Los discursos de Javier Milei ante la Asamblea Legislativa no suelen ser meros trámites protocolares; los ha empleado como plataforma privilegiada de su batalla cultural. El del domingo 1 de marzo abría la chance para un cambio de estilo: por primera vez la Asamblea le era mayoritariamente favorable aunque ese predominio no se base exclusivamente en la fuerza libertaria y necesite aún el sostén de otros sectores. Llegar al encuentro del domingo políticamente fortalecido permitía imaginar un discurso sin los complejos de inferioridad que a veces impulsan a levantar la voz excesivamente o a abusar de la agresividad. Milei eludió esa oportunidad y reiteró, con mejor manejo escénico que en otras ocasiones, el tipo de performance con que se siente más cómodo.
Su larga pieza oratoria no abundó tampoco en detalles sobre la hoja de ruta que seguirá la “revolución libertaria” en la segunda mitad de su mandato para consolidarse y adquirir derecho a la continuidad. Puso el acento en los éxitos alcanzados en la primera etapa de este período en relación con la inflación, mostró varios logros auténticos y dibujó otros para completar una descripción laudatoria de su propia gestión. Como complemento, describió al kirchnerismo (y al peronismo, en general, sin demasiado reparo por algunos de sus aliados de esa genética) como un agrupamiento signado por la corrupción y la decadencia. El inocultable crepúsculo del ciclo K no impide, con todo, que la estrategia libertaria emplee crecientemente su presunta amenaza como seguro pegamento de su propia base electoral.
Quedó fuera de cuadro en el discurso presidencial la monumental agenda y los retos que tiene por delante. Tampoco mereció mención la situación internacional, la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. El punto no es ajeno a los desafíos libertarios que el año último encontraron en Washington el punto de apoyo que les permitió ganar la elección de medio término y reequilibrar su gestión en un momento crucial. El paisaje internacional suscitado por el embate contra la República Islámica se vuelve turbulento y puede afectar a la Argentina, Varios bancos de alcance global (JP Morgan, Barclays, Citi, Wells Fargo, Morgan Stanley, Bank of America), al tiempo que ensalzan los logros del país en materia de inflación y equilibrio fiscal, lo describen entre los más vulnerables del mundo a un eventual shock financiero global,
Ahora con sus éxitos legislativos acumulados y una ley laboral aprobada, el Gobierno tiene que evaluar la reacción de los actores sociales y las consecuencias de su aplicación. Deberá superar previamente las seguras objeciones que el sindicalismo y sectores de la oposición plantearán ante la Justicia..Tiene también que dar respuesta a los sectores de la producción que alertan sobre el cierre de fábricas acelerado por la política de apertura comercial indiscriminada. La industria denuncia falta de crédito y competencia desleal de importaciones, y las consultoras registran la caída sostenida del consumo y del empleo formal. El poder adquisitivo sigue erosionado y la inflación, que había bajado a un dígito mensual a principios de 2025, retomó y sostuvo la senda ascendente desde mayo del año pasado. El riesgo país, que había descendido volvió a empinarse casi hasta los 600 puntos.Las voces críticas del sector productivo también fueron ácidamente tratadas en el discurso del Prresidente, que prolongó así una agresividad sobre grandes dirigentes de empresa que ya venía ejercitando antes de la Asamblea Legislativa.
El disgusto por ese maltrato alcanzó a la mayoría de las entidades patronales, desde la Unión Industrial a la poderos Asociación Empresaria Argentina que, pese a compartir explícitamente la política oficial (“equilibrar las cuentas públicas, evitar la emisión monetaria espuria, reducir paulatinamente la participación del gasto público en el PBI y continuar disminuyendo la presión tributaria sobre el sector formal”, reclamó “un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado de modo de remover los obstáculos al desarrollo, así como de generar condiciones cada vez más favorables para la concreción de inversiones productivas en diferentes sectores de la actividad económica”,
Los empresarios se esfuerzan en no disgustar al Gobierno, pero empiezan a plantear límites y a reivindicar un programa que no deje de lado al sector productivo. La UIA expresó su “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias. Muchas empresas, especialmente pymes, están atravesando una situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo.” Y agregó: “el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”. Paradójicamente, atravesó su última cita con el Congreso relativamente fortalecido en el terreno político pero más endeble en lo económico.
Las grandes inversiones que prometídas por los incentivos del RIGI se anuncian ya y parecen sin duda interesantes, pero se irán produciendo a lo largo de varios años. Las provincias mineras –San Juan, Jujuy, Salta- que atraen esas inversiones esperan que empiecen a concretarse rápidamente, aunque son concientes de que su peso sobre el empleo y la producción locales requiere normas que alienten la búsqueda cercana de proveedores de servicios. Por otra parte, todavía no se visualiza una estrategia para activar la economía en los núcleos más golpeados por el estancamiento y la precariedad social. Los grandes conurbanos, en primer lugar el bonaerense, se han constituido en una cuestión que reclama una respuesta de orden nacional.
En este escenario, la gran novedad política ha sido el surgimiento de un bloque de gobernadores dialoguistas a quienes Milei ya ha aprendido a contemplar como socios necesarios antes que como adversarios. Raúl Jalil (Catamarca), Carlos Sadir (Jujuy), Hugo Passalacqua (Misiones), Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), comprendiendo el rol estratégico que juegan en el balance de fuerzas del Congreso merced a la presencia de diputados y senadores que les responden, han comenzado a coordinarse para exigir una agenda federal concreta.
