, si acaso existiese (porque imposible probar su inexistencia), es indiferente a la vida de los hombres, todos los frutos culturales que nacen de ese error van a ser irremediablemente malos.
Y el mundo moderno va aún más allá, niega la existencia misma de una realidad objetiva de las cosas.
- Eso es algo tonto –me respondió con seguridad.
- Sí, claro. El nuestro es un mundo tonto. Pero el corazón del hombre es libre para escaparse de él. Como hizo Santa Olga. Como han hecho muchísimos otros.
- ¿Más que los malos?
- Habrá que ver.