Como aperitivo de lo que promete ser una serie a pura garra, el primer test de los cuatro que componen la llamada Rugby's Greatest Rivalry ("La Gran Rivalidad del Rugby") entre los All Blacks y los Springboks no defraudó. Nueva Zelanda se quedó con la victoria 33-16 en el Ellis Park, bancándose la topadora del scrum sudafricano y mostrando una eficacia que los bicampeones del mundo no supieron cómo frenar. Fue el primer triunfo neozelandés en esa cancha desde 2022.
No fue una obra de arte, pero sí una victoria contundente que obliga a Sudáfrica a reaccionar en las próximas semanas. Sobre el final, los Springboks terminaron con dos jugadores en el sillón de los amonestados, algo llamativo tratándose del equipo número uno del ranking mundial. Se viene una autocrítica de novela en Sudáfrica, porque hace rato no se los veía tan errados con la pelota en la mano. El mérito, eso sí, es todo de los All Blacks, que supieron bancar el chaparrón inicial y no perdonaron ni una de las chances que tuvieron. Se cumplen 30 años desde que Sean Fitzpatrick llevó a Nueva Zelanda a su primera serie ganada en suelo sudafricano, y la nueva camada arrancó de la mejor manera para ir por la gesta.
Los neozelandeses se despacharon con cinco tries contra uno solo de los locales, y ya sobre el cierre del segundo tiempo hasta pedían scrums, señal inequívoca de que habían apagado por completo el arma principal de los sudafricanos. El antecedente entre ambos —el 43-10 a favor de los Boks en Wellington el año pasado— quedó como una cuenta saldada.
Del lado sudafricano, sorprende que Nueva Zelanda haya podido bancarse con los 15 jugadores en cancha un tramo de presión asfixiante de los locales al arranque del segundo tiempo. Pero lo que más debería preocupar a Rassie Erasmus y a su cuerpo técnico es la imprecisión de su equipo justo cuando pisaban los 22 metros rivales.
Antes del partido, toda la previa pasaba por la velocidad: Nueva Zelanda quería jugar rápido, Sudáfrica quería bajar un cambio. Pero de nada sirve elegir el ritmo si después no se puede sostener la pelota.
Tres de los cinco tries neozelandeses llegaron por punta derecha —quedó clarísimo que ir a buscar al medio scrum sudafricano, Grant Williams, fue una movida planeada de antemano—, pero la victoria se cimentó, sobre todo, en el aguante defensivo. El manejo de pelota de los Springboks fue flojísimo, aunque sus corredores de potencia, con el octavo Jasper Wiese a la cabeza, y un scrum demoledor, les dieron una plataforma durante los 40 minutos centrales que a cualquier otro rival le hubiera alcanzado y sobrado para liquidarlo. Que Nueva Zelanda haya aguantado ese tramo y después haya sido tan quirúrgico para bajar cada chance es un mérito enorme para el equipo de Dave Rennie.
El primer tiempo fue picado, con lesiones e indisciplina que tuvieron al árbitro Matt Carley con el silbato pegado a la boca todo el rato. Nueva Zelanda fue el primero en marcar: Will Jordan, que sigue en una racha goleadora impresionante, definió por punta derecha ante Williams. Cheslin Kolbe había puesto en ventaja a Sudáfrica 3-0 con un penal, y los Boks volvieron a pasar al frente cuando André Esterhuizen —que había entrado a los 10 minutos por la lesión de Kurt-Lee Arendse— pasó por arriba de Josh Moorby sin despeinarse para anotar. Moorby se cobró revancha con una definición quirúrgica, tras agarrar un pasador exquisito de Tupou Vaa'i en la segunda opción de jugada, para el segundo try neozelandés; pero otro penal de Kolbe volvió a poner en ventaja a los Boks a los 26 minutos.
A partir de ahí, Sudáfrica metió el pie en el acelerador, pero malgastó tres visitas a los 22 metros de los All Blacks. El más pifión fue Malcolm Marx, que perdió la pelota adelante justo antes de la línea, aunque también hay que sacarse el sombrero ante Jordie Barrett, que hizo un trabajazo para forzar ese error.

El complemento arrancó en la misma sintonía, y Kolbe estiró todavía más la ventaja sudafricana con otro penal, producto de una nueva paliza en el scrum. Pero en el reinicio del juego, al medio scrum sudafricano se lo taparon con lo justo —obra de Fabian Holland—, y el segunda línea neozelandés, nacido en Holanda, se encontró con el try más regalado del partido.
Sudáfrica respondió con otra tanda de scrums, pero otra vez la imprecisión dentro del campo rival los dejó pagando: el árbitro Carley terminó cobrando un penal de scrum a favor de los All Blacks, incluso estando cerca de su propia línea, lo que alivió al toque la presión. Esa jugada resumió bien el aguante que mostraron los neozelandeses, que poco después llegaron al try de Luke Jacobson desde cerca, tras una corrida filosa por el medio de Damian McKenzie que les ganó metros clave. Ruben Love convirtió para estirar la ventaja a 10 puntos.
Para entonces, los Springboks ya estaban desesperados, sin poder ganarse ni una del árbitro, y la humillación quedó completa cuando los ingresados Marco van Staden y Cobus Reinach fueron amonestados en fila, uno atrás del otro, por infracciones cerca de su propia línea. El segundo try de Jordan, otra vez por punta derecha, le puso el moño a una victoria más que merecida.