Opinión
Claves de la inseguridad

‘Gutiérrez is mai neim': el uniforme que la política no ha sabido honrar


La principal responsabilidad por el deterioro de la Policía de la Provincia de Buenos Aires es de la política. La misma política que hizo de buena parte del Conurbano Bonaerense un conglomerado de barrios dejados e inseguros para vivir. Todos y cada uno de los políticos que de 1983 a hoy han tenido la responsabilidad de gobernar la Provincia de Buenos Aires han demostrado, cada uno, que su única capacidad era poder ser más inepto que el anterior. Seguramente a la par del país, pero también peor.

Este primer párrafo que escribo es una aclaración necesaria para que nadie se confunda creyendo leer una crítica a los policías bonaerenses. No lo es, ni puede serlo, porque la Policía de la Provincia de Buenos Aires no tiene autonomía: todo en ella depende de la conducción política, desde los recursos que se asignan hasta las directivas de funcionamiento, pasando por la formación del personal. Y en esta ocasión quiero abordar una cuestión que a primera vista parecerá superficial: la imagen de la Policía Bonaerense a partir de una serie de televisión.

He visto estos días la divertida serie Gutiérrez is mai neim, comedia policial muy bien lograda ambientada en el Conurbano Bonaerense, que con oficio protagonizan Darío Barassi y Yayo Guridi interpretando a dos oficiales de la Policía Bonaerense.

Lo notable de la serie es que superpone la comedia de la ficción con el drama de la realidad. La trama absurda, la caricaturización (simpática y no grotesca) de los personajes y sus pasos de comedia se apoyan en una escenografía que les da veracidad en tanto reflejan la decadencia del Conurbano Bonaerense e instituciones corrompidas que no cumplen sus cometidos. Tanto así que el drama en el que habita la comedia se dimensiona mucho mejor que en otras series y películas cómicas.

Por caso, División Palermo, otro muy buen entretenimiento, resultaba menos creíble pues no refería una policía real y desde la ficción se basaba en mostrar lo ridículo de exagerar las denominadas "políticas inclusivas", que muchas veces ya de por sí son una exageración.

Como lejano antecedente cabe mencionar Mosca & Smith en el Once, serie de 2004, donde, hecha con trazo grueso, la caricaturización del barrio del Once, marcadamente grotesca, restaba veracidad y capacidad de crítica del entretenimiento hacia las instituciones.

TODO UN GÉNERO

La comedia policial es todo un género del cine y la televisión. En lo personal considero a Torrente, el brazo tonto de la ley una sublime obra de arte, pero, antes que ensayar una crítica al sistema, la creación de Santiago Segura es la construcción de un personaje fuera de toda aceptación y marco institucional (luego el contexto español -para nada extraño al de otras latitudes- le sirvió en bandeja la posibilidad de soltar con "Torrente Presidente", la última película de la saga, una crítica feroz y aleccionadora sobre la decadencia política que desvirtúa el sistema representativo).

Por otro lado, no siempre es claro si las críticas son críticas o elogios; la duda surge en casos como el de la estadounidense Sledge Hammer, que si bien parodia al Inspector Callahan que interpretaba Clint Eastwood en las películas de Harry el Sucio, en cierto modo terminaba siendo también un alegato contra el garantismo, no muy distinto al de las películas de Charles Bronson.

Dado que el objetivo de la industria del entretenimiento es entretener, no siempre la ficción trae consigo una crítica a la realidad. Ni tiene la obligación de hacerlo, mal que le pese a tanto papanatas ideológico. Es muy desagradable el resultado cuando guionistas y directores de series o películas cómicas, sin ninguna sutileza, anteponen al humor su intención de criticar, o directamente adoctrinar, imponiendo al espectador ser cómplice de lo que ellos consideran "corrección política". Los chistes sobre los contenidos de Disney y Netflix, ampliamente difundidos en redes sociales, me eximen de abundar en explicaciones.

No es el caso de Gutiérrez is mai neim: aquí la crítica se expone clara pero sutilmente en lo reconocible de la escenografía: un Conurbano detonado con una policía que hace lo que puede y que, pese a sus muchas falencias, es el principal freno para que la cosa no sea todavía peor.

¿Que retrata policías corruptos? Sí, y todos sabemos que los hay. Pero también retrata a los políticos que sólo se preocupan por mantener sus cargos -que son casi todos- y a un Poder Judicial que hace mucho tiempo dejó la honorabilidad en calidad de excepción. Hay un gag particularmente desopilante donde las palabras que dice un comisario al salir de un juzgado, además de provocar carcajadas, ponen a la corrupción en una escala de responsabilidades donde hasta un corrupto se ofende al dar con el colmo.

Gutiérrez is mai neim ofrece, desde su ficción, una imagen del Conurbano Bonaerense y la Policía Bonaerense que refleja realidades que es preciso mejorar. No de manera cosmética, sino como resultado de cambios profundos que, vuelvo a dejarlo en claro, no comienzan por la propia policía sino por la política.

IMAGEN DE AUTORIDAD

Toda policía, para ser eficiente, requiere transmitir una imagen de autoridad tal que genere confianza. La expresión "honrar el uniforme" tiene significado conductual, ético y estético. Hay reglas para diseñar un uniforme como las hay para vestirlo. Y no hablo de tener los botones siempre abrochados, porque entiendo perfectamente que aquel policía combatiendo en La Tablada con la camisa abierta es una postal del coraje en el cumplimiento del deber que debemos procurar caracterice siempre a la Policía Bonaerense.

La política debe honrar ese uniforme azul, sin pensar en agregarle, a modo de renovación, más caramelos Sugus, que ya bastante uniforme colorido tiene la Policía de la Ciudad. Y no es sólo el uniforme: son las instalaciones, los móviles, las armas, todas cosas que deben ser provistas a la policía y que durante años le han sido negadas porque se prefiere malgastar el dinero de los contribuyentes fomentando la desmemoria, honrando a terroristas en lugar de a los policías bonaerenses que esos terroristas mataron, o en programas tan útiles como el que en 2023 llamaron Haceme tuyo, con el que Kicillof gastó 500 millones de pesos comprando un millón de potes de gel lubricante íntimo. Delirios así, como para arruinar a cualquier provincia.

Son otras las necesidades de los bonaerenses que debe atender la política, pero mientras la Provincia de Buenos Aires siga en manos de políticos con valores propios de quienes pretenden ser el gobierno de, por y para la delincuencia, la degradación va a seguir su curso. Entonces, dentro de unos pocos años, alguien volverá a ver Gutiérrez is mai neim solo para sorprenderse por lo bien que estaba el Conurbano Bonaerense en 2026.