Suplemento Económico

Favalli estaba equivocado

Alineados codo a codo en el auditorio, frente al mural que simboliza las luchas obreras, los gremialistas que integran el Triunvirato de la Confederación General del Trabajo (CGT) decretaron el paro por 24 horas. Los argentinos suspiraron, fastidiados, ante una medida inútil, oportunista, extemporánea.

Ese mojón clavado en la semana encarnó la protesta del movimiento obrero, o lo que queda de él, ante el debate que en esa misma jornada de jueves daba la Cámara de Diputados en torno a la reforma laboral. El resultado es harto conocido.

Al caer la noche los sindicalistas anunciaron el éxito rotundo de la medida. Ningún humorista pudo haberlo hecho mejor. Es sabido que de haber habido medios de transporte la adhesión al paro hubiera sido escasa o más bien nula. No es arriesgado afirmar que la mayor parte de los argentinos no se siente representado ni defendido por el anquilosado mecanismo burocrático sindical de la CGT.

“Lo viejo funciona”, aquella frase que el personaje del Tano Favalli hizo viral en la serie El Eternauta, no se aplica al mundo gremial. El universo laboral cambió hace mucho y las agachadas de los sindicalistas fueron limando la confianza de los trabajadores. Nadie cree en ellos ni en sus repetidas tretas extorsivas. Basta haber vivido algunas décadas en la Argentina y tener memoria para recordar lo que fue la traición de los ’90, cuando entregaron las empresas públicas sin patalear.

El presidente Raúl Alfonsín, durante su gestión, avanzó en la idea de democratizar la estructura sindical pero el bloque, pétreo, ni se conmovió. Fue imposible. Allí están los secretarios generales, apoltronados hace años en el mismo cargo, sostenidos por elecciones de dudosa transparencia.

Hubiera sido bueno que, ante lo inevitable, el equipo de economistas que asesora a la CGT elaborara un plan de reforma laboral alternativo, que mantuviera en pie los derechos adquiridos de los trabajadores. La huelga y el mero reproche son a esta altura una estrategia obsoleta. Los libertarios se ríen del cotillón peronista convocado en cada marcha. En este caso, ni siquiera hubo una movilización nutrida.

 EPICA LIBERTARIA

La reforma laboral tiene sus idas y vueltas pero finalmente nacerá, antes de que asome el sol del primer día de marzo. Así lo planificó el Gobierno y todo indica que, vigoroso en el parlamento, se dará el gusto. Es dable pensar que el discurso que brindará el presidente de la Nación, Javier Milei, en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso tendrá ribetes épicos luego de esta victoria histórica.

Pero volvamos a la reforma. El Ejecutivo está a un paso de concretar el sueño añorado por todo el arco liberal: aflojarle la cincha al entramado de leyes laborales. La pasividad de la CGT tuvo premio: conservaron la cuota sindical, salvaron la caja.

En cambio, el Gobierno, entre otras cosas, logró imponer la figura del sindicato por empresa, con la idea de que de esta forma mellará el poder de los muchachos peronistas.

En un reportaje reciente publicado en el diario Clarín, el otrora ministro de Trabajo alfonsinista, Armando Caro Figueroa, aseguró que el hecho de que los acuerdos por empresa estén por encima del convenio por actividad “cambiará el mapa sindical y laboral argentino” debido a que la normativa se adaptará ahora a niveles provinciales y regionales, cuando antes se regían por convenios a escala nacional como el de los metalúrgicos.

El sindicato por empresa rompería el esquema vertical del sindicalismo por actividad, adonde se engarza el poder peronista. La reforma no impide que el tiro igual salga por la culata. En su libro El Cordobazo (Sudamericana, 1996), el historiador James P. Brennan da cuenta de la experiencia ocurrida en 1969 con el sindicato automotriz Sitrac-Sitram, vinculados a las empresas Fiat y Renault.

Sitrac-Sitram no participó en las revueltas del Cordobazo. Era un sindicato considerado amarillo, que respondía a los intereses de la empresa. Hasta que, elecciones mediante, la conducción fue ganada por militantes de izquierda pertenecientes a la corriente clasista, y todo se volvió un polvorín. El general Agustín Lanusse, presidente de facto, los disolvió en 1971.

