La campana de la Iglesia del pueblo dejó de sonar como lo había hecho desde que muchos de los habitantes de la comunidad tenían memoria. Y esto, en vez de provocar angustia, dibujaba sonrisas en quienes ya se habían resignado a ver morir a sus hijos, sobrinos o nietos.
El cambio llegó de la mano de una pediatra brasileña, la doctora Zilda Arns Neumman, quien al fundar a comienzos de la década del 80 la Pastoral del Niño logró disminuir la cantidad de muertes de bebés y niños que se producían en las zonas más pobres de su país por causas evitables. Ella, junto a un equipo cada vez más numeroso de voluntarios, bregó por la educación de embarazadas y madres en temas de salud, nutrición, ciudadanía y fe, lo cual hizo posible que las campanas que antes repicaban para anunciar la muerte de cada pequeño, se fueran escuchando cada vez menos.
Por su trabajo, Arns Neumman fue candidata al Premio Nobel de la Paz en dos oportunidades y, si bien su vida se apagó durante el terremoto registrado en Haití en enero último cuando visitaba ese relegado país para hacerle llegar el programa de la Pastoral del Niño, su vasto legado sigue marcando la diferencia en aquellos países a los que llegó la organización, hoy de carácter internacional.
En la Argentina, la labor de la pediatra brasileña dio lugar a la creación de la Red para el Desarrollo Integral del Niño y la Familia (Redinfa), que surgió en 2003 luego de una reunión entre miembros de la Redes Solidarias de Profesionales del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina, representantes de la Pastoral del Niño y Unicef.
Durante los últimos siete años, Redinfa ha utilizado la metodología de trabajo elaborada por Arns Neumman con el objetivo de disminuir las altas tasas de mortalidad y desnutrición que se registran en las zonas con mayores índices de pobreza del país, en especial, el Nordeste (NEA) y Noroeste argentinos (NOA).
"La doctora Arns Neumman advirtió que hay enfermedades que son de muy fácil prevención mediante la capacitación de las mamás. En concreto, identifica tres áreas de la salud en las que se dan muertes que podrían prevenirse con acciones muy básicas: las afecciones respiratorias, los problemas de deshidratación y la desnutrición", explicó en una entrevista con La Prensa el coordinador general de Redinfa, David Forte, para luego agregar: "Ella comprueba que actuando sobre estos tres núcleos, con nociones y acciones muy básicas, podía revertir la desnutrición y la mortalidad. De hecho, logra que ambos factores disminuyan hasta un 60% en las zonas donde se implementó el programa de capacitación de la Pastoral del Niño".
UNA SEMANA, UN AÑO
Según señaló Forte, el 41% del total de las muertes de niños se producen en la primera semana de vida, mientras el 23% muere durante el primer año. De ahí la necesidad de brindar una preparación tanto a las embarazadas antes del parto -para que cuenten con los conocimientos fundamentales de cuidado de la salud del bebé- como a las madres de niños que transitan la primera infancia.
Una serie de factores vinculados con el contexto de la pobreza hacen que esa preparación o educación, que permite ofrecerle a los niños una mejor crianza, no siempre esté disponible. En pos de revertir esta realidad, Redinfa cuenta con un equipo de 450 voluntarios, en su mayoría mujeres, encargadas de capacitar a embarazadas y madres de chicos menores de seis años en cuestiones sanitarias, de derechos y fe.
"Las madres, que en general son muy jovencitas, necesitan un acompañamiento y eso es precisamente lo que hace el voluntario de Redinfa", destacó Forte, al tiempo que evaluó: "Entre otras cuestiones, advertimos que hay una ruptura en el traspaso del conocimiento entre generaciones; por algún motivo, las nociones que se transmiten habitualmente de madre a hija, se pierden. Y entonces se desconoce la importancia de lavarse las manos antes de comer, que darle las vacunas al niño es un derecho, que es una necesidad que el niño juegue, que se puede enriquecer la comida con elementos que tiene a mano...".
En la actualidad, casi 5.000 niños están siendo acompañados en su crecimiento por los 450 voluntarios de Redinfa, que hoy abarca 12 diócesis. "Formamos grupos de capacitadores en cada diócesis, utilizando un manual con el que trabajamos. Las voluntarias, que después llamamos líderes comunitarias, reciben una capacitación de aproximadamente 70 horas", precisó el coordinador general de Redinfa.
"En el manual se brinda información detallada sobre el embarazo, el parto y luego por etapas, desde que nace el niño hasta los seis años. Se describe no sólo lo que tiene que ver con la salud y la nutrición, sino también lo relacionado con los derechos de los niños de tener un DNI, de tener acceso a las vacunas, de jugar, de tener un nombre, de ser escuchado, de ser querido desde chico", prosiguió.
Las voluntarias, además de transmitirle a las mujeres en situación de vulnerabilidad nociones básicas de salud, ciudadanía y valores religiosos, fomentan un vínculo más fuerte entre madre e hijo.
APRENDER A VER
Algo que en principio podría parecer tan elemental como identificar los signos que dan cuenta de un posible peligro en el niño es otra instancia sobre la cual trabajan las líderes comunitarias. "Si la mamá es capaz de percibir en el niño las señales de riesgo, podrá llevar con más celeridad al chico al centro de salud. Esa capacidad de identificar los signos y actuar rápidamente es tan importante porque puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte", enfatizó Forte.
Desde Redinfa se busca trabajar sobre la prevención, mediante una metodología multiplicadora. "Se forman en las distintas regiones -indicó el coordinador de la organización- equipos de capacitación con profesionales idóneos, que van a capacitar a estas mamás de los barrios periféricos. Las mamás se capacitan con el manual y a medida que se van capacitando, empiezan a acompañar a otras mamás que están en peor situación".
Respecto al modo en que la labor de Redinfa es recibida por las mujeres de las comunidades, Forte aseguró: "Hay una avidez, una necesidad, un hambre de conocimiento... tenemos testimonios de mamás que dicen, por ejemplo, "Antes yo era como ciega, porque no sabía ver estas señales de riesgo". Ahora cuando se da cuenta de que ese niño tiene alguna dolencia (porque está transpirando, vomita, o porque se está poniendo pálido), rápidamente va al médico y esto le puede salvar la vida al chico".
Las visitas que realizan las líderes comunitarias a las madres y sus niños no sólo sirven para capacitar a estas mujeres sino que al acompañarlas y permitir que cuenten lo que ya aprendieron, ellas pueden ganar mayor autoestima, percibir las necesidades de los niños y ésto las hace sentirse bien. "La cuestión de visitar a las mamás es clave porque dignifica.
Además de irles transmitiendo conocimientos para mejorar la crianza de sus hijos, cada líder anota todos los detalles del niño o de la embarazada... se pesa a los chicos, no porque no lo hagan en el centro de salud sino para mostrarle a la mamá que gracias a lo que ella está haciendo -darle vacunas, una alimentación enriquecida, etcétera-, el niño va creciendo", argumentó.
Para concluir, el coordinador general de Redinfa recordó una frase de la Madre Teresa de Calcuta, que sintetiza muy bien el espíritu de esta organización dedicada a trabajar por el crecimiento de los niños en situación de pobreza: "En el mundo hay más hambre de amor y de dignidad que de pan".