Opinión
Guerra entre piqueteros
Todo indica que hay buenos y malos, adherentes y opositores al Gobierno nacional, y que dejaron el reclamo social por una ideologización negativa.
No hay que dejar de observar el enfrentamiento entre los distintos grupos de piqueteros y analizar sus consecuencias, las que no tardarán en producirse, desde ya, sin ningún aporte a la concordia nacional, a la paz social, a la preservación del orden público, al crecimiento de la Nación, a nada que pueda considerarse positivo. Porque lo que se ha dado en llamar el "bloque" piquetero" no existe como tal, pero sí distintas vertientes aunque coinciden en su espíritu combativo, en su interminable y prepotente reclamo social, como si los que no son piqueteros no están en medio de dificultades mayúsculas de índole económica y social. El movimiento piquetero se ha distorsionado en profundidad. Lo que en un principio fue una manifestación popular y callejera en demanda de ayuda para subsistir, y la población así lo entendió, aunque nunca aprobó ni aceptó los inconvenientes que provocan, por lo menos, con el impedimento de la libre circulación, hoy debe interpretarse de muy distinta manera. La distorsión es tal que se advierte que hay piqueteros buenos y malos, adherentes y opositores a la Casa Rosada. Siendo así, es difícil definir si el Gobierno nacional preferiría la existencia de un verdadero bloque simpatizante, o uno definidamente ubicado en la vereda de enfrente, con lo cual habría podido también orientar una política más coherente hacia estos grupos.
El piquetero que hasta puede integrar una comitiva presidencial que viaje al exterior, como ocurrió con la Cumbre Iberoamericana de Bolivia, y a quien se le atribuye haber sido el artífice del encuentro del presidente Néstor Kirchner con el revolucionario dirigente cocalero Evo Morales, que pretende ocupar el lugar del actual primer mandatario boliviano, que ocupa su escritorio por mandato de la democracia, puede diferenciarse de otros dirigentes por el principal factor que hoy se juega políticamente: la ideología. La extremada politización de estos grupos es lo que dejó atrás aquel reclamo social y hoy se enfrentan con duros reproches los kirchneristas con los socialistas más radicalizados, por ejemplo. Pero no todo es claro entre el Gobierno y los piqueteros, porque quienes cometieron desmanes, destrucción de bienes ajenos y otra variedad de delitos en Salta, fueron recibidos por las autoridades nacionales cuando debieron haber sido requeridos por la Justicia y ser juzgados. Y no hay definición, porque se confunde lo que es aplicar la ley con la mal entendida represión cuando un juez sanciona a quien delinquió. Por ello aquel proyecto de amnistía, y por ello el pedido piquetero de descriminalizar la protesta social, y también el propósito de descomprimir el episodio frente al Ministerio de Trabajo después del ímpetu del propio Presidente para que el ministro tomado como rehén junto con sus colaboradores denunciara el grave episodio a la Justicia. Los piqueteros deben comprender que están más cerca del Código Penal que de los designios republicanos que necesitamos fortalecer para que el país se rehabilite y ellos dejen de ser piqueteros y puedan integrarse a la sociedad, sin la necesidad de hacer más reclamos porque ya no habrá motivos para ello si ayudan a la estabilización nacional.