Faltaban pocos minutos más de media hora para el inicio del encuentro y la formación de la visita aún era una incógnita. Recién en ese momento, el jefe de prensa de River, Matías Ghirlanda, salió del vestuario y pegó la planilla con los 18 jugadores que enfrentarían, minutos después, al equipo de Lucas Pusineri.
Si bien la chance de incorporar más defensores ya se había manejado en la semana, el DT no dejó de sorprender con este dibujo táctico que incluía a tres centrales (Paulo Díaz – Robert Rojas y Javier Pinola) permitiendo que los dos marcadores de punta habituales (Gonzalo Montiel y Milton Casco) se adelanten en el campo para acompañar a los mediocampistas. En el sector medio también el Muñeco pateó el tablero. Puso entre los titulares a Leonardo Ponzio –demostró que sigue vigente- para acompañar a Enzo Pérez en la recuperación, y su ingreso le permitió al ex Estudiantes, adelantarse unos metros más en el campo de juego.
Pero como dice uno de los principios de nuestro fútbol, los equipos se arman de atrás hacia adelante y en cada victoria de los Millonarios, su arquero Franco Armani resulta determinante. Si bien ante el Rojo no pasó demasiados sobresaltos, fue clave con una atajada con los pies ante un remate mordido de Leandro Fernández y luego, en el ST, también apareció ante remates de Alexander Barboza y Pablo Pérez.
Desde la seguridad de su arquero, el River de Gallardo comenzó a cimentar su victoria. Las posiciones de Montiel y Casco también inclinaron la balanza. En el primer tanto de Rafael Santos Borré, el lateral izquierdo recuperó en el centro del campo una pelota clave, recorrió varios metros y habilitó a Montiel, quien con un centro preciso permitió que el colombiano, de cabeza, establezca la apertura del marcador.
Sin embargo, no todos fueron rosas. En el inicio del complemento, el local logró el empate a través de Silvio Romero –error conceptual en la marca de Pinola- y por momentos, cuando el chileno Díaz debía salir a marcar pegado a la línea lateral, sufría las consecuencias. En Robert Rojas encontró ayuda. El central paraguayo jugó un gran partido porque ganó los mano a mano, cortó pases importantes y aportó seguridad en la zona defensiva.
Cuando todo se había emparejado, Barboza cometió una infantil e innecesaria infracción y dejó a su equipo con 10. Si bien muchos esperaban un gran dominio de los visitantes, poco de eso se cumplió. Los cambios no aportaron demasiado, la falta de precisión en los pases fue moneda corriente en varios jugadores Millonarios y cuando la cosa parecía marchar para un empate, apareció una combinación letal que pocos esperaban. Paulo Díaz tomó la pelota cercano al mediocampo se adelantó y asistió al colombiano Borré, quien luego de un gran control, fusiló al arquero Campaña para decretar el 2-1.
Lo de Borré ya no sorprende. Si bien los de Gallardo cuentan con cuatro delanteros de renombre, el ex Atlético de Madrid se ganó su lugar y ya nadie lo pone en duda. Además, resulta determinante en los partidos claves de River. Los últimos encuentros internacionales pueden dar fe de ello. Marcó en los octavos, cuartos, semifinales y final de la Copa Libertadores, algo que pocos delanteros pudieron lograr y en el actual torneo doméstico, lidera, junto a Romero, la tabla de goleadores.
Por todo esto decimos que River lo ganó en las dos áreas. Armani hizo su trabajo; Casco, Montiel y Díaz resultaron determinantes en los goles y Borré, quien tiene el gol entre ceja y ceja, convirtió las pocas chances que tuvo. Queda claro que la mano del entrenador fue clave, pero la calidad de sus jugadores muchas veces simplifica las cosas.