El Poder Ejecutivo lógicamente preferiría negociar con ellos de a uno, pero no está en condiciones de suspender el diálogo. La ventaja para el oficialismo nacional de este grupo de gobernadores (a los que se puede sumar al entrerriano Rogelio Frigerio y al chaqueño Leandro Zdero) es que, a diferencia de los que constituyeron Provincias Unidas (Llaryora de Córdoba, Torres de Chubut, Maximiliano Pullaro, de Santa Fe) ninguno de ellos tiene aspiraciones a una candidatura nacional y mantienen un autonomismo centrado en sus propios distritos. Así, la combinación política se presenta muy funcional para el Ejecutivo y para ellos. Habrá que ver cuánto dura esa funcionalidad, porque una parte complementaria sería que, en su momento, el oficialismo nacional no les dificulte el juego interno en cada una de sus provincias, pero eso es algo difícil de lograr, pues en varias de ellas ya hay candidatos libertarios decididos a jugar por la gobernación.
En una reciente videoconferencia los gobernadores marcaron una agenda centrada en producción agroganadera, turismo, energía e infraestructura; también definieron que no quieren ser “gobernadores con peluca”, es decir, no piensan incorporarse a La Libertad Avanza. Formalizaron, eso sí, un bloque propio en el Senado, constituido con escindidos del interbloque justicialista. Una de ellas, Carolina Moisés, fue promovida a una vicepresidencia del cuerpo con el apoyo de Patricia Bullrich. Los mandatarios ya anticiparon que llevarán esa misma coordinación a la Semana Argentina de Nueva York (que se abre el próximo lunes) para captar inversiones externas.
El último fraccionamiento en Senadores muestra por enésima vez al kirchnerismo en caída libre, todavía con alguna presencia numérica pero ya muy lejos de su pasado predominio. Eso le regala a Milei un oxígeno político inédito. Sin candidato claro para 2027, sin relato unificador y con el peronismo federal en abierta competencia interna, la oposición a Milei se diluye. El macrismo y el radicalismo se esfuerzan por realinear sus desperdigadas filas, penetradas por la influencia libertaria. La reconstrucción opositora demanda tiempo y eso amplía notablemente el margen de maniobra del oficialismo y alimenta la expectativa de reelegir en 2027.
Sin embargo, la ausencia de una oposición fuerte genera un riesgo paradójico. Los conflictos que no encuentran canales diferenciados para expresarse terminan manifestándose en luchas internas, a menudo preexistentes y abonadas con competencias y desconfianzas. Se acaba de observar un capítulo esta semana, con el reemplazo de Mariano Cúneo Libarona en el Ministerio de Justicia. Allí, Karina Milei desplazó la influencia que ejercía (y aspiraba a ampliar) el consultor Santiago Caputo, a través de Sebastián Amerio, que ejercía como número dos de Cúneo Libarona, manejaba de hecho la cartera y era el candidato de Caputo a ocuparla de jure. La secretaria general de la Presidencia impidió esa jugada, colocó a Juan Bautista Mahiques (distinguido miembro de una familia de lo que podría definirse como “la casta judicial”) y reemplazó a Amerio por un hombre de su estrecha confianza, Santiago Viola.
La hermana del Presidente parece decidida a devolver a Santiago Caputo al rol estricto de consultor del que el Presidente no quiere desprenderse, pero simultáneamente a apartarlo del manejo de instrumentos institucionales que le habiliten manejo político. Caputo todavía controla con hombres propios la ex SIDE y ARCA, la ex AFIP.
Otro capítulo interno:el rol destacado que ha jugado estas semanas Patricia Bullrich en el Senado, conduciendo victorias que el oficialismo ansiaba, la han convertido en una figura sospechosa para ciertos ámbitos mileístas. Para colmo ella confesó públicamente (con Mirtha Legrand) que dejaría con gusto el Senado por un cargo ejecutivo. Rápidamente se evaluó que piensa luchar por el ejecutivo porteño (lo que implicaría disputar con Manuel Adorni, el candidato de Karina Milei para ese cargo) o que, inclusive, tiene ambiciones más altas (vice de Milei si este busca repetir, reemplazante si llegara a cansarse del cargo). En paralelo, empezaron a manifestarse rispideces entre la senadora y su reemplazante en el ministerio de Seguridad,, Alejandra Monteoliva, recostada sobre la secretaria general de la Presidencia. Tal vez Patricia se sinceró demasiado en la mesa de Mirtha Legrand.
Milei inauguró el año legislativo con un panorama inédito: tiene más libertades de acción que nunca gracias al debilitamiento y fragmentación del kirchnerismo y del resto de la oposición, a la disponibilidad de gobernadores dialoguistas abiertos a negociar federalismo concreto. Pero también enfrenta el riesgo más grande de su gestión: que la falta de oposición externa termine devorando la cohesión interna. Cuidado: el tercer año no será de consolidación automática: será de definiciones.
No es un año electoral en Argentina, pero sí lo es en Estados Unidos, donde Donald Trump se juega el control del Congreso en las elecciones de medio término de noviembre. La guerra con Irán, aunque puede parecer un paseo para Estados Unidos dada su abrumadora superioridad militar y económica (sumada a la de su poderoso aliado regional, Israel) puede demandarle costos internos, dependientes del tiempo que le demande conseguir sus objetivos y de las consecuencias ulteriores (qué orden prevalecerá después de la guerra).. La República Islámica obviamente no puede triunfar, pero podría resistir lo suficiente como para desatar presiones internas en Estados Unidos y mayores reticencias de sus aliados si se extendieran un desorden generalizado del comercio y la producción globales.
El gobierno de Javir Milei tiene cosas que ganar o perder en las urnas estadounidenses de noviembre.