No caben dudas de que la reforma laboral, a la que aún le falta un golpe de horno, tiene un claro sesgo pro empresa. La conclusión se desprende de las propias palabras del ministro de Economía, Luis Toto Caputo, quien en su cuenta personal de la red X escribió: "Bajamos 85% las cargas sociales y las Cámaras empresariales no festejan".

Tal vez lo que ocurre es que algunos empresarios están mirando esta reforma desde otro ángulo, midiendo otros plazos. “La reforma laboral nació vieja. Hay que pensar en los trabajos que va a desplazar la Inteligencia Artificial”, comentó Gustavo Weiss, presidente de la Cámara de la Construcción. Quizás, dentro de no mucho tiempo, haya que darle otra vuelta de tuerca al paquete de normas laborales.

QUEBRANTOS

La semana no fue sencilla en el ámbito laboral. Uno de los títulos más resonantes fue el anuncio de cierre de la empresa Fate, dedicada a la fabricación de neumáticos, que dejó sin trabajo a 920 operarios.

Las razones abrevan en dos fuentes: la imposibilidad de competir con los productos importados, y la compleja situación productiva de la compañía, jaqueada por paros permanentes lanzados por la comisión interna, integrada por militantes del Partido Obrero y el Frente de Izquierda. Terminaron por pegarse un tiro en el pie.

A la sombra de Fate hay otras tantas firmas que vieron ya un similar destino. Según datos del Monitor Mensual de Empresas de la consultora Fundar, entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 desaparecieron 10.123 compañías. Cifra que escala a 21.938 si la comparación se hace contra noviembre de 2023.

Los quebrantos se registran en casi todos los rubros, tanto que 13 de 19 sectores muestran una merma mensual. Los más afectados son Transporte y almacenamiento (-197 empresas); Cultura y esparcimiento (-42 empresas) y Finanzas y seguros (-30 empresas). En el conteo por provincia, las más castigadas son La Rioja (-62); Misiones (-210); y Formosa (-17).

Para poner nombre y apellido, en el último mes, además de Fate, se registraron 200 despidos en Paty; bajó la persiana la firma Alal Textil de Corrientes, cesando a 260 personas; y cerró TN & Platex en Tucumán, con 190 suspensiones. Una suerte similar siguieron Translong Logística –por el cierre de Whirpool-, Novax, Lácteos Verónica y Metalúrgica Fornax.

La política de apertura económica sin un airbag que amortigüe el impacto en términos de competitividad está dejando cicatrices. Según el último informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), conducido por Nadin Argañaraz, “en relación con noviembre de 2023, mes previo a la asunción del gobierno nacional actual, hay 192.000 asalariados privados menos y 78.800 asalariados públicos menos. En total, la caída es de 270.800 asalariados registrados. Por otra parte, los monotributos aumentaron en igual período en 137.400”.

El Gobierno juega con fuego. Respaldado en las urnas, convencido ideológicamente de que el camino pasa por la apertura económica y la competencia; obstinado en su afán por sostener a rajatabla el superávit fiscal, ignora o no quiere ver que en la Argentina el humor social y político es volátil, a veces efímero. Parado sobre un escenario sin oposición real, subestima el daño de sus políticas liberales.

El desengaño, sin embargo, acecha. Quienes votaron a los libertarios por creerlos distintos a la casta política sempiterna hoy no dan crédito del escándalo generado en torno a la figura de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación. Al Coloso, tal como lo llama Milei, lo denunciaron por haber alquilado cuatro pisos en el centro porteño y 24 cocheras por $720 millones, a razón de $60 millones anuales –en pleno proceso de ajuste-, y porque la Cancillería renovó el contrato por $ 113 millones con la Asociación Argentina de Cultura Inglesa, que dirige su esposa.

Casi indolente, la sociedad no reacciona. “Nadie se salva solo” es otra de las fallidas premisas de Favalli. Los argentinos, frustrados -salvo honrosas excepciones-, hace rato ya que dejaron de creer en un proyecto colectivo para refugiarse en un desesperado sálvese quien pueda. Esto explica, también, el triunfo de las ideas libertarias.