Cultura
In memoriam

Graciela Pérez Villamil

Si los sencillos canteros con flores de las plazas porteñas merecieran, por feliz iniciativa de los legisladores, llevar un nombre, uno de ellos debiera llamarse Graciela Pérez Villamil, recientemente fallecida. Porque así como en esos canteros, año a año, distintas semillas crean esas flores, La Profe, como la llamaban cariñosamente las legiones de alumnos que tuvo en el Instituto Superior Mariano Moreno, en la carrera de guías turísticos de la Ciudad de Buenos Aires, sigue transmitiendo, no los conocimientos (porque esos son valiosos, pero cualquiera con dedicación quizás pueda obtenerlos), sino los valores que supo inculcar sobre rigurosidad histórica, patrimonio, investigación y, especialmente, el involucrarse en su defensa.

Las Juntas de Estudios Históricos de Monserrat, de la Recoleta y de Caballito, a las que integró (de las cuales fue fundadora o una de las bases fundantes) hasta hace unos años, cuando se retiró por razones de salud, la contaron como conferencista y como divertida comentarista de protagonistas y episodios sucedidos en esas jurisdicciones o en el ámbito de la ciudad. Mario de Almeida, Alicia Braghini y Marina Inés Bussio la han recordado en las redes.

En lo personal, recuerdo cuando hace veinte años organizamos un Congreso Internacional sobre las Invasiones Inglesas con la Junta de Estudios Históricos de la Recoleta, cuando la ciudad olvidaba esa gesta de vital importancia, y hasta alguna Junta. Ella no solo se puso sobre los hombros esa labor, sino que además se ocupó de que sus alumnos de ese año y de cursos anteriores asistieran, lo que dio renovados frutos a esas jornadas, que duraron una semana, con la presencia de descendientes franceses y españoles de Santiago de Liniers y de muchos de los protagonistas de aquellos hechos; al extremo de que, por su envergadura, la clausura se realizó en el Salón Dorado de la Legislatura, con discursos del presidente de la misma, Santiago de Estrada, y del Dr. Miguel Ángel De Marco.

Devota de su familia, de su hermana y de sus sobrinos, a quienes siempre tenía a flor de labios, de las tertulias en el Club Hípico y católica practicante, seguramente le será dado el premio merecido a su leal vivir.