Por Ana Báez (EFE)
Ciudad de México- Si pudiéramos despertar de esta época -que el compositor argentino Gustavo Santaolalla denomina “el fin de los tiempos”- lo haríamos con una corriente eléctrica tan intensa como la que desprende ‘Ohm’, el nuevo álbum de Bajofondo, que rinde “homenaje a la música electrónica de antes” y se acompaña del “eclecticismo” del cantante mexicano Cristian Castro.
Para navegar en el “microcosmos” de las 14 canciones del disco rioplatense, lanzado el 19 de febrero, hay que “analizar su nombre”, explica Santaolalla a EFE en México, donde ha producido los discos más emblemáticos de Café Tacvba y Molotov, así como creado las bandas sonoras de ‘Amores Perros’ (2000) y ‘Babel’ (2006), con la que obtuvo su primer Óscar.
“‘Ohm’ es una unidad de resistencia de corrientes eléctricas del momento en el estamos viviendo”, destaca el maestro del ronroco sobre el vínculo del álbum con este concepto utilizado en el campo de la física y se representa con el símbolo de Omega (Ω), que tradicionalmente simboliza “el fin”, al ser la última letra del alfabeto griego.
Viajar a la raíz
Con esta visión situada entre la resistencia y “el fin de los tiempos”, la agrupación -fundada en 2001 por Santaolalla y el uruguayo Juan Campodónico- se adentró en el legado de pioneros de la música electrónica como Stockhausen, Pierre Henry y Wendy Carlos, incluso hacen un guiño a ‘Switched-On Bach’ (1968), con el tema ‘Switched-On Milonga’.
Según Campodónico, la banda, conformada por otros cinco músicos, lleva consigo ese espíritu bajofondero: “de ir para atrás y tomar algo que viene de nuestra cultura, de nuestras raíces” para traerlo en forma de música contemporánea.
“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, complementa Santaolalla, de 74 años, al citar al escritor ruso León Tolstoi, para ilustrar cómo las raíces de una cultura pueden transformarse en algo universal.
En ese sentido, celebran que artistas del ‘mainstream’ como Rosalía o Bad Bunny lleven al escenario la música tradicional de su tierra, como el flamenco español o la plena y la bomba, estos dos últimos, ritmos autóctonos de Puerto Rico.
“Hace 20 años, nosotros mezclábamos música de tendencia con tango y milonga, y era una rareza para la época; hoy, en cambio, es más común, así que parece que hay un caminito muy optimista”, subrayó Campodónico.
“Se fue el sol”
Sin embargo, admite que este tipo de música “es más lenta”, pues el disco les tomó cuatro años de trabajo, desarrollados principalmente en el estudio-laboratorio argentino La Siesta del Fauno, especializado en electrónica 'vintage'.
Así nacieron canciones como ‘Hay un lugar’, la más personal para Santaolalla, o ‘Se fue el sol’, en la que la voz de Castro se funde con el synth-pop, género popularizado en 1980.
“Es bastante ecléctico, no es el clásico niño bonito del pop”, asegura Campodónico al referirse al intérprete de pop latino, quien en los últimos años ha mostrado afinidad por el ‘heavy metal’ y mantiene, además, un estrecho vínculo con Uruguay y Argentina.
En el tema interpretado por el mexicano, Santaolalla apunta que hay una critica a “la cultura del exceso” instaurada durante la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) en Estados Unidos, concepto que los economistas han explicado con el término ‘Reaganomics’ (reaganomía, en español).
El problema -agrega- es que esa cultura se ha “extendido hasta el presente”, lo que después nos lleva a decir: “se fue el sol en Gaza o en los bosques que se están quemando” por la devastación ambiental.
Pese al contexto, el creador de la banda sonora de ‘The Last of Us’ considera que “tenemos un instrumento muy fuerte”, porque “está hecha de vibraciones” que, al “ponerse juntas”, se transforman en distintos tipos de “frecuencias” capaces de “impactar muchísimo a la gente”.
Y eso es lo que Santaolalla, referente internacional de la música latinoamericana, ha intentado hacer durante más de 50 años de carrera: “conocer la identidad del mundo” para transformarla en frecuencias musicales que el público pueda sentir en un concierto, una película e incluso un videojuego.