Suplemento Económico

“Es clave tomar medidas para poner a la industria en movimiento”

El sector sufre el aumento de los costos en dólares y el estrangulamiento del consumo interno. “Lo que hay que hacer es ver cómo Vaca Muerta llega a los conurbanos”, sostiene el economista Diego Coatz. Urge implementar políticas antidumping.

Hay nombres que se imponen por sí solos al momento de analizar al sector industrial. El de Diego Coatz, director de la consultora I+D (Industria y Desarrollo), es uno de ellos. El rubro conmemoró su día el miércoles 2 en un contexto poco propicio para las alegrías. El programa impulsado por el Gobierno le dio a la economía un sesgo exportador a partir de la explotación de los recursos naturales, en detrimento de un mercado interno que languidece, recorta consumo y pierde empleo.

Coatz, que durante dos décadas trabajó como economista en el seno de la Unión Industrial Argentina (UIA), acuñó una interesante metáfora: el Efecto Sandwich, donde la industria es el jamón del medio entre la suba de costos en dólares y la imposibilidad de trasladar esa presión a precios a raíz de la caída de las compras en el flanco doméstico.

Los desafíos para la industria se multiplican porque no sólo necesita que se recalibren algunas políticas, como el sistema tributario, sino que además le urge el diseño de una estrategia que la ayude a engarzarse en la cadena productiva de Vaca Muerta y la minería. Tal vez, asegura el experto, el campo ya nos haya dado una buena lección al respecto.

LA ACTUALIDAD

-¿Cuál es hoy la foto de la Industria en la Argentina?

-La situación es delicada, complicada. En el último año se perdieron 60.000 empleos. Se calcula que este año se perderían otros 60.000 o 65.000 de manera directa y unos 40.000 indirectos si continúa el cierre de empresas. Diría que la situación es delicada por varios aspectos. Obviamente hay heterogeneidad. Hay sectores que están en una situación mejor. Este es un momento de bajo nivel de consumo, atraso cambiario y presión tributaria pero hay sectores que igualmente pueden exportar o tienen cierto margen para transitar este proceso de mejor manera. Otros, en cambio, sufren el aumento de la mora y los problemas de caja. Es lo que llamo el Efecto Sandwich. La industria es el jamón del medio porque los costos suben fuerte en dólares, el tipo de cambio está apreciado y no se puede trasladar a precios porque la demanda es baja. Eso genera una situación delicada. Es clave tomar medidas para poner a la industria en movimiento. A la industria y a la economía real en general. Por ejemplo, a la Construcción y el comercio minorista, parte de los servicios.

-¿A futuro se tomarán medidas al respecto?

-El otro día comentaba esto que decía Deng Xiaoping: no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones. Creo que estos niveles de caída del empleo, aumento de la informalidad, que el sector tradicional industrial esté en problemas, genera menos recursos. Una economía cada vez más disociada obliga a tomar medidas para que se recupere el sector productivo y formal. La medida de usar Fondos de Garantía de Sustantibilidad para apalancar la compra de dólares para la Construcción, si bien es chiquita, va en la dirección correcta. Se tienen que coordinar siete u ocho medidas en ese sentido. El programa macroeconómico ya dio lo que podía dar en materia de estabilidad y orden, que era algo importante a lograr, pero que ya no tiene resultados en materia de crecimiento de la actividad y la inversión, el aumento de los salarios y los ingresos, y está generando problemas a nivel social. Hay que combinar ambas cosas.

-Cuando se pone el foco en la industria, se habla de los niveles de productividad. ¿Qué habría que modificar para incrementarla y ganar en competitividad?

