Opinión
Lo que vendrá

Gaza y la razón oculta

Lo que ocurre en torno del conflicto entre palestinos e israelíes acerca de la Franja de Gaza tiene antecedentes históricos remotos y recientes, no siempre tomados en consideración e imparcialidad a escala planetaria.

Los hechos relacionados con el accionar del ejército de Israel para detener una misión de varias ‘ong’ supuestamente dedicadas a la distribución de ayuda humanitaria en la notoriamente pobre zona que Tel Aviv mantiene cercada en función de una aducida autopreservación del Estado fundado en 1947, han merecido un extenso tratamiento mediático de dimensión global, no siempre objetivo ni puramente racional.

Mientras los israelíes anunciaron que la denominada “flotilla de la libertad no ofrecía garantías suficientes para confiar en su desconexión con fuerzas reales o potencialmente enemigas, los congregados a bordo de los buques blandían pergaminos pacifistas exclusivamente orientados a efectivizar propósitos asistenciales profusamente difundidos por la prensa internacional. Así las cosas, el verdadero “diálogo de sordos” construido entre ambas partes con anterioridad a la fuerte irrupción de las fuerzas militares de Netanyahu, pareció ayudar a generar una sensación de exclusividad para estos últimos en lo concerniente a propósitos, formas y contenidos belicistas. ¿Fue así, y punto? Veamos.

Con anticipación respecto de la efectiva irrupción militar israelí en las naves supuestamente apegadas al puro altruismo, las autoridades del país que caracterizó esa misión como algo parecido a una “prueba de mecanismo” de los intereses que apuestan a la supresión integral de su Estado, esgrimieron que solo se trataba de inspeccionar los contenidos del embarque, para lo cual –dijeron- bastaba con el sí de quienes dirigían la misión.

Es más, el diario español socialdemócrata “El País” consignó, en esas instancias, que los conductores del operativo de ayuda “sabían que sus propósitos podían no concretarse”, (aún cuando) sugirió, a la vez, que a los embarcados les bastaba con generar hechos de “legítimo” contenido político-comunicacional. Un mínimo de 9 muertos no fueron el tipo de respuesta que, a priori, alguien pueda considerar justificados frente a la incursión concebida en los términos de la descripción de los “buenos” frente a feroces ofensivistas. ¿Pero esa descripción se atiene realmente a los hechos y/o a sus antecedentes? Veamos.

Mientras unos hablan de “enemigos dispuestos a pulverizar a Israel, esta vez generando un escenario de resistencia activa (y agresiva) a todo tipo de posibilidad de requisa marítima”, los otros aducen que sus opuestos generaron por y para sí mismos la imagen que la prensa internacional ha difundido como elementos activos de una “fuerza beligerante”. ¿Otra vez –dicen- algo parecido a las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein que no fueron halladas en forma previa a la incursión de Estados Unidos en Irak? Vayamos por partes.

Saddam usó ese tipo de armas (en forma previa a ese relato) haciendo en el inicio creíbles las prevenciones de Washington, tanto como ahora la objetiva alianza entre los intereses de Hamás y los de un Irán que no ha logrado convencer a muchos de las finalidades puramente pacíficas de su desarrollo nuclear.

Israel, que entiende que su existencia corre serio peligro frente a este tipo de avances, ¿exagera, o no, acerca de la conexión posible entre propósitos genuinamente independentistas de los palestinos partidarios de la paz, y los de los que se cubren bajo los pliegues de ese tipo de banderas para el logro –vía terrorismo- del exterminio presuntamente fogoneado por los Mahmud Ahmadineyad de la “santa” venganza con corifeos y asociados de calañas análogas? Chávez, seguro, descree de esos supuestos. La Justicia argentina aún mantiene legítimas dudas en tal sentido.