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SIETE DIAS DE POLITICA

Gobierno y oposición pulsean por instalar sus propios relatos

Con la macroeconomía blindada, dólar e inflación salieron de la agenda electoral. En su lugar, el PJ intenta instalar el “costo social” de la estabilidad y Milei, la cuestión Malvinas.

Por primera vez en décadas la inflación y el dólar quedaron fuera de la agenda electoral. Esa rareza no es de difícil explicación. La moneda norteamericana cerró el viernes a $1.545, bajo total control, y el índice de precios al consumidor de agosto empezó con uno (1,7%) el más bajo en catorce meses.

El Gobierno no aprovechó como hasta hace poco esas cifras para la autoexaltación. Optó por machacar con la cuestión Malvinas que es su último as de espadas. Después de la cadena nacional del jueves 3 siguió con una andanada de comunicados producto de una estrategia caótica.

Anunció sanciones administrativas y denuncias penales contra empresas que participan del proyecto británico en Malvinas que en un principio eran 15, a las que posteriormente se agregaron otras 45. Sin embargo, sólo se conoció el nombre de cinco. Los demás “sujetos” afectados sólo trascendieron por la prensa.

Después de la seguidilla de comunicados quedó expuesta con mayor nitidez la nueva situación internacional respecto de las islas en conflicto. El primer ministro británico Andy Burnham reaccionó con una actitud de general tercermundista amenazando con mostrarse “implacable” en la defensa del archipiélago.

Por su parte, las empresas proveedoras de Vaca Muerta -las más importantes del mundo en su rubro- atendiendo intereses concretos, aseguraron que no participarían en el proyecto Sea Lion y, por último, el viernes el canciller Pablo Quirno y el ministro de Defensa, Carlos Presti, viajaron a Tierra del Fuego donde se entrevistaron con el gobernador kirchnerista de las islas y recorrieron el predio destinado a la base naval integrada.

Con el paso de los días se van haciendo más evidentes los objetivos de la dura y sorprendente reacción del gobierno libertario al proyecto petrolero de los ingleses y la sincronización con el gobierno de Donald Trump. La idea de Javier Milei es usar su alianza con el mandatario norteamericano para dar mayor peso a los reclamos argentinos, mientras la Casa Blanca busca poner un pie en el Atlántico Sur, propósito pendiente desde 1982 cuando, para evitar el inminente conflicto armado, el secretario de Estado Alexander Haig propuso la administración tripartita de las islas. Las últimas declaraciones de Trump en Dublin apuntaron en esa dirección.

La base naval en Tierra del Fuego aparece como un proyecto conjunto Trump-Milei que es la respuesta a la base china en Neuquén cedida por el kirchnerismo. Por eso participó de la búsqueda para su localización la jefa del Comando Sur norteamericano en persona. Por eso las ventas de aviones de combate y helicópteros americanos a la Argentina, a pesar de la inexistencia de una hipótesis concreta de conflicto en la región.

En el plano interno al Gobierno, en cambio, no le fue igual. La oposición tuvo un rotundo éxito en poner a discusión en la Cámara de Diputados dos cuestiones a las que La Libertad Avanza se resistía: los índices inusualmente altos de endeudamiento en el mercado financiero y los subsidios vinculados a la discapacidad.

En primer lugar, la jugada opositora contó con un fuerte apoyo de los gobernadores no K que permitió formar el quórum para forzar la discusión parlamentaria y demostró la volatilidad de las alianzas de los libertarios con radicales y peronistas considerados “dialoguistas”. A medida que se acerquen las elecciones, más complicado le resultará a la Casa Rosada reunir las mayorías necesarias para legislar.

El debate parlamentario por los deudores morosos no aportará de todas maneras ninguna solución práctica a un problema que instituciones como el FMI no consideran de riesgo para el funcionamiento del sistema bancario y financiero. Lo que, en cambio, la oposición busca es otro argumento para sumar al arsenal usado en los medios con el objetivo de contrarrestar las cifras macroeconómicas del Indec.

Ese arsenal consta de: a) las encuestas que denuncian la existencia de un fuerte “malestar social”, b) caída de la imagen positiva del presidente de la Nación y de sus políticas públicas, c) alta desaprobación de la administración libertaria y d) aumentos de las expectativas pesimistas sobre el futuro de la economía. En síntesis, un estamos mal y vamos peor (ver “Los números adversos” en “Visto y Oído”).

Ese arsenal, sin embargo, no ha incorporado todavía una herramienta que algunos peronistas nostálgicos reclaman: los cacerolazos. Al respecto, un encuestador opositor tuiteó el viernes que los ruidosos repudios porteños a Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández no se habían repetido en el caso de Milei. No se sabe si estaba simplemente constatando un hecho o exhortando a la acción, pero lo que quedó en claro es el despiste generado hasta entre los observadores más curtidos por el fenómeno libertario.