-La industria es muy diversa y heterogénea. Argentina tiene un sector muy resiliente e importante. Tenemos un sector de alimentos sofisticado; equipamiento y maquinaria agrícola y metalmecánica; un sector farmacéutico y biotecnológico que exporta; tenemos tecnología nuclear; tecnología satelital; el sector automotriz; empresas de moda; química y plástica. Hoy el sector industrial es muy competitivo pero obviamente hay una doble agenda. La que tiene que ver de puertas adentro de la fábrica, vinculada a la productividad, invertir más y mejor, aplicar Inteligencia Artificial, invertir en tecnología. Obviamente con un mercado caído y los problemas de financiamiento, hoy gran parte de la inversión en la industria y la construcción está caída. Se tiene que apuntalar la macro y hacer políticas micro en términos de cómo aplicar IA, cómo hacer políticas de sustentabilidad y economía circular. Obviamente, incrementar la productividad. Después está todo lo que se ubica afuera de la fábrica: el costo argentino, que es el sistema tributario, la tasa de interés, la complicación para manejar recursos humanos, la litigiosidad en el marco laboral, la logística… Se necesita en esto una política de Estado para mejorar la competitividad cuando los productos salen de la fábrica. Todo eso genera precios más altos por el sobrecosto argentino. Es una doble agenda. En general el sector industrial he hecho muchos esfuerzos para mejorar su productividad y tiene capacidad de competir en la medida que la macro funcione y se aborden los temas de competitividad. No obstante lo cual este es un mundo que está haciendo muchas políticas para contrarrestar a China, a Estados Unidos. Hay un nivel de incentivos a las grandes corporaciones industriales. Según la OCDE ese nivel está situado en los u$s 110.000 millones en el 2025. Eso está distorsionando el comercio. Hay que entender que las negras también juegan. Si uno no opera contra los problemas que tienen que ver con el contrabando, el dumping y el desvío de comercio, también eso puede generar inconvenientes innecesarios en el corto plazo. Hay múltiples frentes. Lamentablemente no hay una sola medida a tomar. No es que se resuelve con el tipo de cambio o con bajar un impuesto. Acá se requieren cuestiones donde lo central es poner en marcha la actividad. Es muy difícil pensar los temas de productividad e invertir si la actividad y las ventas no acompañan.

LA GRAN CADENA

-En esta coyuntura, ¿el encadenamiento industrial detrás de Vaca Muerta, el campo o la minería es lo que más potencial tiene?

-Sí, pero eso es lo que tiene que ser dinámico, como nos enseñó el campo, que tracciona mucho sectores industriales. La minería y Vaca Muerta, el petróleo y el gas, tienen que generar un ecosistema de proveedores pymes, pero para eso se requiere políticas. Requiere de pensar esquemas de transferencia tecnológica, generar mecanismos como un súper RIGI para proveedores para que las mil empresas industriales y de servicios con valor agregado puedan crecer, generar empleo y multiplicarse. Hoy lo que estamos viendo de este boom en los recursos naturales no está llegando al ecosistema pyme como debiera llegar. Esa es una parte central de la agenda. Lo que hay que hacer es ver cómo Vaca Muerta llega los conurbanos, al Gran Rosario, al Gran Córdoba, donde están ubicadas esas empresas metalmecánicas hoy tan golpeadas por la coyuntura. No se puede mover la gente a Neuquén, donde ya el crecimiento es impresionante, sino que hay que generar las condiciones para que el desarrollo de los recursos naturales llegue a los grandes centros urbanos.

-Eso probablemente llegue algún día, pero acá el factor tiempo es clave para que ese entramado de pymes sobreviva hasta que derrame Vaca Muerta.

-Es un tema de transición y tiempo, y también de diseño. Porque también puede ocurrir que la explotación de recursos naturales quede como islas. Hay que pensar en los ejemplos de Canadá, Australia con su política para equipamiento minero, Finlandia, Suecia. Hay muchos ejemplos y hay que entender que cada uno tiene su propia lógica. Pero eso permite que los recursos naturales traccionen en ecosistemas. Hay servicios basados en el conocimiento, industrias, centros tecnológicos, desarrollos en universidades. Debe ser un ecosistema y no quedar en servicios de bajo valor agregado como el alquiler de autos o el servicio de catering. Hay que buscar una sofisticación del entramado productivo. Esa es la única forma de generar progreso, clase media, sustentabilidad e integración, y no caer en la trampa del resto de los países latinoamericanos que tienen un 70% de informalidad laboral. Tienen estabilidad sobre la base de la extracción de recursos naturales pero, además, una base informal muy grande y un ecosistema de formalidad y buenos ingresos muy pequeño. Tenemos que salir de la trampa de la informalidad latinoamericana. Los recursos naturales nos dan esa oportunidad, hay que saber aprovecharla. Hoy no hay una política productiva a tal efecto. Una pyme metalmecánica o de equipamiento y servicios compite contra el Estado chino o la política de exportación de los Estados Unidos. Claramente tenemos que pensar cómo acompañamos a estas empresas para que crezcan.

-Avanza la implementación del acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea. De allá vendrán bienes industriales. ¿Teme el impacto sobre el sector local?

-Si se corrigen las asimetrías de acá, si se ordena la macro, baja la tasa de interés y aparece el crédito, si se logran bajar los costos de la energía cuando madure Vaca Muerta, hay oportunidades de exportación. Pese a que Europa tiene medidas arancelarias con el tema descarbonización y a veces es difícil exportar allá por las reglas fitosanitarias, con ese continente hay muchas mejores condiciones para poder competir. No hay que perder de vista que ellos tienen una política agrícola común de más de 100.000 millones de euros que ayuda a toda las materias primas y le dan competitividad. En todos los países también juegan las negras. Con Europa las condiciones de base para competir son mejores que cuando uno piensa en China, India o el resto de Asia.

