“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.”
Albert Camus-El mito de Sísifo (Le Mythe de Sisyphe), 1942.
En ‘El mito de Sísifo’, Camus comienza el libro cuyo subtítulo es ‘Ensayo sobre el absurdo’, su primera Sección, ‘Un razonamiento absurdo’ y por si faltara algo el primer capítulo ‘Lo absurdo y el suicidio’. Lo absurdo es el tema evidentemente. Más de ochenta años después, esa expresión, adquiere una dimensión que el propio Camus difícilmente podía imaginar. En nuestro medio, finalmente parecemos habernos enterado, a nivel mediático, de los casos crecientes de suicidio, pero ya no se trata solamente de interrogarnos si una persona quiere morir; debemos preguntarnos algo mucho más inquietante: ¿quién es la persona que decide?
La versión de ‘Mito’ que tengo -me percato solo al escribir esta nota-, es canadiense. Quizás todo se trata de eso: Un caso absurdo en Canadá.
¿Quién o qué decide o responde a esa pregunta hoy? El caso reciente de Brigitte Stegemann ilustra esta encrucijada. A sus 83 años, nacida en Alemania y residente en Ontario (Canadá) viviendo hace dos años en una residencia de cuidados prolongados debido a un cáncer gástrico avanzado, Stegemann murió el pasado 10 de julio mediante MAiD (Medical Assistance in Dying-Asistencia Médica para la muerte), el sistema canadiense de asistencia médica para morir. MAiD un acrónimo que guarda el sarcasmo irónico, (¿involuntario?) de ser la palabra maid (doncella, criada): el arquetipo del cuidado y la asistencia doméstica transmutado ahora en agente que termina por matar. Una especie de casting de términos distópicos. Pero este absurdo en Canadá generó un revuelo internacional y a tal punto que lo que rodeó su deceso, está actualmente bajo investigación policial y legal, y abre un debate bioético y jurídico con infinidad de aristas. Veamos algunas:
PUBLICIDAD DE LA EUTANASIA
El programa MAID es publicitado de una manera atractiva, bella, hasta glamorosa en spots en medios y redes. Una tienda de ropa creó el video “All is Beauty”, donde utilizó el suicidio asistido como estrategia de branding e imagen corporativa bajo el lema del "derecho a elegir una salida hermosa". Pero, a pesar de la intensa propaganda, según el relato de su familia, Stegemann había rechazado inicialmente la posibilidad de recurrir a MAiD.
CAPACIDAD DE CONSENTIMIENTO
En junio de este año, su nieta y custodia legal, cometió un “error”, salió de viaje por 10 días. La clínica aprovechó esto para reactivar el proceso y rápidamente la evaluaron como apta de consentir la decisión. Su nieta cuestiona severamente ese dictamen: señala que Brigitte presentaba dificultades cognitivas, importantes problemas de audición y que el inglés no era su lengua materna. Cuando Brigitte comprendió que la fecha estaba fijada y lo que representaba, habría expresado angustia, arrepentimiento y repetido que había cometido un error, antes de que el procedimiento se llevar a cabo. El propio sistema canadiense exige capacidad, voluntariedad y un consentimiento informado que debe poder ratificarse inmediatamente antes de recibir la medicación. Pero aquí surge el nudo gordiano: ¿qué valor tiene una manifestación anterior si la persona, al momento de la intervención, ya no puede expresar claramente su voluntad o ha cambiado de parecer?
CUANDO EL BIEN ES LA VIDA
Durante largo tiempo, las discusiones sobre la capacidad en términos legales estuvieron centradas en lo patrimonial. En Argentina, tanto en la práctica médica como en los tribunales, al amparo del Código Civil y Comercial y de la jurisprudencia de la Corte Suprema, discutimos si una persona puede administrar sus bienes, celebrar contratos o disponer de su patrimonio, pero hemos abandonado el viejo modelo de incapacidad general para ir hacia sistemas de apoyos e incapacidades limitadas y caso a caso, que preserven la autonomía.
El salto cualitativo es radical cuando la decisión deja de ser sobre los bienes y pasa a ser sobre la propia vida. Restringir un patrimonio afecta derechos económicos; determinar que alguien puede acceder a una muerte asistida tiene una consecuencia obviamente irreversible. Y aquí se cruza el concepto de capacidad con el de consentimiento, que no son sinónimos. En un tratamiento médico convencional, el paciente puede retirar su acuerdo y la intervención se detiene. En el final asistido, el margen desaparece. Por ello, el consentimiento final no es un mero formalismo burocrático: es la garantía de que esa voluntad sigue perteneciendo al sujeto en el instante mismo en que se ejecuta.
IDENTIDAD Y VULNERABILIDAD
Otro tema que este caso marca es el de la identidad. Existe una pregunta existencial que plantea Ramana Maharshi y es qué/quién es el que piensa, más aún que está detrás de ese quién. En el caso de una persona que experimenta un deterioro cognitivo, el dilema es más concreto: ¿quién es exactamente el sujeto que decide? Es decir, a los fines documentales y existenciales, Brigitte era la misma mujer que había rechazado el procedimiento, la que luego lo aceptó y, presuntamente, la que manifestó arrepentimiento días antes. Pero la identidad humana está ligada a una diversidad de aspectos, como una continuidad psicológica la memoria, valores y la conciencia de sí. Cuando esa trama se debilita, es la identidad que lo hace. Al mismo tiempo la población mayor se incrementa demográficamente. Eso lleva a más enfermedades crónicas y necesidad de cuidados prolongados. En este contexto, también pueden entenderse algunas políticas destinadas a afrontar ese dilema, entre otros económicos. Al mismo tiempo los planteos bioéticos son especiales a esa población, por ejemplo, la autonomía suele verse condicionada por la soledad, el aislamiento, la institucionalización o el temor de convertirse en una carga para los demás. Proteger al vulnerable es tomar en cuenta las condiciones reales en las que se toma una decisión y las circunstancias que la rodean.
De Camus a nuestros días, las preguntas fundamentales se complejizan. Una sociedad que reconoce legalmente el derecho a decidir sobre la propia muerte está obligada a precisar quién decide, con qué rigor clínico, bajo qué salvaguardas y hasta qué punto esa voluntad sigue siendo genuinamente propia.
El caso de Brigitte no debe ser visto como un ejemplo de algo extraordinario en un lugar y sociedad lejanas, sino un ejemplo de experimento social en curso, que señala múltiples aristas, que, bajo la simplificación de la estética, la belleza, o el bienestar como nos señalan desde Huxley a la infausta publicidad, buscan ser tapadas.
Quizás el desafío más complejo de nuestro tiempo no sea meramente definir cuánto tiempo deseamos vivir, como son algunos planteos obsesivos sobre la longevidad, sino determinar quiénes somos, si somos los mismos cuando algunas facultades empiezan a debilitarse. Y si somos entes aislados o parte de un todo que nos complementa.
Quizás sea volver al primer párrafo de Sísifo e intentar ver que elegimos responder al “absurdo” de la existencia. Camus lo cierra con la aceptación de la propia existencia, la aceptación que hoy son terapias que usamos en definitiva con notable éxito (ACT- Terapias de aceptación y compromiso) … si sabemos que en el fondo es el absurdo.
La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar un corazón de hombre.
Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.