Ventana magnética
Por Fernando Fagnani
Edhasa. 96 páginas
La enfermedad, con su corte de temores y amenazas, suele descolocar la vida hasta provocar reacciones insospechadas. En espíritus reflexivos su llegada invita a la introspección, pero también al redescubrimiento del mundo exterior, ese territorio conocido pero no siempre bien apreciado.
En ese vaivén se mueve Ventana magnética, el reciente libro de ensayos de Fernando Fagnani. Un diagnóstico oncológico adverso, más tarde superado, fue el inspirador de estas páginas que registran ese dato, sin convertirlo en preocupación obsesiva.
De camino a consultorios o tratamientos, el escritor observa la ciudad (Buenos Aires), exhuma la historia, preñada de resonancias familiares, de un preferido pasaje porteño, explica su gusto por los antiguos hoteles urbanos. Asomado de madrugada al balcón de su departamento porteño, escucha el regreso de los grillos a la gran urbe, y también se detiene en la vida de sus habitantes menos afortunados, los indigentes que escarban en los contenedores de basura.
“La condición del paciente es muy singular -señala-. Desesperadamente necesita confiar. Cualquier indicio en favor de la cura lo alienta; la verosimilitud no es un factor crucial. Mientras haya énfasis en lo que escucha y retóricamente el argumento parezca consistente, alcanza”.
Vuelto hacia el interior, Fagnani traza el variado historial de sus lecturas, las nuevas y las que lo formaron como lector, décadas atrás. Allí aparecen los rusos, Proust, los policiales con Simenon a la cabeza, el teatro de Valle Inclán, la poesía de Paul Celan y Wisława Szymborska.
Apunta también alguna divergencia con Susan Sontag y el clásico La enfermedad y sus metáforas, libro que en su momento lo deslumbró pero cuya relectura en medio de la crisis desnuda falencias no advertidas en un primer momento.

Fagnani esperaba que la célebre crítica estadounidense fuera su guía, un Virgilio “que velara por la aptitud de las raíces que llegan a la realidad, que no dejara que esa realidad me saboteara más de lo que ya me sabotea”. Pero no fue así. Agobiado por su necesidad de crearse enemigos imaginarios “pero relevantes”, Sontag sólo le producía “rencor y sentimiento de orfandad intelectual y emocional”.
Periodista, crítico y, sobre todo, editor de larga trayectoria en el ambiente literario argentino, Fagnani reserva hasta el final el dato más conmovedor de su historia. Es el testimonio elocuente de que, ante el mero anuncio de una enfermedad grave, el paciente no es el único herido. También los familiares cercanos suelen quedar a merced de la devastadora onda expansiva.