El resultado de las primarias se tradujo en primer término en un cambio de humor. Del gobierno, de una parte importante de la sociedad y de algunos factores de poder como el "establishment" empresario. Pero las cosas no quedaron en una simple expresión del entusiasmo colectivo. De inmediato el presidente aprovechó la ocasión para ampliar su margen de decisión tanto económico como político.
En materia económica quedó en claro que no habrá cambios. La actividad creció 4% en junio y la serie de valores positivos lleva a pensar que lo peor del ajuste cambiario/tarifario quedó atrás. De manera que las promesas de reactivación para el segundo semestre resultaron ser ciertas, pero con la aclaración de que era el segundo de 2017.
Por ese motivo y con una anticipación de otra manera incomprensible el ministro Aranguren se animó a informar que habrá una nueva suba de tarifas posterior a octubre. También que se hará en cuotas. Una de cal y una de arena, pero el rumbo consolidado por las urnas no se cambia. Las boletas de servicios con aumentos con que los kirchneristas saturaron las redes sociales durante la campaña demostraron su ineficacia en el cuarto oscuro.
Por su parte los empresarios reunidos el jueves pasado en el Consejo de las Américas declararon su entusiasmo por la performance del macrismo. Un entusiasmo tal vez tardío, porque nunca apostaron por Macri y porque ahora temen que el presidente se los recuerde con alguna medida desagradable.
Esa y no otra es la razón por la cual los supermercadistas se anticiparon a "congelar" los precios por varios meses, aunque nadie se los pidió públicamente. Salvo, claro está, el dúo Massa/Stolbizer que perdió por escándalo.
Pero el factor de poder que probó primero los efectos electorales del fortalecimiento macrista fue el sindical. En otra demostración de que la CGT perdió el rumbo político hace rato y que no ha podido todavía reponerse de la derrota peronista en las presidenciales, un sector resolvió hostigar a Macri con una movilización que terminó con el acostumbrado espectáculo surrealista. Ni Macri lo hubiera planeado mejor. Obesos violentos e intoxicados tirándose con cruces de supuestos "héroes" de Malvinas. Eso es lo que el gobierno tiene enfrente. Eso sobrevendría, si es derrotado.
La respuesta de Macri fue eliminar al funcionario que manejaba fondos apetecidos por las obras sociales sindicales y que respondía a un dirigente gremial con doble discurso. En privado le decía al gobierno que lo apoyaba, pero en público participaba de las medidas en su contra.
El presidente no habría podido tomar una decisión de esa naturaleza de haber sido derrotado por el kirchnerismo. En una de sus primeras medidas apenas llegado al poder devolvió fondos millonarios a las obras sociales que Cristina Kirchner les había negado. Pero ahora no necesita sobreactuar el apaciguamiento. Son los sindicalistas los que tendrán que mejorar las relaciones.
Otro tanto ocurre respecto de la relación con los gobernadores peronistas. El gobierno necesita que lo apoyen en el Congreso para sacar leyes económicas fundamentales como el presupuesto, la emergencia pública y la renovación del impuesto al cheque. Pero no aceptará que lo presionen en bloque y sólo accederá a la negociación de manera individual. Varios de ellos tienen poco margen de maniobra porque la ola de Cambiemos demostró haberse extendido por todo el país el 13 de agosto último.
Otro frente en el que se sintió el impacto de las PASO fue el policial de la provincia de Buenos AIres. Hubo ataques en La Plata atribuidos a la lucha "antimafia" que lleva adelante la gobernadora María Eugenia Vidal. Esa lucha, también ratificada en las urnas, se tradujo en los últimos días en el relevo de otro medio centenar de comisarios de la bonaerense.
Además de los atentados el ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, denunció la "desaparición" de un ex policía que colaboraba con Vidal. De ese desaparecido no dijeron nada ni los organismos de derechos humanos ni los medios que hostigaron al gobierno con la desaparición del activista Santiago Maldonado.
En resumen, las PASO derivaron no sólo en un triunfo macrista, sino en un realineamiento de los bandos que van a competir en octubre que ni Durán Barba hubiese diseñado más favorable al gobierno. La incapacidad de renovarse del peronismo será entonces la mejor carta de Macri.