GONZALO BERNAT, ECONOMISTA DE LA UNIVERSIDAD AUSTRAL, ANALIZA AL SECTOR

“Es un escenario difícil”

Investigador y docente de la Facultad de Ciencias Empresriales de la Universidad Austral, el economista Gonzalo Bernat publicó un paper titulado Productividad laboral en un contexto de estancamiento económico: la experiencia de la industria argentina en los 2010. Con ese texto como base, el desafío es analizar el presente.

-Si tuviéramos que caracterizar históricamente a la industria argentina, ¿estaría signada por la volatilidad?

-La industria ha sufrido mucho la volatilidad histórica argentina. Sobre todo la que se profundizó a partir de fines de los ‘70. Es muy difícil para cualquier sector tomar decisiones de inversión e innovación en un contexto tan volátil. Por eso se han difundido las estrategias defensivas, que es la idea de tratar de invertir lo mínimo necesario porque tomar demasiados riesgos puede poner en riesgo la continuidad de las empresas. Eso naturalmente afecta la productividad.

-¿Qué le ocurre en este momento a la industria como sector?

-En este momento es bastante parecido a la década del ‘90. En el sentido de que tenemos una industria que hace tiempo que no compite con los productos importados porque la economía estaba prácticamente cerrada y había muchas barreras para los importados, y de repente se encuentra con un proceso de apertura bastante intenso. Y con un tipo de cambio relativamente bajo. Es un escenario bastante difícil. Sobre todo porque venimos de una década de pérdida de productividad. No estamos en el mejor escenario para afrontar la competencia, por eso diariamente aparecen noticias de distintos sectores que la están pasando mal.

-En la década del ‘90, a partir de la Convertibilidad, se dio un proceso de modernización tecnológica. ¿Cuál es la situación actual?

-No parece que ahora esté pasando. En los ‘90 el proceso de apertura y el tipo de cambio bajo generó una respuesta que fue la modernización. Muchas empresas invirtieron y dieron un salto en materia de productividad. Pero por ahora no parecería que esté ocurriendo lo mismo. Quizás este proceso es muy incipiente. Se advierte más la parte de pérdida de empleo.

-Cuando destaca la brecha de productividad con otros países como Estados Unidos o Brasil, ¿debería preocuparnos esa situación?

-Lo interesante de la brecha es el nivel, que indica qué tan lejos o cerca estamos de nuestros competidores. El problema es cuando esa brecha se va ampliando. Contra Estados Unidos significa que nos estamos rezagando con respecto a la economía más productiva del planeta. Brasil, en realidad, está abajo de la Argentina en materia de productividad pero ha ido acortando la distancia. Con lo cual ahí existe una preocupación porque la principal economía de América del Sur, el socio en el Mercosur, está acercando su productividad a la de Argentina. Además, ellos tienen ventajas como la escala, el acceso al crédito, se hace muy difícil competir para la industria argentina.

-En el plano interno se hace mención a la heterogeneidad. ¿Qué rubro domina el escenario actual?

-En productividad mandan los sectores con empresas más grandes. Puede ser algunas ramas de alimentos, siderurgia, petroquímica. En el sector pyme hay más déficit de productividad, como son los casos de Indumentaria, Calzado, Metalmecánica.

-¿El crecimiento de la industria debería estar asociado necesariamente a Vaca Muerta, la minería y el campo?

-Ahí hay mucha potencial para los proveedores, pero el resto de la industria genera también mucho empleo. Habría que buscar la forma de tratar de generar un crecimiento industrial lo más homogéneo posible. Sino vamos a tener un problema de empleo y eventualmente también de divisas, si perdemos mucha producción local y la sustituimos por importaciones.

-A veces se afirma que el país no puede fabricar todo, que hay que repensar la estrategia industrial. ¿Concuerda con esa idea?

-Creo que no es necesario fabricar todo, pero cuando uno tiene ciertas capacidades en los sectores tampoco está bueno regalarlas y que se pierdan. Después no se pueden recuperar. Habría que reorientarlas para que no se destruyan. Si dejamos que el ajuste lo haga el mercado, y que decida qué actividades sí y qué actividades no, por ahí sufrimos una pérdida de capacidades que no son inútiles y que se podrían aprovechar de forma más eficiente.

G.G.