Libros

Guía de un ‘métier’ fascinante

La dirección orquestal

Por Mario Benzecry

EDAMus. 152 páginas

Alumno de Teodoro Fuchs en la Argentina, Pierre Dervaux e Igor Markevitch en el exterior, ganador del Concurso Dimitri Mitropoulos en Nueva York, Mario Benzecry viene desplegando un recorrido de más de cuarenta años al frente de prestigiosas agrupaciones sinfónicas en todas las latitudes. Paralelamente con ello, se desempeñó como profesor titular de la cátedra de dirección orquestal en el Conservatorio Manuel de Falla, la Facultad de Bellas Artes de La Plata y el Instituto Universitario Nacional de Artes, todo ello rematado por la Dirección de la Maestría en Dirección de Orquesta, Banda y Ensambles en la misma entidad.

El resultado de esa dilatada experiencia bifronte, tanto en la práctica como en la teoría, está plasmado en este libro, subtitulado “Manual del Usuario”, publicado por el Departamento de Artes Musicales de la Universidad Nacional de las Artes. Dividido en tres partes (“La técnica”, “Expresión” y “Gestión”, con cuatro Apéndices), La dirección orquestal es un valiosísimo repertorio, pleno de ilustraciones musicales, que traduce generosamente todo el rico ejercicio de su autor, y agota virtualmente con escritura sencilla, concreta y clara, todos los pliegues de su fascinante “métier”.

Desfilan en ese contexto la gestualidad, el uso de la batuta y como empuñarla, el bateo simple y compuesto o subdividido, la transmisión de tensiones y distensiones, así como también la posición del cuerpo del concertador, sus inflexiones físicas e indicaciones de sus palmas, entradas y cierres.

Esto complementado por el manejo diverso de los calderones, aún los de compleja estructura, y de los eventuales accidentes. A lo que se añaden definiciones sobre la ubicación de los atriles y filas, el calentamiento y afinación de los distintos instrumentos (“todo armónico es calante por definición”).
Incursiona igualmente Benzecry en el estudio vertical y horizontal de las partituras, los arbitrios agógicos, dinámicos y de articulación, que son propios de cada director, la modificación de tiempos, notas y matices respecto de las partituras originales como consecuencia de versiones aceptadas que se fueron consolidando con los años.

Señala por otro lado el carácter “forzosamente subjetivo” de cada interpretación, analiza de manera muy minuciosa los transportes instrumentales (por octava o por fundamental), las tonalidades y colores orquestales, y el oído y “canto interno” del maestro, al que confiere importancia muy relevante. Por añadidura dedica sus reflexiones a los ensayos y el armado de los programas, el fraseo y la transparencia de la ejecución, las gradaciones y el trabajo con solistas.

Obra imprescindible para estudiantes y quienes se inician en la carrera (sin perjuicio de algún consejo útil para aquellos que ya la están desarrollando), La dirección orquestal describe con mano insuperable todos los meandros de esa distinguida función artística, y remata con abundantes citas bibliográficas y un interesantísimo Apéndice sobre los armónicos y el “vibrato” en las cuerdas.